Una enfermera confesó que mató a ocho jubilados porque "se lo dijo Dios"
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Elegía a sus víctimas porque se "portaban mal" y les inyectaba una dosis letal de insulina.El 5 de octubre de 2016, el detective Nathan Hergott interrogaba a la apacible enfermera Elizabeth Wettlaufer en un cuartito mínimo del departamento de Policía de Woodstock, Canadá. La mujer parecía tranquila ante el no menos sosegado investigador, quien estaba a punto de oír una aterradora confesión.Baja, regordeta, con anteojos, Wettlaufer comenzó a enumerar ante el inmutable agente canadiense los nombres de los ocho jubilados que había asesinado entre 2007 y 2014. Los crímenes habían ocurrido en distintos asilos de aquel barrio de Ontario.Un video de YouTube con las dos horas de su confesión muestra la espeluznante templanza de Elizabeth y fue difundido hoy por la radiotelevisión canadiense CBC. Habla despacio, casi susurrando. Hace movimientos suaves con las manos y cada tanto se pone de pie para caminar torpemente por la estrecha habitación, como intentando silenciar su atormentada mente.Allí, Wettlaufer dijo que creía que una fuerza superior quería que matara a estas personas. Y que ella escogió algunas de sus víctimas porque eran "malas", difíciles de cuidar y poco "amigables". Dicho esto, Wettlaufer le admitió al detective que entendía que estaba administrando lo que resultaría ser una dosis letal de insulina."Yo sabía la diferencia entre el bien y el mal, pero pensé que esto era algo que Dios, o el que fuera, quería que lo hiciera --le contó al oficial--. Pero yo estaba empezando en ese momento a dudar de que era Dios".En ese momento de su confesión, Elizabeth estaba hablando del asesinato de Helen Young, su sexta víctima conocida, a quien mató en julio de 2013. Young fue la primera persona que había asesinado desde 2011.La mujer reconoció que sentía "una urgencia" de asesinar y que tras matar a sus pacientes la invadía una incontenible "risa".Wettlaufer, de 49 años, fue detenida en octubre de 2016 tras confesar el asesinato de varios ancianos que estaban a su cuidado al personal de un hospital psiquiátrico de Toronto, donde también estuvo ingresada para ser tratada de depresión.El personal del hospital advirtió a la Policía de la confesión de la enfermera, quien fue detenida poco después.Las víctimas de Wettlaufer vivían en varias residencias de ancianos donde trabajaba la enfermera y tenía entre 75 y 96 años de edad.
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