Una entrerriana hablará con el Papa cuando visite el Cottolengo “Don Orione”
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Se llama Marta, tiene 78 años y es de María Grande. La institución es una de las más golpeadas por el ajuste de Milei en discapacidad
Marta está semiacostada sobre su silla de ruedas. Habla con la cabeza inclinada hacia arriba, apoyada sobre un almohadón. La luz que entra por el ventanal le da de lleno en la cara y alumbra uno de sus ojos, con el que ve “algunas sombras nada más”; el otro se lo tuvieron que extirpar. La arrimaron hasta la mesada que ocupa el centro del salón, donde sus compañeras amasan los bollos de las prepizzas que serán la cena de esa noche en el Cottolengo. Tiene 78 años. Cumplirá 79 el 12 de noviembre. Tres días antes, ella va a hablarle al Papa León XIV. Será la encargada de decir unas palabras en representación del resto de los internos del Pequeño Cottolengo Don Orione, durante unos minutos que van a ser televisados para todo el mundo. No está para nada nerviosa. Estuvo pensando el discurso, cuenta, con ayuda de su psicopedagoga:
—Solo quiero que otras mujeres como yo encuentren un camino de sanación. Con eso me alcanza. Que sepa que necesitamos ayuda. Y que él haga como Jesús, que caminó sobre las ciudades curando, sanando, escuchando… todo eso. No puedo expresar mucho con palabras, pero bueno, espero que me entiendan —dice. Y se ríe.
Ciega de nacimiento, Marta se crió en María Grande (a 60 kilómetros de Paraná). Desde muy chica tuvo también problemas para caminar. Recuerda que su hermano Rolando la llevaba en brazos al río. En aquellos años, su pueblo de origen no tenía muchos más habitantes que la comunidad donde ahora vive.
En el Don Orione, en Claypole, viven unas 400 personas con discapacidad y patologías severas. Hay además otras 100 que se atienden de día, de forma ambulante. Unos 370 trabajadores (enfermeras, psicólogas, terapeutas, kinesiólogos, médicos) entran y salen todos los días. El predio tiene alrededor de 50 hectáreas. “Acá todo queda a tres cuadras de distancia”, bromea Fernando Montero, director de la institución, mientras lo recorre junto al diario Página/12. Con la salvedad del encierro, el aislamiento y los padecimientos —físicos, emocionales, sociales— de quienes llegan a la institución como última instancia, el Cottolengo funciona casi como si fuera un pueblo chico de algún rincón perdido del país.
La visita del Papa —cuentan esperanzados— les servirá para revertir esa mirada externa que oscila entre la indiferencia y el estigma. “El hecho de que León venga al Don Orione es coherente con el mensaje que se quiere transmitir desde la Iglesia Católica en este momento. Tiene que ver con la encíclica “Magnífica Humanidad”, con la resistencia a la cultura del descarte. Sobre todo teniendo en cuenta que las personas con discapacidad son las primeras en ser excluidas, porque no pueden producir. Entonces la Iglesia va al rescate de la idea de que son personas que merecen dignidad. La encíclica habla de eso, que cualquier ser humano, por ser humano, tiene derecho a vivir dignamente. Y eso no está pasando”, dice Montero.
Más allá del mensaje religioso, la visita del Papa al Don Orione conlleva otro particularmente político, que tiene que ver con las condiciones en que el Cottolengo y las instituciones de apoyo están trabajando producto del ajuste del gobierno de Javier Milei, que se suma al destrato general —que la Iglesia describe como “cruel”— que baja desde el Estado hacia las personas con discapacidad.
“Evidentemente, hay una coincidencia”, explica Montero sobre el cruce entre ambos mensajes. El Área de Discapacidad de la Pastoral Social se expresó este domingo en el mismo sentido, y criticó además en duros términos los ajustes en el sector (incluidas las pensiones no contributivas) que el Gobierno incluyó en el Presupuesto 2027, que luego tuvo que rectificar, consignó el diario Página/12.
El Don Orione, remarca Montero, participó de todas y cada una de las marchas del colectivo por la Ley de Emergencia, que el Presidente vetó y luego incumplió. Aun aplicada a medias, la ley fue un salvoconducto para un sector, el de las prestaciones en discapacidad, cuya crisis —que ya venía de antes— se profundizó con el congelamiento del nomenclador durante todo 2024 y 2025. “Eso nos golpeó mucho”, dice Fernando y aclara que la llegada de León XIV también es una reivindicación “para todos los profesionales que trabajan con nosotros y para todo el colectivo”.
Fuente: AHORA
