Una flor para Carlos Mosto: “Ellos estaban de fiesta en el cielo”
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Por primera vez desde la guerra de Malvinas, Elsa Mosto pudo rezar en la tumba de su hermano; dejarle una flor, una cruz y besar ese suelo. Entró corriendo al Cementerio de Darwin y logró ese encuentro que espero por casi cuatro décadas. Mónica Farabello Fueron contadas las horas que pudieron estar los familiares de los soldados caídos en las Islas Malvinas, pero cada minuto fue disfrutado con tanta intensidad que quedará grabado para siempre en sus corazones.Viajaron en avión hasta las islas y luego fueron trasladados en colectivo hasta el Cementerio donde descansan los restos de los soldados que dieron su vida por la Patria.Desde Malvinas, Elsa se comunicó con ElDía y contó que "lo que vivimos fue muy emocionante; una mezcla de sentimientos encontrados. Llegué feliz porque quería tirarme arriba de la tumba de mi hermano y hacer lo que yo pensaba hacer. Quería caminar directamente hacia su cruz y encontrar su nombre: Carlos Gustavo Mosto". En medio de una inmensa emoción, reveló que "no hay palabras para describir este sentimiento y lo que se vivió en el Cementerio. Fue todo con mucha paz, mucha armonía y mucho compañerismo entre los familiares". Nota relacionada: Fueron reconocidos los restos del soldado Mosto, el ángel de los pozos Contó que "el señor Cardozo, que es quien hizo el Cementerio y se encargó de levantar los cuerpos de los chicos, me dijo unas palabras que no me voy a olvidar nunca: 'Cuando ustedes están en el Continente, estos chicos son míos, pero mientras ustedes están acá, ahora son de ustedes'. Fue algo muy fuerte y estas palabras van a quedar grabadas en mí, para siempre", aseguró Elsa que fue acompañada por una de sus hijas."Me bajé del micro corriendo y así fui hacia la tumba de Carlitos; después me acerqué a la cruz donde había rezado en el primer viaje. Era de un chico que se llamaba Evaristo Sánchez; me agaché, le recé y le puse una flor. No sé si viajó alguien de su familia pero todos estábamos ahí para rezarle a todos esos chicos", relató la hermana del soldado Carlos Mosto.También contó que al lado de la tumba del "ángel de los pozos", como le decían sus amigos, había dos lápidas que continuaban con la inscripción: "Un soldado argentino sólo conocido por Dios"."Vivimos el dolor pero trajimos mucha alegría y paz. En este viaje estaban identificados. Con los otros familiares nos reunimos el día anterior, nos conocimos, nos preguntamos quién fue tu hijo o tu hermano. Estábamos todos unidos. Creo que todos ellos estaban de fiesta en el cielo porque nos vieron llegar a todos juntos. Había muchas madres, padres, hermanos y sobrinos", contó Elsa Mosto a ElDíaAdemás dijo que el clima ayudó porque el cielo estaba celeste, había viento pero mucho menos a lo que es habitual en las Islas. "Hasta en eso nos ayudaron: A estar cómodos, sin sufrir frío durante esas poquitas horas", concluyó.
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