Una historia llena de sabor
Quienes disfrutan del sabor de un buen vino tienen en claro que se trata de una bebida alcohólica a base de uvas y que existen diferentes clasificaciones pero, ¿cuántos se han puesto a pensar cómo es que de una fruta se llega a obtener una de las bebidas más elegidas por los argentinos?Se calcula que en el país hay más de 200.000 hectáreas sembradas con distintos tipos de uva, lo que significa que la Argentina dedica 2 mil millones de metros cuadrados de sus tierras a la producción de vino. De esos parrales se extrae el fruto esencial para la realización del vino.Durante siglos la uva se recolectó a mano y racimo por racimo, pero en los últimos años la tecnología ha ido mutando las formas de trabajo y el vino no es la excepción. Por eso hoy, cuando entre parra y parra el espacio lo permite, pasan máquinas cosechadoras que ahorran tiempo pero que también eliminan mano de obra.La mañana es la hora elegida en cada viñedo, por ser el momento más fresco del día, para realizar la cosecha de la uva.Para poder entrar en el mundo del vino, primero se debería saber que es una bebida alcohólica resultante de una fermentación parcial o total del jugo de uva, llamado mosto.Entre los diferentes tipos, sin dudas, el tinto es el más tradicional y a diferencia del blanco y el rosado, en su preparación se lo somete al proceso de desapillado, que consiste en separar el grano del raspón o desechos. Allí se obtiene el mosto, para que no se transmitan sabores herbáceos y amargos que provienen de los tronquitos de los racimos y también para lograr el color indicado en el líquido.Cuando se consigue la coloración buscada se procede al descube, este proceso radica en llevar el líquido que ya fue separado de la materia sólida, a otro depósito en el que se le realiza la fermentación que le da al vino calidad y suavidad.Atravesado este momento, el vino recibe tratamientos de clarificación y estabilización. Finalmente se los selecciona por calidad y es embotellado inmediatamente si es que saldrá al mercado. De lo contrario, permanecerá en cubas de madera hasta completar los procesos de crianza según las características de cada tipo.Si bien después de este proceso ya están dadas las condiciones para el embotellado, los que son apartados para crianza se convertirán en vinos de mayor calidad. Durante este nuevo período adquirirán una serie de características particulares que son aportadas, fundamentalmente, por la madera de las cubas en las que reposarán.Antes de seleccionar los que irán a crianza, se los somete a una serie de degustaciones que permitirá prever qué tan bueno será el vino.La elección adecuada de las cubas y el tiempo que la bebida permanezca en ellas, son elementos básicos en el camino al éxito.La edad de los recipientes donde reposará el líquido también es importante. A menor uso de las cubas, más rápido se obtendrán los resultados.En la fabricación del vino, cada proceso tiene su particularidad. Antes verter el líquido en una cuba, se quema el interior con azufre para sanearla y que desaparezca el oxígeno. Después se lo introduce en forma lenta por medio de una caña que llega hasta el fondo del recipiente para evitar que se forme espuma. Una vez que se llena, se coloca un tapón de corcho recubierto de tela arpillera.Pero hay más, porque el ambiente en el que se las coloca también debe cumplir ciertos requisitos como por ejemplo estar a baja temperatura (13-15°C) y con una humedad aproximada del 75%.Pasados los seis meses que el vino permanece dentro, se procede al trasiego a otra cuba. Este proceso se repite la cantidad de veces que sea necesario hasta la obtención de la calidad deseada. Luego se produce el embotellado en el que los corchos deben estar exentos de olores y porosidades y tener, no menos, de 44 mm de diámetro. Viaje en carabelaSegún los historiadores, Cristóbal Colón se aseguró de traer vino en su segundo viaje a estas tierras, en 1493.En plena época de la conquista española, también comenzó el desarrollo de la vitivinicultura en América Latina, aunque recién en 1557 se introdujo en Santiago del Estero la primera cepa de Argentina traída por el sacerdote Juan Cidrón.Hacia 1750 se comenzó a fabricar el vino casero en la región de Cuyo, pero el traslado a lomo de mula hacia la costa del Atlántico y las fuertes restricciones del Cabildo de Buenos Aires para favorecer los vinos españoles, hicieron fracasar, momentáneamente, el emprendimiento.En el siglo XIX se produjo un fuerte desarrollo de la vitivinicultura en la Argentina. Con la llegada a Mendoza y San Juan del tren que provenía desde Buenos Aires, el traslado ya no era un inconveniente y a esto se le sumó el impulso del por entonces Presidente Domingo Faustino Sarmiento, al cultivo de la viña.A pesar de todo esto se puede encontrar la verdadera expansión del vino después de la Primera Guerra Mundial y más aún de la Segunda. En 1936 existían 150.000 hectáreas sembradas, sólo 50.000 menos que hoy.El año record para los viñedos fue 1977: más de 350.000 hectáreas dedicadas a la uva, aunque ese mismo año se marcó un quiebre dentro de la industria. Con el sistema productivo agotado muchos viñedos se fueron debilitando y muchos fueron abandonados.A partir de 1992 se inició una fuerte recuperación que continúa por estos días y que le ha dado a la vitivinicultura argentina un salto de calidad que ha llevado a los vinos argentinos a estar, por estos días, entre las primeras cinco potencias mundiales.
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