Una mera hoja de papel
En 1862 se publicó un compendio de conferencias dictadas por el célebre socialista alemán Ferdinand Lassalle, titulado "¿Qué es una Constitución?". Sus reflexiones -impregnadas de un realismo tan sagaz como elocuente- vienen a cuento para explicar la decadencia de nuestro sistema institucional.
Por Patricio Giusto*
OpiniónLassalle explica que "los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho, sino de poder". Y distingue entre dos tipos de Constitución: las "verdaderas", que residen en los "factores reales y efectivos que rigen en un determinado país"; y las "escritas", que según el autor "no tienen ningún valor ni son duraderas en tanto no sean expresión fiel de los factores de poder imperantes en la realidad social". Concluye que cuando lo escrito no se condice con la realidad, la Constitución no es más que una "mera hoja de papel".Siguiendo esta línea de pensamiento, puede decirse que en muchos sentidos nuestra Constitución Nacional se convirtió en una hoja de papel. Y quiero detenerme en el Artículo 1° de nuestra Carta Magna, que define los tres fundamentos de nuestro sistema político. Según lo estipulado en dicho artículo, "la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana y federal". Sin embargo, la realidad indica que los tres pilares atraviesan una profunda crisis.Con respecto a la forma representativa, la creciente "borocotización" y degradación de las prácticas políticas ha dañado seriamente la lógica de la representación. Es cada vez más común que los legisladores -a quienes el pueblo les delegó su soberanía para que representen el interés general- negocien sus votos, o directamente sus bancas, a cambio de dádivas. Lo mismo se observa en el nivel ejecutivo. Esto tiene como correlato la creciente apatía y desinterés de la ciudadanía por la participación política.Por otra parte, la Argentina está muy lejos de ser un país republicano, al menos en el sentido en que lo concebía Juan Bautista Alberdi, principal inspirador de nuestra Constitución. En primer lugar, en nuestro país no hay real división de poderes, ni publicidad y responsabilidad de los actos de gobierno. Tampoco está asegurado el respeto por las minorías, no hay defensa de los derechos humanos, ni existe igualdad ante la ley. Asimismo, los principios republicanos de soberanía del pueblo y alternancia en el poder, son constantemente bastardeados por la "borocotización" y otros artilugios más novedosos -pero no menos destructivos- como las candidaturas "testimoniales".Por último, con tan sólo mencionar que el gobierno central actualmente se queda con el 76% de los recursos coparticipables y solo gira el 24% restante a las provincias, alcanza para afirmar que la Argentina es un país definitivamente unitario. La decadencia de nuestro sistema federal comenzó hace varias décadas, pero se profundizó notablemente durante las gestiones kirchneristas. Esta mayor concentración de recursos en manos del poder central es una de las principales causas de la grave situación fiscal que en la actualidad atraviesan al menos 16 provincias, entre ellas Entre Ríos.En conclusión, puede decirse que los fundamentos contenidos en el Artículo 1° de nuestra Constitución Nacional han quedado reducidos a una mera hoja de papel, ya que hay un profundo divorcio entre lo enunciado y la realidad. No obstante, los principios constitucionales no han perdido ni perderán su valor y vigencia. Si bien hoy no son realidades tangibles, existen en potencia. Subsisten en forma de ideas, sueños y profundos anhelos que comparten millones de argentinos que quieren vivir en un país verdaderamente representativo, republicano y federal.* Lic. en Ciencias Políticas
Por Patricio Giusto*
OpiniónLassalle explica que "los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho, sino de poder". Y distingue entre dos tipos de Constitución: las "verdaderas", que residen en los "factores reales y efectivos que rigen en un determinado país"; y las "escritas", que según el autor "no tienen ningún valor ni son duraderas en tanto no sean expresión fiel de los factores de poder imperantes en la realidad social". Concluye que cuando lo escrito no se condice con la realidad, la Constitución no es más que una "mera hoja de papel".Siguiendo esta línea de pensamiento, puede decirse que en muchos sentidos nuestra Constitución Nacional se convirtió en una hoja de papel. Y quiero detenerme en el Artículo 1° de nuestra Carta Magna, que define los tres fundamentos de nuestro sistema político. Según lo estipulado en dicho artículo, "la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana y federal". Sin embargo, la realidad indica que los tres pilares atraviesan una profunda crisis.Con respecto a la forma representativa, la creciente "borocotización" y degradación de las prácticas políticas ha dañado seriamente la lógica de la representación. Es cada vez más común que los legisladores -a quienes el pueblo les delegó su soberanía para que representen el interés general- negocien sus votos, o directamente sus bancas, a cambio de dádivas. Lo mismo se observa en el nivel ejecutivo. Esto tiene como correlato la creciente apatía y desinterés de la ciudadanía por la participación política.Por otra parte, la Argentina está muy lejos de ser un país republicano, al menos en el sentido en que lo concebía Juan Bautista Alberdi, principal inspirador de nuestra Constitución. En primer lugar, en nuestro país no hay real división de poderes, ni publicidad y responsabilidad de los actos de gobierno. Tampoco está asegurado el respeto por las minorías, no hay defensa de los derechos humanos, ni existe igualdad ante la ley. Asimismo, los principios republicanos de soberanía del pueblo y alternancia en el poder, son constantemente bastardeados por la "borocotización" y otros artilugios más novedosos -pero no menos destructivos- como las candidaturas "testimoniales".Por último, con tan sólo mencionar que el gobierno central actualmente se queda con el 76% de los recursos coparticipables y solo gira el 24% restante a las provincias, alcanza para afirmar que la Argentina es un país definitivamente unitario. La decadencia de nuestro sistema federal comenzó hace varias décadas, pero se profundizó notablemente durante las gestiones kirchneristas. Esta mayor concentración de recursos en manos del poder central es una de las principales causas de la grave situación fiscal que en la actualidad atraviesan al menos 16 provincias, entre ellas Entre Ríos.En conclusión, puede decirse que los fundamentos contenidos en el Artículo 1° de nuestra Constitución Nacional han quedado reducidos a una mera hoja de papel, ya que hay un profundo divorcio entre lo enunciado y la realidad. No obstante, los principios constitucionales no han perdido ni perderán su valor y vigencia. Si bien hoy no son realidades tangibles, existen en potencia. Subsisten en forma de ideas, sueños y profundos anhelos que comparten millones de argentinos que quieren vivir en un país verdaderamente representativo, republicano y federal.* Lic. en Ciencias Políticas
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

