Una mirada sobre “Estaremos aquí (La fundación)”
Donde se intenta resaltar el valor que tiene como producción colectiva, más allá de las discusiones -triviales muchas veces- sobre una obra artística.Héctor Luis CastilloColaboración Hablar de cuestiones genéticas en relación a procesos culturales, si bien es algo que no resiste ningún análisis desde lo científico, forma parte de aquellas cosas con las que negociamos o jugamos a creer. Como los mitos o las supersticiones. Las cuestiones identitarias de los pueblos es algo que se va gestando día a día -como la historia- silenciosa pero inexorablemente. Tomándonos como actores, activos o pasivos, pero de ningún modo aislados de ese proceso al que denominamos cultura. La fundación mítica de Gualeguaychú, obsesión literaria que Darío Carrazza heredó de su admirado J. L. Borges, nos habla de esa herencia genética heredada de una compañía circense desterrada que sueña, ingenuamente, con cambiar de vida con solo proponérselo. Pero, con esta mirada, también podríamos tildar de ingenuos los ritos iniciáticos, por lo que no le atribuyo en ninguno de los dos casos un carácter peyorativo a dicha adjetivación. El relato mítico que propone Carrazza es, ante todo, tentador. Creer que nuestra villa se haya fundado sobre la base de los sueños de unos artistas desesperados, hace mucho menos cruel la realidad de la llegada de quienes ocultos tras una cruz y una espada, iniciaron hace quinientos años el camino del exterminio de una cultura y una raza. La propuesta, detrás de una aparente sencillez, es un entramado de metáforas con una riqueza intertextual que invita a una re lectura interpretativa.No es menor la elección de los actores, quienes, curiosamente, muchos de ellos no se atreven a llamarse a sí mismo actores. Pero lo son. Son actores en cuanto colaboran a la trascendencia y permanencia de rasgos culturales que les son tan caros como habitantes de ese territorio al que, con evidente emoción, corean su nombre al final del espectáculo. ¿O acaso alguien puede negar la validez de un pueblo que esté representándose a sí mismo a partir de representar su historia? Aunque esta sea tan ficticia como todas las historias.Todos los detalles de la obra están cuidados al extremo; la música, las voces, la escenografía, la puesta en escena. Un trabajo profesional. Y todo tiene un sabor casero. Como cuando nos reunimos en una fiesta familiar y lucimos nuestras mejores galas y colocamos nuestra mejor vajilla sólo para agasajarnos entre nosotros. Y contamos esas historias que nos son comunes en un lenguaje propio y personal. Y quien nos ve de afuera sabe que no estamos actuando, que somos genuinos. Que somos así.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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