Una política ex profeso de tolerancia religiosa
A mediados del siglo XIX Argentina recibió a grupos étnicos de todo tipo, ofreciéndoles un lugar para prosperar en libertad, dando un ejemplo de hospitalidad y de tolerancia, al respetar la identidad religiosa de los recién llegados.En el caso de los alemanes que se afincaron acá en 1878, venían con sueños de libertad. La Rusia que alguna vez los cobijó, se había vuelto intolerante con todos los grupos étnicos que no se ajustaran al biotipo ruso dominante.Aquí en estas pampas, en cambio, terminadas las guerras civiles, la Constitución liberal de 1853 promovió el ingreso de capitales y de recursos humanos extranjeros, con el propósito de modernizar al país.La élite gobernante de entonces fijó la política de atraer inmigrantes europeos, quienes eran vistos como una solución para poblar esta inmensa y desierta geografía.El propósito era además modificar sustancialmente la composición de la población, ya que los recién llegados debían transmitir sus valores al conjunto de los habitantes residentes.Como dice el sociólogo Gino Germani, la inmigración fue el resultado "de un esfuerzo consciente de parte de las élites que dirigieron la organización del país para sustituir su vieja estructura, heredada de la sociedad colonial, con una estructura social inspirada en los países más avanzados de Occidente".La Constitución de la Nación Argentina, sancionada en 1853, disponía de una amplia protección a los extranjeros. Ya desde su preámbulo declaraba que regía "para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino".Justo José de Urquiza, el vencedor de Caseros, fue mentor político de ese ordenamiento jurídico, convirtiéndose de hecho en el primer presidente constitucional. De aquí se explica que la sociedad entrerriana se convirtiera con el tiempo en un mosaico multiétnico, a partir de la llegada de grupos de inmigrantes diversos.Las aldeas alemanas que crecieron y prosperaron en Entre Ríos son un reflejo de esta política de apertura antropológica, que creía en la libertad y la diversidad cultural. Ideario alberdianoJuan Bautista Alberdi, quien fue ministro plenipotenciario de la Confederación Argentina, con sede en Paraná, fue el gran inspirador ideológico de la Constitución del '53.A pocos meses de la derrota de Rosas en Caseros publicó "Bases y puntos de partida para la Organización Política de la República Argentina". Para Alberdi, Argentina debía recibir, a través de los inmigrantes, "el espíritu vivificante de la civilización europea".Ellos introducirían hábitos de orden y de buena educación, hábitos de industria y de laboriosidad, y los transmitirían al conjunto de la población del país.Alberdi creía en lo que él designaba como "la educación de las cosas", que consistía en educar con el ejemplo y con la enseñanza de habilidades concretas, más que con la enseñanza humanística y formal.Para fomentar la inmigración, sostenía que la tolerancia religiosa era un elemento clave y se presentaba para la América española como un "dilema fatal: o católica exclusivamente y despoblada: o poblada y próspera, y tolerante en materia de religión".La Constitución de 1853, establece en su artículo 25: "El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuestos alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes".Otros artículos garantizan los derechos civiles de todos los habitantes de la Confederación (art.14), el derecho de propiedad (art.17), la seguridad jurídica (art.18).El artículo 20 establece que "Los extranjeros gozan en el territorio de la Confederación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias".En los sesenta años que corren entre 1870 y 1930, tuvo lugar la gesta de los inmigrantes, cuyo aporte cambió la matriz de la sociedad argentina. La expresión de que los argentinos "venimos de los barcos" finca en este experimento.Alejandro Poli Gonzálvo resalta cómo la Argentina del Centenario, la de 1910, era un destino que reunía a grupos humanos diversos: "De los intrincados vallines asturianos a las abruptas costas de Liguria, desde la disputada Galitzia polaco-ucraniana hasta la nación vasca, venían como peones rurales gallegos, campesinos siriolibaneses o landar-bejdere daneses, siguiendo la estela de pioneros escoceses, irlandeses y galeses, tras las huellas de colonos judíos, rusoalemanes del Volga y refugiados armenios, naturales de Calabria, los Países Bajos o los Pirineos franceses", relata. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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