¿Una vergüenza más y una libertad menos?
La Uader no se normaliza. Por el contrario, se estanca. O retrocede. Al revés de lo esperado, el año universitario ha comenzado en Entre Ríos con demasiadas complicaciones.Mario Alarcón MuñizSi el gobierno provincial no hubiese alterado el proceso de normalización de la Universidad Autónoma de Entre Ríos iniciado en noviembre pasado con las primeras elecciones de consejeros estudiantiles y administrativos, a esta altura habría consejo superior desde el 18 de abril y rector desde el 26 del mismo mes. Estaría normalizada la universidad y cursarían sus carreras sin alteraciones los 20.000 alumnos de la casa.Nada de eso sucede. El clima está cargado. En las cuatro facultades la mayoría de los cursos funciona, pero en cualquier momento se interrumpen debido al "estado de alerta y movilización" declarado por los estudiantes hace dos semanas. Además dista de parecerse al ambiente requerido para el buen dictado de las cátedras. Gobierno en silencioEl jueves 26 de abril al anochecer, una multitudinaria manifestación -jóvenes en alta proporción- se acercó a la Casa Gris de Paraná con la intención de entregar a las autoridades el pedido de reanudación del proceso normalizador. No los recibió nadie. O sí: los recibieron cuatro policías.Como les pareció estéril explicarles el concepto de autonomía universitaria, los estudiantes caminaron hasta el rectorado ocupándolo pacíficamente. Allí se encuentran aún, esperando alguna respuesta del gobierno.Lo más grave es, precisamente, el silencio oficial. El gobierno calla. Claro que tampoco atina a nada. Se ha quedado en la interrupción del proceso, como si allí concluyera la historia. No advierte que la dinámica del asunto genera situaciones complicadas, muchas de las cuales escapan a su dominio.El martes pasado por la noche un pelotón policial, sin exhibir orden judicial alguna, fracasó en el intento de desalojar del rectorado a los estudiantes. Al día siguiente la custodia de la Casa Gris cerró el paso a alumnos de Artes Visuales que intentaron realizar una representación mímica -es decir silenciosa- en un patio interno, cerca de donde deliberaba la comisión bicameral.Esta comisión se constituyó a fines de abril, conforme lo determina la ley 9250, de creación de la Uader. La integran seis legisladores, de los cuales cinco son oficialistas y uno opositor (equilibrio, se dice). Ha comenzado a actuar, en buena hora. Se espera que a favor de la pronta normalización. Un bello adornoDurante la semana apareció un nuevo escollo. Cabe recordar que el proceso normalizador, ratificado el 28 de febrero en asamblea pública del consejo superior provisorio, luego de la intervención del gobierno, fue obstruido por el recurso de amparo que interpusieron 7 docentes -sobre un total de 1.200- resuelto a favor por el juez Alejandro Grippo.A la apelación planteada por el consejo superior -excluido el rector Marino Schneeberger- respondió el miércoles la sala de Procedimientos Constitucionales del Superior Tribunal de Justicia, confirmando el amparo otorgado por el juez Grippo. Votaron a favor Carlos Chiara Díaz y Emilio Castrillón; se abstuvo Juan Ramón Smaldone. Esta decisión confirmó la interrupción de la normalización universitaria. Siguen las cosas como antes: dependiendo de la autoridad política. ¿La autonomía? Un bello adorno. El argumento central es el de la falta de titularidad de la mayoría del cuerpo docente. La ley nacional 24.521, de educación superior, exige el 70%.La Uader ha titularizado algo más del 25%. En círculos universitarios se asegura que "ninguna de las universidades alcanza el 70% de titularidad y las creadas en los últimos años se han normalizado con índices mucho menores, sin dificultades". Por otra parte, la misma ley obliga a normalizar la casa en cuatro años. La Uader lleva doce años, desde su creación, en situación irregular. Pero de esto ningún juez ni funcionario parece haberse enterado. La ley sirve cuando conviene. Ya desconfiaba nuestro padre, Martín Fierro: "Es la ley como la lluvia, / nunca puede ser pareja". Desalentador En estas condiciones el futuro de la Uader es incierto. En la semana levantó su voz Agmer, el mayor gremio docente, reclamando "la inmediata normalización institucional" y que "se aseguren los recursos presupuestarios para continuar el cronograma de concursos". Está claro: si no hay plata, no hay concursos; si no hay concursos, no hay normalización; entonces no hay plata y siga Pancho por la vía. Es desalentador hablar de estos asuntos a casi un siglo de la reforma universitaria que proclamó e impuso en la Argentina y en Sud América los principios de autonomía universitaria y cogobierno para garantizar la calidad académica sin injerencias del poder político, además de asegurar la libertad de cátedra.A partir de la reforma de 1918 la universidad dejó de ser "el refugio secular de los mediocres y la renta de los ignorantes", según lo declaró el Manifiesto Liminar. Afirmó el histórico documento que aquel paso trascendente representaba "una vergüenza menos y una libertad más". En 94 años debimos haber aprendido algo. No hagamos las cosas al revés. No demos vuelta la frase.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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