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Vacunas, vacunas, vacunas, vacunas, vacunas y vacunas

La campaña de vacunación, las gestiones por la compra de vacunas, era obvio que iban a quedar en el medio del barro de la campaña. El jueves, entre las tantas preguntas que contestó y dijo el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, en algo no le pifió: la campaña arrancó, por más que las elecciones se hayan postergado un mes. A todos les cabe ese sayo. Pero lo único que cuentan son las vacunas muchachos. No hay otra.

Por Jorge Barroetaveña

Desde los que dicen que el Presidente sólo piensa en la salud de la gente hasta los que visitan escuelas para reclamar por la presencialidad sin saber muy bien dónde están. Claro que era inevitable porque la campaña quedará en el medio de la pandemia que todavía está lejos de dar señales de debilitamiento. La encrucijada en la que están los que administran, o fueron elegidos para eso, es difícil de resolver. Equilibrar en medio del incendio el impacto económico se ha vuelto una utopía. Queda entonces concentrarse en conseguir vacunas de dónde sea y cómo sea, porque es lo único que puede dar tranquilidad en el corto plazo. Y fallar en este objetivo sí será imperdonable.

El país sobrepasó los 80.000 fallecidos. No somos concientes aún del drama que eso significa y las secuelas que dejará en la sociedad. Las imágenes de muertes en las terapias o de gente joven, como la muchacha de Santa Fe acostada en un pasillo, son lacerantes y angustian. Le ponen techo a la esperanza. Por eso es necesario vacunar, vacunar y vacunar y ese debería ser el objetivo principal de los que hoy tienen poder de decisión. Si a alguno le conviene electoralmente no importa, cada uno sabrá dónde pondrá sus intereses. Al cabo será la sociedad la que decida y qué tendrá en cuenta a la hora de votar.

Hoy el estado de angustia colectiva no tiene antecedentes en la historia argentina. Todos sabemos que el peligro de muerte está latente, pero aún así muchos siguen para adelante. Saben el riesgo que corren pero no pueden parar. La mujer miraba la cámara y el barbijo ocultaba sus lágrimas. Alquila un local en un shopping porteño y ya no sabe cómo pagarle a los empleados ni el alquiler. El drama claro, es pequeño al lado de la gente que se muere en las terapias o en sus casas porque no puede recibir atención. Pero es de ella y es lógico que sea el más importante. Esa postal se repite de a miles y no tiene solución. La única tal vez fue la vacuna en tiempo y forma, pero no pasó. Y hoy no vale la pena ponerse a repartir culpas y responsabilidades. Ya llegará ese momento. Cuando el barco se hunde hay que conseguir salvavidas y poner a la gente arriba de las canoas.

Aumentar 40% a empleados de las dos cámaras legislativas (¿y los legisladores?) y al mismo tiempo pagarles con ‘bonos’ o módicos aumentos en cuotas al personal de salud es insultante.

La impericia o lo que desembocó en la negociación fallida con Pfizer se sabrá algún día. Quizás es más sencillo de lo que aparenta y las alternativas no son muchas, dos en realidad. La imposibilidad de la multinacional de abastecer todos los pedidos y por extensión la dureza en sus condiciones para negociar o simplemente cuestiones ideológicas que puedan haber influido. La garantía de los glaciares o de cuestiones ‘indignas’ como dijo Ginés no luce muy creíble pero allá ellos. Es difícil justificar la ineficacia a la hora de conseguir vacunas y las promesas que se hicieron. ¿Con qué sentido?

La historia juzgará el rol de médicos, enfermeros y el sistema de salud en pleno. Cansados, angustiados, cobrando migajas, son la peor cara de la pandemia. Aumentar 40% a empleados de las dos cámaras legislativas (¿y los legisladores?) y al mismo tiempo pagarles con ‘bonos’ o módicos aumentos en cuotas al personal de salud es insultante. El divorcio entre lo que se dice y lo que se hace. Nunca más evidente. Por supuesto que eso no depende de Massa ni de Cristina pero hay implícito un mensaje. Lo saben bien.

El Presidente a esta altura hace oídos sordos, menos a las sugerencias del kirchnerismo que es hacia donde parece haber virado definitivamente su gobierno. En economía sobre todo, pese a las reticencias de Guzmán que, condicionado, trata de pilotear la nave del acuerdo con el FMI y el resto de los acreedores lo que mejor puede. O disimula.

Ni la política exterior ni la economía quedan a salvo de los condicionamientos internos de la coalición gobernante. El viraje de la política exterior hacia Venezuela es otro ejemplo. El voto contra Israel también dejó en orsai a la Cancillería y el Presidente tuvo que recibir a la DAIA para poner paños fríos. No son las mejores decisiones justo cuando la Argentina anda mendigando por el mundo que nos den una mano con la deuda o nos perdonen intereses. Pero así es la gestión de los Fernández. Caótica, sin rumbo claro y con muchos dobles mensajes. En una situación ciertamente normal, vaya y pase, pero la pandemia es muy buchona. Que ahora se concentren en vacunas, no queda otra. De donde vengan, sin cuestiones ideológicas ni pensando en los dólares que podrían ahorrarse. Cada minuto que pasa, cada vacuna que no se consigue o no se pone, es una muerte más. Eso sí que es imperdonable.

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