Verano: tiempo para aprender… de otra forma
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Casi al mismo tiempo que comienzan las vacaciones, las madres empiezan su cruzada "pro-repaso"; la idea de que los chicos pasen casi tres meses sin ir a la escuela genera preocupación y angustia por los eventuales olvidos y pérdida de los conocimientos adquiridos durante el año escolar. Florencia Carbone* Los expertos coinciden en señalar la importancia de que los niños tengan un tiempo de desconexión; claves para aprovechar esta etapa del año.Alguien dijo que las vacaciones de un estudiante deberían ser como las de un deportista: tiempo de relax no es lo mismo que tiempo de abandono. Pero cuando la teoría deja lugar a la realidad, las cosas cambian.¿Es necesario que los chicos repasen los saberes escolares en el verano? "Generalmente, esta pregunta surge en los padres cuando sus hijos lograron un bajo rendimiento escolar. Frases como "en vacaciones no tocó un libro", "no escribió ni su nombre" o "¡lo que nos espera el año próximo!" son comunes sin importar la edad de sus chicos. El repaso o la repetición ha sido una solución que se encontró, fundamentalmente, en el interior del sistema escolar y que los padres asumen con naturalidad por haber sido, en su momento, también activos repetidores a la hora de lograr que les queden ciertos saberes escolares", explica María del Carmen Mosquera.La licenciada en Psicopedagogía critica el método instaurado por el sistema escolar y habla de "el repaso como un mecanismo implementado con más regularidad de la debida para afrontar la complejidad de los factores intra y extraescolares que impiden una enseñanza efectiva en el medio escolar"."Repasar pareciera ser un problema externo a la escuela, dejando a los padres para que se hagan cargo de eso de acuerdo con sus posibilidades. Es así como se internaliza el punto de vista escolar y se aceptan las sentencias que, desde la escuela, califican al niño, por ejemplo, de inmaduro, reforzándose la idea de baja expectativa de los padres respecto del rendimiento de su hijo y produciéndose así efectos, en la autoestima, nada beneficiosos", acota.Desde España, Santiago Moll Vaquer, docente en el Instituto de Secundaria Badalona VII, en Barcelona, y autor del blog educativo "Justifica tu respuesta" (que ofrece recursos gratuitos para docentes y estudiantes), defiende la idea de un tiempo para la desconexión y el descanso que permita a los estudiantes retomar con ganas la vuelta a las clases."Se puede aprender, pero no desde el castigo. Hay que hacer ver a los chicos que en el verano hay tiempo suficiente para la diversión y también para la consolidación de determinados aprendizajes. Pero hay que enfocar las tareas de verano como una oportunidad y no como un castigo", sostiene. Un repaso pero distinto¿Y qué pasa cuando la propia familia -por lo general, la madre- insiste en la necesidad de "repasar" durante el verano? "Siempre pensé que el papel de las familias es fundamental durante el período vacacional. Se puede aprender de muchas maneras, no hace falta hacerlo en casa de la forma tradicional. Con la familia, se puede aprovechar para compartir experiencias enriquecedoras desde un punto de vista cultural y, por supuesto, educativo", dice Moll Vaquer a Convivimos.A diferencia de lo que ocurre en la Argentina, en varios países de Europa -España entre ellos-, existen "cuadernillos" para las vacaciones. Se trata de libros que contienen tareas específicas para cada materia y que los alumnos deben entregar completos cuando vuelven a clases. De modo simplificado: tarea para el verano.Cuando se le pregunta sobre la efectividad de los mismos, Moll Vaquer aclara: "Tengo mis dudas sobre la efectividad de los cuadernillos para vacaciones. Las editoriales los elaboran y los docentes los recomiendan porque así no tienen la necesidad de elaborar un material propio. Para las familias también es muy cómodo. Su principal problema es que no responden a las necesidades individuales de cada alumno".Marita Cánepa, docente bonaerense de Ciencias Sociales, se suma a la idea de que, ante todo, el verano debe ser un período de descanso. "Para el desarrollo integral de los chicos, es necesario un tiempo de vacaciones -juego y descanso-. La gran actividad será descubrir, captar y expresar. Es una época del año que favorece el movimiento, el contacto con la naturaleza, vivir experiencias nuevas y practicar todo lo que no se puede hacer durante el año escolar", dice.De inmediato enumera actividades en las que se sigue desarrollando el aprendizaje desde otro lugar: campamentos, colonias, excursiones, visitas a museos, parques, cine. "La clave pasa por, al final del día, sintetizar lo importante. Se puede hacer por medio de un diario y esa es una vía para ejercitar la redacción, la capacidad de comunicar y afianzar conocimientos".Sin embargo, admite que, en aquellos casos en los que se necesite reforzar las aptitudes escolares -y siempre teniendo en cuenta las necesidades de cada niño-, se deberían buscar momentos durante el verano para hacer tareas puntuales destinadas a suplir esas carencias de aprendizaje. "Es cierto que a medida que las exigencias académicas aumentan y los objetivos no han sido alcanzados durante el curso escolar, parte del verano debe ser destinado al estudio".Mosquera, por su parte, alerta que enfrentar a los chicos a actividades carentes de sistematización y tediosas no sólo los aleja del saber en cuestión y los desmotiva echando por tierra su curiosidad natural y capacidad de formularse preguntas acerca de ciertas cuestiones o fenómenos, sino que impide que desplieguen procesos psicológicos intervinientes para resolver problemas y construir nuevos conocimientos a partir de saberes previos."Leer un texto es algo que siempre exige más. No es pasar y volver a pasar por el mismo lugar, es aprender cómo se dan las relaciones entre palabras, entre las frases y entre los diferentes discursos. Es una tarea de un sujeto pensante y crítico que se modifica con lo que lee. Es una tarea difícil que produce placer cuando quien lee se adentra en lo profundo de un texto. Dicho camino se construye, es un proceso y no repetitivo", explica la licenciada en Psicopedagogía.Moll Vaquer confiesa que le gusta repetir que el verano no es una época para aprender, sino para olvidar, y destaca a la lectura "por y para el placer" como una de las claves para aprovechar ese tiempo.Difícilmente alguien "se olvide de todo" después de las vacaciones. Las famosas pruebas de diagnóstico ayudan a que el docente sepa dónde está parado y qué hace falta reforzar.Con el enfoque y los programas correctos, un chico puede aprovechar el verano para fijar conocimientos y adquirir nuevas destrezas sin ser sometido a la tortura del "repaso tradicional".Todo vale: desde una simple salida al supermercado auxiliando a sus padres con las promociones y los descuentos que pondrán a prueba su manejo de porcentajes y cálculos mentales, hasta una excursión a algún museo en el que el objetivo sea el disfrute en sí mismo sin tener que preparar trabajo práctico alguno, o la visita a una librería en la que, por placer, elija una obra. Es solo cuestión de cambiar el enfoque y compartir tiempo con ellos. Lo que deben (y no) hacer los padres¿Qué cosas deberían hacer los padres y cuáles no frente al tema? "Les recomendaría que su participación activa sea la de revisar las interacciones con sus hijos y que favorezcan un repertorio de oportunidades y experiencias en las que estos se desempeñen desarrollando aptitudes nuevas y conocidas, canalicen su curiosidad, encuentren placer de informarse y de poner en juego su imaginación, creatividad y un pensamiento crítico. Lo que da sentido a los conceptos o teorías es lo que ellas permiten resolver. Es la resistencia de la situación -el conflicto- lo que obliga al sujeto a acomodarse y a percibir el límite de su conocimiento anterior para construir nuevas herramientas y esto es lo que debiera tenerse en cuenta a la hora de crear situaciones para que el aprendizaje se continúe produciendo más allá de la escuela", aconseja la licenciada en Psicopedagogía María del Carmen Mosquera. (*) Publicada en Revista Convivimos.
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