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Viajera en las rutas argentinas: "Siempre es mucho más difícil imaginárselo que vivirlo"

Maximiliana Benedetti tiene 31 años y hace más de diez que se dedica a viajar. Entre salida y salida apuesta a otra de sus pasiones, la pastelería. "Existen prejuicios propios y prejuicios externos que son muy entendibles, vivimos en una sociedad que nos empuja a tener miedo", expresó.

“No hay un tiempo para viajar, porque no hay tiempos determinados para las cosas. Socialmente estamos muy estructurados en que hay tiempos para armar tu casa, tu familia o ir a la universidad. Esos tiempos no existen, o no existen de la manera ordenada que nos hicieron creer”, dice Maximiliana Benedetti.

A los 31 años, la joven de Gualeguaychú acumula más de una década de decenas de viajes y miles de experiencias. Reconoce que antes de animarse a dar ese primer paso, que la llevó hasta Río de Janeiro en plena fiebre mundialista, “llevaba una vida promedio, laburaba, tenía mi auto e iba de la casa al trabajo”.

“En ese momento trabajaba en un restaurant de la costanera, era jefa de cocina, cuando conocí a un chico que había llegado de Neuquén y empezaba a trabajar de mozo. Entablé charla enseguida y empezamos a hablar sobre la vida, sobre mi idea de libertad y esas cuestiones, lo que me movió todo por dentro. Al tiempito renuncié al laburo, vendí el auto y me fui a viajar con él”, relata.

“En el camino a Brasil estuvimos un par de meses viviendo en Misiones -continúa- con otros viajeros, para mí toda una experiencia nueva esto de viajar a dedo, vivir en carpa y todo ese tipo de cosas inexistentes en mi vida hasta entonces”, reconoce Maximiliana en diálogo con ElDía.

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Maximiliana y su bicicleta en medio de uno de los viajes
Maximiliana y su bicicleta en medio de uno de los viajes

Quienes se hayan animado a la aventura de viajar, carca o lejos, no importa tanto a veces, coinciden en que los viajes aportan empatía, compañerismo y ese encuentro con realidades totalmente distintas que enriquecen el camino. Pero ¿cómo se hace para costear económicamente tales experiencias? En el caso de Maximiliana, cada proyecto es solventado por su propio trabajo. Es que cando está en la ciudad dedica su tiempo a producir para “Dulces delicias Gualeguaychú”, su propio emprendimiento pastelero.

Las limitaciones económicas no fueron un problema para esta viajera del sur entrerriano. Los prejuicios de siempre, tampoco. “Empezar a viajar sola fue empezar a romper con todos los estereotipos y miedos que tenía en la cabeza. No sólo lo que significaba salir sola siendo mujer, también las rivalidades con otras nacionalidades, con los chilenos, por ejemplo. Cuando viví la experiencia conocí que nada que ver, todas esas cosas que nos vienen inculcando no tienen un fundamento real”, asegura.

"Empezar a viajar sola fue empezar a romper con todos los estereotipos y miedos que tenía en la cabeza. No sólo lo que significaba salir sola siendo mujer, también las rivalidades con otras nacionalidades"

“Es mucho más difícil imaginárselo que vivirlo. Existen prejuicios propios y prejuicios externos que son muy entendibles, vivimos en una sociedad que nos empuja a tener miedo. Pero, en realidad, es mucho más factible que te pase algo bueno a que te pase algo malo en la ruta. Y lo cierto es que a las mujeres nos pasan cosas malas entrando a nuestras propias casas, entonces es preferible que nos pase lo que tenga que pasar haciendo lo que nos gusta. Esto no quiere decir que tengamos que tener cuidados, por supuesto”, aclara.

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Dos anécdotas ilustran su experiencia. A Cerrito (Entre Ríos) llegó en medio de una tormenta y la comisión directiva de los Bomberos Voluntarios del lugar le regalaron una noche de hotel. ¡Increíble, pero real!

“También, cuando teníamos que pasar a Ushuaia, en otro viaje, había mucho viento, entonces la balsa no pasaba. Obviamente, la carpa no la podía armar tampoco, por lo que pasé la noche arriba del camión en que viajaba. Son situaciones que, de ante mano, pueden generar cierto miedo, pero, en mi experiencia, fue genial, me trataron muy bien, gente super respetuosa”, cuenta. Y deja un mensaje para todas aquellas personas que todavía no se animan a dar el paso: “yo les digo que viajen siempre, como sea, como quieran, como puedan, pero que viajen. Para lo seguro siempre hay tiempo. Si hoy tenés la posibilidad de viajar, hacelo, ni lo pienses. Toda la experiencia, las vivencias, las personas que conocés viajando te abren la cabeza, es muy enriquecedor y te llena de vida”.

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