VIVIR SOBRE CUATRO RUEDAS
Viajeros varados en Gualeguaychú: “La solidaridad de la gente es lo más lindo que nos pasa en la ruta”
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Eliana (32) y Matías (37) son pareja y junto a África, su perrita, recorren el país hace poco menos de cuatro años, aunque debieron hacer una pausa obligada por la pandemia. Tenían pensado dejar la ciudad la semana que viene, pero la Trafic modelo 87 en la que viven se rompió. “El universo está sediento de soñadores, lo más difícil es dar el primer paso, pero una vez que saliste todo empieza a alinearse”, dicen.
Luciano Peralta
La publicación en uno de los grupos de compra y venta en Facebook anuncia el arribo del trio. Matías, Eliana y África están en Gualeguaychú y, a través de la red social invitan a conocer el arte del tatuaje, del cual viven hace poco más de un año.
“Hacemos tatuajes a domicilio”, anuncian, dan a conocer la cuenta de Instagram y dejan un número de celular como contacto. Pero todo se pone en pausa cuando la camioneta empieza a fallar y escuchan, de la boca del primer mecánico con el que dan, las palabras indeseadas: “hay que meter mano en el motor, ahí está la falla”.
Es jueves y el sol del mediodía preludia un hermoso fin de semana turístico. El trío está dentro de su camioneta-casa, en la esquina de Maipú y Andrade, bajo uno de los fresnos que convidan sombra en la cuadra. “De acá no nos vamos a mover, por ahora, porque la chata se rompió”, dicen, pero sin lamentos, con buen semblante.
Eliana es docente y Matías artista visual. Hace cuatro años atrás vivían en Junín de los Andes, en Neuquén, donde hacían una vida “bastante convencional”. Y si bien la idea de salir de viaje cada vez cobraba más fuerza, la muerte de un amigo de él, en 2018, lo precipitó todo.
“En ese momento me dijo: mirá negrita, la vida es una sola y se nos termina, así que a fin de año yo me voy, contigo o sintigo”, dice ella y se sonríe por la licencia gramatical.
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Fue en La Pampa, donde vive su familia, que dieron, meses después, con una Renault Trafic modelo 87. La trocaron “pelo a pelo” por el Suzuki Fun que tenían, “acondicionamos mínimamente la camioneta para poder salir y arrancamos, salimos con un colchón en el piso, imagínate”. Es que “si nos poníamos a hacer todo lo que necesitaba no empezábamos más, la ansiedad era muchísima”, cuenta Eli, sentada sobre ese mismo colchón, pero que ahora se apoya sobre una cama construida por Matías que, inclusive, se transforma en asiento si la ocasión lo demanda.
En uno de sus laterales la casa de cuatro ruedas anuncia a pulso de pincel “Argentina – Alaska” y aunque Mati y Eli reconocen que les gustaría llegar, también saben que si no lo logran “fue la excusa para salir”.
“Por ahí es complicado el tema de la visa para entrar a Estados Unidos, pero eso ya no nos importa, si sale sale, si no llegaremos hasta México y recorreremos todo América Latina”, dicen, con la frescura de quien planifica una escapadita de fin de semana.
El celular con que se manejan suena, parece que es otro mecánico recomendado. Matías revisa el mensaje y sigue con la charla. “No es la primera vez que se rompe la camioneta en Gualeguaychú, y eso es bueno porque la gente de acá es re solidaria. Ya estuvimos para una Navidad, la pasamos en el Parque Unzué, me acuerdo que no eran las doce de la noche y nosotros estábamos re dormidos porque habíamos viajado todo el día”.
Fue en 2019, cuando, tras recorrer Chubut, Neuquén, Río Negro, Córdoba y Santa Fe, el 24 de diciembre a la mañana llegaron, por primera vez, a la Ciudad del Carnaval y los veranos calurosos. “Ese día nos pasó de todo, en la calle Alem se nos prendieron fuego los cables del electro y casi se nos prende fuego la camioneta entera”, recuerda ella, lo mira -cómplice- y el artista de la casa recoge el guante: “Antes, habíamos pasado por Venado Tuerto a saludar a familiares y un tío abuelo de ella nos había regalado un montón de cosas, remeras, sábanas, almohadas, herramientas y, entre esas cosas, un manojo de cables que andá a saber para qué nos iba a servir… bueno, en Gualeguaychú nos sirvió para cambiar todos los que se nos habían quemado. Todo pasa por algo. Entonces, sin saber nada, me puse a cambiar cables y, después de renegar un rato largo, lo reparé”.
A partir de ese momento, empezaron a viajar solamente por la noche, como para que el calor del verano no vuelva a poner en jaque el precario sistema eléctrico de la R87. El derrotero siguió por Federación e Ituzaingo, en Corrientes, donde los encontró la pandemia. En junio del 2020 decidieron volver a La Pampa y hacer base allí hasta que la cosa pase. La cosa, como todos saben, se tomó su tiempo en pasar y recién 18 meses después pudieron volver a poner en marcha la chata para salir a rutear nuevamente.
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Pero esta vez, a diferencia del primer viaje, no estaban dispuestos a salir sin África, su perra de cuatro años. Tampoco a seguir viviendo de las artesanías, es que Matías ya había aprendido a tatuar y no iban a tardar demasiado en comprobar que ésta era una apuesta mucho más redituable económicamente que las pulseras de macramé.
“En este momento, el tatuaje es nuestra principal fuente de ingresos. Ya no hacemos artesanías, y si bien los insumos del tatoo no son baratos, es algo mucho más simple y podemos ganar más dinero para la comida y el combustible”, explican. Y, optimistas, cuentan: “Cada vez que estamos bien energéticamente, todo lo que sucede a nuestro alrededor es positivo, como si se alinearan los planetas. Ahora, se nos rompió la camioneta, lo que es un problema. Pero nosotros no dejamos de ver que es buenísimo que nos haya pasado acá, a donde mucha gente nos puede ayudar, y no en medio de la nada, la solidaridad de la gente es lo más lindo que nos pasa en la ruta; es buenísimo que no sea en Uruguay, a donde vamos, porque seguramente nos iba a salir mucho más caro el arreglo. No todo es tan malo, hay que aprender a verle el lado bueno que todas las cosas tienen”.
En este sentido, sobre los miedos que rodean a esta fantasía universal por dejar todo y salir de viaje, casi al unísono, marcan una diferencia no menor: “No somos las personas ni los seres humanos, somos los adultos quienes vivimos con esa carga tan potente del miedo. Porque si vos le decís a un niño que vas a viajar por el mundo, se va a poner re contento porque vas a conocer las montañas, el mar, las ballenas y un montón de gente y culturas, pero si le contás lo mismo a un adulto, seguramente te va a preguntar: ¿qué hacés si se te rompe el motor? o ¿qué pasa si te roban?”.
“Es ahora el momento de hacer lo que tengas ganas, sea viajar o sea lo que sea. Siempre es ahora el momento de dejar de vivir una vida para los demás y dejar de hacer lo que debemos para empezar a hacer lo que queremos. Es ahora, no cuando me jubile, cuando termine la carrera o cuando mis hijos crezcan, el momento es ahora, siempre”, dice Matías. Y, ahora, la que recoge el guante es la docente de la casa: “El universo está sediento de soñadores, lo más difícil es dar el primer paso, pero una vez que saliste todo empieza a alinearse”.
