Viana, el fiscal verde: “El gobierno uruguayo fue a buscar la inversión de UPM”
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El Fiscal uruguayo conocido por su lucha en pos del medioambiente, dialogó con ElDía desde Cero. Aseguró que en medio de la crisis "se dan manotazos de ahogado", pero no van a redituar en puestos de trabajo. "Quizás estamos llegando a la comprobación de que no somos viables como país", alertó.Su mirada crítica hacia la instalación de plantas de celulosa lo hizo reconocido de ambos lados del río Uruguay. Además, se ha manifestado en contra de algunas medidas tomadas por los gobiernos argentino y uruguayo.En una extensa entrevista, opinó sobre el conflicto que envuelve a ambos países desde hace más de doce años.¿Preocupa en el Uruguay la instalación de una futura pastera que producirá el doble de lo que hoy produce UPM?-Sí, en efecto se habla de un 60 % más de producción. Lo cual si tomamos hoy la producción de Botnia, que anda cerca de un millón trescientos mil toneladas anuales, vamos a estar cerca de los dos millones de toneladas anuales.Hasta el momento es un anuncio que todavía está prendido con alfileres; la pastera se instalaría casi en el centro del Uruguay, sobre el río Negro, aparentemente en la intersección de la ruta 5.¿Es casual que se vuelva a hablar de la instalación de una pastera con la vuelta de Tabaré Vázquez?-Yo creo que hay otro factor que influye para que se vuelva a hablar hoy de una tercera planta. No creo que Botnia - UPM o los propios finlandeses tengan un certero interés en instalar una nueva planta. Creo que ha sido el gobierno uruguayo que ha ido a buscar la inversión. En el 2005 también fueron a buscar esta industria de la celulosa y creo que se vuelve a repetir. Yo lo vinculo más a un problema de crisis económica, que se repite casi calcadamente. En el año 2002 el Uruguay - y la Argentina también- ingresa en una crisis financiera y ahí aparecen los primeros anuncios de instalación de una planta de celulosa. Creo que hoy estamos repitiendo una situación similar: frente a una crisis económica, se acude como un manotazo de ahogado a la instalación de una planta de celulosa que va a dar trabajo coyuntural (para un tiempo y para determinada mano de obra), eso va a salvar niveles de desocupación que cada vez están en aumento.Al mismo tiempo, va a permitir que en el PBI, ficticiamente, sea incorporado para aumentar algún puntito. Lo que va a significar que el Estado va a anunciar una solvencia más ficticia que real, pero que le va a permitir obtener préstamos financieros para seguir sobreviviendo como país.¿Cuál es el rol de la oposición en el Uruguay? -Hoy en el Uruguay es muy difícil: en primer lugar hay que distinguir pensamientos ideológicos. Hoy vemos marxistas haciendo neoliberalismo y liberales proponiendo el intervencionismo del Estado. Entonces se han perdido los límites y los márgenes para distinguir los aspectos ideológicos. Creo que se traduce en un vaciamiento ideológico de los propios partidos políticos.No vemos, no conocemos políticos o sectores políticos que defiendan la protección del medioambiente en el Uruguay. Y creo que si repasamos las realidades de Brasil y Argentina, es muy probable que tampoco encontremos sectores políticos o partidos políticos que tengan como bandera la protección del medioambiente.¿Qué percibes del pueblo uruguayo? ¿Qué visión tiene sobre este tema?-Nosotros somos poco más de tres millones de habitantes. Un territorio no muy grande. Somos un país pequeño; fuimos una provincia. Pretendimos ser una provincia oriental, quizás no de algo llamado Argentina, pero quizás sí de algo llamado "Provincias Unidas" en aquel momento de la Confederación Artiguista.Nacimos como un Estado; y ese nacimiento que fue un poco a la fuerza quizás, traicionando mucho los principios o ideas artiguistas, nos lleva a la realidad del Uruguay actual.Es muy difícil explicarle al ciudadano común, cuales son los caminos para que un país pueda subsistir como tal. Quizás estamos llegando a la comprobación de que no somos viables como un país y como una nación, pero no tenemos tampoco mucho panorama diverso.Uno ve las modificaciones que vienen desarrollándose hace muchos años en el mapa europeo, el nacimiento de nuevos países, nuevas naciones. El reacomodo de pueblos que estuvieron sometidos durante mucho tiempo y tratan de recuperar su personalidad. Yo no creo que eso sea visible en Sudamérica, pero quizás en algún tiempo, quizás yo ya no esté sobre la tierra, se empiecen a ver esas realidades.¿Es complejo poner sobre la mesa el tema del medioambiente, cuando hay otro tipo de necesidades básicas para satisfacer?-Correcto. Pero esa gente abre la canilla de su domicilio para tomar agua y está tomando un agua que no es saludable; no es un agua potable y allí sí puede llegar a percibir que está tomando algo que le puede causar un daño directo a la salud. Nosotros tenemos la realidad de Montevideo que se abastece de agua de un río que tiene grandes problemas de contaminación y que va a seguir siendo afectado por la contaminación, que es el río Santa Lucía.A veces es difícil para la mentalidad citadina del Montevideano, entender que los daños que se causan a100 kilómetros de donde él está, lo van a afectar directamente. Ha habido algunas alarmas que se han prendido por el tema del sabor y de olor de la propia agua.Quizás somos hijos del rigor y tenemos que ver primero los daños para luego reaccionar frente a ellos. Lo que sucede con los daños ambientales, es que es muy difícil luego retrotraer las cosas y volver atrás.¿Se cumplieron las promesas de trabajo en Fray Bentos?-Viví toda mi niñez en Fray Bentos. Lo que ha cambiado Fray Bentos ha sido prácticamente nada. Algunos trabajadores buscaron alguna changa, algún mecanismo de supervivencia tratando de aprovechar el "boom" de la construcción, pero el resto de la ciudad sigue siendo igual. Olvidando y dejando de lado los temas de contaminación y de protección del medio ambiente una de las cosas que me llama más la atención, y lo digo claramente, es el egoísmo absoluto. Los identifico como los finlandeses, como los vikingos, el egoísmo absoluto de esta inversión. No han derramado una sola gota de prosperidad en una ciudad tan humilde como es Fray Bentos. Y eso a mí me duele profundamente.Ellos ofrecieron disimular sus propios residuos industriales y ofrecieron encargarse del saneamiento de los residuos cloacales. Nada de eso se concretó.Es impresionante el lucro que tiene esta industria. Es una fuente de riqueza absolutamente ajena. Foránea y ajena.Este panorama pinta al país como en 1490. ¿Es una historia muy similar. Vienen los de afuera a exprimir un pueblo?-Exacto. Soy un convencido que vivimos nuevas formas de colonialismo. Esta es una especie de colonialismo con sentido. No es un colonialismo que se hace bajo la conquista de las armas, de la violencia y de la fuerza. Cuentan con una especie de estatuto feudal que le permite dañar el territorio nacional, absorber, dejar la contaminación y en determinado momento, dentro de 20 años quizás, irse del país y dejar todo el pasivo ambiental sin hacerse responsable.¿Con qué diferencia te encuentras con la Gualeguaychú de hace varios años y el de ahora? -Yo creo que el fenómeno que ocurre es un fenómeno natural y lógico. Lo he visto en algunas incidencias de menor tamaño, dentro del Uruguay incluso. Cuando se dice o se habla de la participación pública como uno de los mecanismos para la defensa y la protección del medio ambiente, creo que es correcta la visión y el anuncio de esas características. Lo que no se dice es que los pueblos sí tienen derechos de asumir la defensa de su propio pellejo, de su propia vida; tienen la obligación de mover, de sacudir algunas estructurar gubernamentales, locales o nacionales.Lo que sucede es que esa actitud de reasumir los derechos, de reclamar, no se pueden mantener por eterno, porque es natural el proceso de desgaste en todos los movimientos sociales de estas características.Sin embargo, tengo que reconocer que lo que aquí ocurrió en Gualeguaychú, encabezado por la Asamblea Ciudadana Ambiental, es un elemento que es tomado como un momento histórico hasta en la propia concepción del derecho ambiental.Cuando salta este conflicto y Botnia se instala en el Uruguay violando todos los principios y todas las reglas de protección del medio ambiente, la expectativa mundial estuvo en estas circunstancias.En muchos países hay barreras en tema medioambiental para dejar de entrar ese tipo de productos ¿Qué visión tiene del gobierno argentino tras las polémicas declaraciones de Macri sobre las pasteras?-Yo creo que la Argentina tiene antecedentes valiosos. Creo que Argentina no debe confiar tanto en los gobernantes ocasionales, sino que a mi juicio, debe confiar más en la movilización de los pueblos y en las decisiones judiciales, porque eso es un valor que se ha conseguido en la Argentina y que lamentablemente en el Uruguay no se ha llegado a tener.No tenemos decisiones judiciales favorables a la protección del medioambiente; no tenemos decisiones firmes en el Uruguay en materia de protección del medioambiente. Ustedes sí lo tienen. Quizás deberían tenerlas más. O quizás sea insuficiente. Pero es un valor que no debe ser perdido junto con la movilización de los afectados, que son los pueblos que padecen la llegada de esta contaminación que viene empujada desde Europa.
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