Vidas dibujadas y disfrazadas: seis riesgos peligrosos
Un riesgo al que nos exponemos siendo adultos es representar un personaje que no somos.Por Monseñor Jorge Lozano*Especial Para fin de año nos encontramos con algunos amigos de la infancia. Recordábamos que al jugar nos compenetrábamos en los personajes: Batman, Martín Karadajián, la Momia, o Narizota. La impostación de la voz, las posturas del cuerpo, algunos ademanes.Una fantasía engañosa que nos tienta muy seguido en este tiempo es la de vivir como si los años no pasaran, y nosotros no envejeciéramos. A veces vemos mamás de 40 vestirse como su hija de 15, o papás de 50 queriendo ser "cancheros" con los amigos de su hijo adolescente. Una manifestación de esta fantasía es constatar cómo se han multiplicado las cirugías estéticas y los productos y aparatos para cuidar el cuerpo. No está mal caminar, hacer ejercicios o algún deporte, para nada; y ojalá todos pudiéramos mejorar la salud. Lo que digo es que a veces hacemos un "culto" del cuerpo.Arreglarse, verse bien es ponderable. Disfrazar los años que se tienen o no admitir el paso del tiempo puede ser engañoso y no nos lleva a la felicidad.Hace poco un amigo me mostraba en un diario de Europa un aviso publicitario de un "combo de cirugía estética para madre de 40 e hija de 15". Una para sacarse y otra para agregarse. Algo un poco loco, ¿no?Otra amenaza a la vida es el consumismo. La publicidad de algunos productos muchas veces despierta en nosotros deseos incontrolables de comprar o consumir tal o cual artículo que en realidad no necesitamos. Algo parecido a lo anterior. Nos afirmamos por la imagen que nos da una marca de zapatillas o de ropa. El concepto de que la vida hay que gozarla aquí y ahora se reduce a la búsqueda del placer y al dinero necesario para lograr ese único fin.A la vida se la toma como un show montado, y el show pasa a reemplazar a la realidad de la vida. Cuando algunos no tienen lo elemental para vivir o alimentarse, el despilfarro también es un pecado contra la justicia. San Juan Crisóstomo, uno de los grandes santos de los primeros siglos del cristianismo, predicó: "No digan: 'Gasto lo que es mío, gozo de lo que es mío'. No: no gozan de lo que es suyo, sino de lo que pertenece a otro... Estos bienes no les pertenecen: les pertenecen en común con su semejante, tal como el cielo, la tierra y todo lo demás".Otro riesgo con el que convivimos es el exitismo. La sociedad nos impone —y nosotros aceptamos— que todo te tiene que salir 10 puntos. No se soporta el fracaso, o que las cosas te salgan mal. ¿Desde cuándo? ¡Si equivocarse es propio de los seres humanos! Pero no se admite el error, o que estés enfermo; tenés que seguir adelante "cueste lo que cueste". No detenerte para nada. Una cuestión también vinculada con el éxito es buscarlo sin esfuerzo. Me explico: es alabado y se busca imitar a quien se hace rico o famoso por algún concurso, por la tele, o incluso hasta por ser corrupto. Sos un piola bárbaro si tenés plata sin trabajar.Todo lo contrario a la cultura del trabajo que nos enseña a ganar el pan con el sudor de la frente.Como una especie de movimiento de péndulo de lo anterior, está el "derrotismo". La actitud de no querer ni siquiera intentar otra vez. Se produce una baja autoestima. Algunos dicen "yo ya tiré la toalla". La vida no es fácil, lo sabemos. Pero ante la sobreexigencia del exitismo, cuando las cosas no te salen bien podés sentirte muy mal. Pasa, por ejemplo, a quienes están sin trabajo hace tiempo. Salen uno, dos, tres, veinte días y nada. Tres meses y apenas unas changas. Ante la repetición de "no podés fracasar" o "te tiene que ir bien", algunos terminan sintiéndose inútiles, poco valiosos. La tentación del alcoholismo, puede llevar a un tobogán en el cual es difícil parar. Violencia familiar, discusiones, desgaste del cariño.¡Cuánto nos ayuda la fe! Sabemos que Dios nos ama como hijos muy queridos tengamos o no trabajo; exitosos o fracasados para el mundo Él siempre nos recibe porque nos espera.Hay también otra actitud lamentablemente creciente en estos días: el nihilismo (viene del latín: nihil = nada). Es la falta de sentido; no sólo de alguna que otra cosa, sino en general. Es estar en la vida sin rumbo y sin amor. Trabajar, amar, estudiar, progresar, ser servicial, ¿para qué? Se vive como habiendo entrado en un laberinto monótono del cual no hay salida.Es común que del nihilismo se pase al cinismo. Una actitud escéptica y amarga ante todo, lo bueno y lo malo da lo mismo; "mientras a mí no me moleste", "que cada uno haga lo que quiera", "me importa un bledo". Es común que las personas amargadas vayan también amargando la vida a sus más cercanos.No me canso de insistir: la familia, los amigos, la fe son el antídoto necesario para cuidarnos de estas ilusiones de fantasías irreales que nos pueden envenenar la existencia. * Obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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