Viejos son los trapos
En este año de la vida estamos llamados a poner la mirada en cada etapa en que ella se desarrolla. Y una de ellas a considerar es la que llamamos tercera edad, los adultos mayores, nuestros abuelos. Monseñor Jorge Lozano*Especial En ellos no sólo vemos el paso del tiempo, sino también una fuente de sabiduría. Parafraseando el título de una película, no vemos tanto "lo que el viento se llevó", sino lo que "el tiempo nos dejó". Ellos —o tal vez vos, lector o lectora— nos enseñan por la experiencia de su vida cuáles son las cosas más importantes a tener en cuenta, cuáles valen la pena y aquellas en las que no hay que preocuparse.¡Qué bueno cuando en una familia pueden juntarse varias generaciones! Esos encuentros nos ayudan y sostienen en el camino de la vida a los de todas las edades.En el trato que Dios me regaló tener con abuelos en distintos lugares veo que hay dos cosas en las que tenemos que prestar atención, porque pueden hacerlos sufrir mucho. Una tiene que ver con la familia y otra con la sociedad en general.La familia es lo primero. Y así como es fuente de gran alegría, también lo es de sufrimiento. ¡Cómo sufren ellos por las peleas de los hijos o los nietos! O por las separaciones de la unión matrimonial. Son momentos en que el dolor los puede cargar de angustia y amargura. No es que a ellos solos les preocupa y no a los de otras edades. Es que ellos no se "distraen" de los asuntos familiares y se quedan horas (o todo el día) masticando angustia.Suelen tener también una sensibilidad particular a algunos gestos de desatención, y que a veces pueden tomar como desprecio, aunque no sea ese el sentimiento en la familia. Tienen "frágil el corazón" por la cantidad de años vividos con intensidad. Me lo imagino como a esa camisa gastada en los codos de tanto uso y que se puede romper si no se le trata con delicadeza.Lo otro que también los hace sufrir es el olvido de la sociedad. Un olvido manifestado en la magra jubilación para quien trabajó y aportó toda la vida y ahora no le alcanza para remedios. O una sociedad que privilegia el consumo desmedido, y ellos no están entre los grandes gastadores de plata. O una sociedad que banaliza el lugar de la mujer y el varón, mostrándoles en actividades de burla el amor o la fidelidad.Un sacerdote muy sabio nos enseñó hace muchos años a unos sacerdotes jóvenes: "Los abuelos necesitan poco, pero lo poco que necesitan, lo necesitan mucho", y nos ponía como ejemplo la visita a los hogares de abuelos. "Si a uno de ellos le decís que vas a ir el martes a las 17 horas, seguro que el lunes a la tarde ya está esperando ese momento. Y si llegás 10 o 15 minutos tarde, se queda con la preocupación de si te habrás olvidado de ir".Sé que la situación de algunos abuelos no es fácil, y que es distinto según estén en una casa grande con su familia, o en un pequeño departamento, en un barrio o en una ciudad grande o pequeña. Pero abuelos y abuelas necesitan en cualquier parte de nuestro cariño, ternura y gratitud. El Papa Juan Pablo II escribió en una "Carta a los Ancianos": "Honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades".Y una palabra especial para nuestros sacerdotes mayores. Ellos han sostenido en su cariño y oración a nuestras comunidades. Nos dan ejemplo de perseverancia en la fe y en el servicio a los hermanos. Tengamos también hacia ellos un afecto cercano y agradecido.El próximo martes 26 de julio se celebra la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, los papás de la Virgen María, y los abuelos de Jesús. Por ese motivo se lo ha tomado como Día de los Abuelos. A ellos vaya nuestro cariño y reconocimiento sencillo en estas líneas. * Obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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