“Vivía mirando por la ventana porque sentía que venían a buscar a mi hijo”
Olga Piedrabuena de Corfield y Teresita Giacopuzzi de Dezorzi, son dos de las madres que hasta el día de hoy esperan noticias de sus hijos Eduardo y Oscar, quienes fueron secuestrados y desaparecidos en la última dictadura militar.Mónica Farabello A 36 años del golpe de estado, dos madres de Gualeguaychú recuerdan los últimos días con sus hijos. Sentadas en ronda y bajo el sol de una mañana de otoño, nos reciben con entusiasmo como cuando llega visita a casa.La charla es espontánea, casi no hacen falta preguntas para que el relato fluya entre la melancolía, la tristeza y el tesón. Teresita Giacopuzzi es la mamá de Oscar. Entre quejas por algunos dolores físicos, no deja de destacar que "siempre está de ánimo para hacer cosas y conversar".Las Madres de Gualeguaychú comenzaron a reunirse en los primeros meses de la dictadura militar. "Lo primero que hice fue ir a la casa de Totó Irigoyen, y ella me dijo que lo que tendríamos que hacer es juntarnos en grupo para ir a Buenos Aires, porque así íbamos a hacer más fuerza", recuerda la mamá de Oscar."Fue Mireya, Aurora, Odina, Niní, Blanca y yo. Nos empezamos a turnar para viajar todos los jueves, y así nos conocimos", relata.Luego de varios viajes a Buenos Aires, las madres de Plaza de Mayo tenían en Gualeguaychú un grupo de representantes que hasta hoy siguen trabajando."Él me había contado que militaba en Montoneros"Oscar Dezorzi se había mudado de Gualeguaychú a Paraná. Allí trabajaba y estudiaba ingeniería; luego de casarse y a un día de mudarse fue secuestrado en plena noche, y su familia nunca más tuvo noticias de él."Mi hijo Oscar estaba trabajando en Paraná y lo secuestraron el 10 de agosto de 1976; todavía tengo muy claro en mi cabeza cuando llegaba de noche silbando..." nos cuenta su madre. Además, relata que "él y su mujer se iban a mudar al otro día y evidentemente los militares sabían todo lo que hacía, porque justo esa noche lo fueron a buscar".Jugando con sus dedos, Teresita mira al piso y confiesa que "algo sabía, porque él me había contado que estaba militando en Montoneros y que estaban en una situación muy delicada".Además, recuerda que "hace poco me visitó un compañero de él y me dijo que realmente no sabían el riesgo que corrían. También eran compañeros de Daniel Irigoyen, con quien hasta vivieron juntos, porque ellos querían estudiar y no recibir plata de los padres". Lo castigaron por ayudarTeresita cuenta que su hijo fue uno de los jóvenes que mejor concepto tuvo al hacer el servicio militar. "Ahí empezó a ayudar y darles clases a los soldados del norte. Quería que aprendan a defender sus derechos y cuando lo descubrieron lo castigaron aunque después lo pusieron de chofer de los principales", aseguró."Siempre le decía a mi hijo más chico: 'yo vivo mirando la ventana y siento que lo vienen a buscar a Oscar'. Y esa noche cuando golpearon, yo sabía que eran ellos, y mi marido no sabía nada; salió a ver quién era y lo apuntaron con las metralletas y se pegó un susto tremendo", relata Teresita con una voz fuerte pero que se entrecorta por la emoción.Esa madrugada, marcó la historia de la familia: "cuando lo sacaron, mi hija levantó la ventana y vio que se lo llevaban en un auto. Mi consuegro fue a la comisaría para ver si alguien sabía algo; y de ahí no lo ví nunca más".Luego del secuestro de Oscar, la familia siguió su vida bajo un manto de temor. Teresita cuenta que "empezaron a perseguir a mi otro hijo, pero por suerte nunca pasó nada, pero nadie tiene idea el miedo que teníamos". "Supimos que lo habían visto"La búsqueda de Oscar no paró un segundo desde aquel 10 de agosto de 1976. Su madre, padre y hermanos radicaron denuncias policiales y personalmente se encargaron de recorrer diferentes lugares en busca de información que los acerque a Oscar."Fuimos con mi hija al Regimiento, o no sé bien dónde, pero recuerdo que estábamos bajo la llovizna con mucha gente, todos amontonados como animales y en agosto que hace mucho frío", cuenta Teresita, y recuerda: "nos hacían esperar para que alguien nos reciba para averiguar dónde estaban nuestros familiares. Ese día conocí a una sola persona sensible ahí adentro, que me dijo 'señora, pase que la vamos a atender, pero primero usted tiene que pedir una audiencia'. Este hombre consiguió que nos atendieran pero la persona que nos tenía que atender se negó a vernos"."Por un sacerdote supimos que lo habían visto en un par de oportunidades en Paraná. Él nos dijo que lo vio de lejos y lo saludó con la mano. Después le dijeron al sacerdote que si seguía dando información de mi hijo, lo iban a tirar desde un avión".Teresita, nunca pudo recuperar el cuerpo de su hijo, y a pesar de eso, asegura que no lo recuerda con angustia, y que se refugia en la lectura. "Me gusta acostarme y leer, sobre todo la historia de la Guerra Mundial; creo que acá fue muy similar el horror que vivimos"."No sabía si mi hijo militaba o no"Olga Piedrabuena recuerda a su hijo Eduardo Emilio Corfield quien fue desaparecido en Lanús Este a los 27 años de edad. "Mi hijo estudió en Gualeguaychú y cuando terminó la escuela se fue a estudiar psicología a La Plata. Después se fue a trabajar a Lanús Este, donde manejaba una camioneta. En ese momento vivía en la casa de mi hermana, en Lanús, y ahí fue donde lo buscaron y se lo llevaron", relata Olga."De ahí, nunca supimos nada más de él. En ese momento tenía 27 años y yo realmente ignoraba todo, no sabía si militaba o no".Su hermano Jorge, afirma que Eduardo militaba en el Frente Universitario de Revolución Nacional, mientras estaba estudiando el tercer año de psicología.Finalmente fue secuestrado y desaparecido el 3 de marzo de 1978. Las tías de Eduardo radicaron una denuncia policial y recorrieron diferentes comisarías para ver si se encontraba alojado en alguna de ellas y no obtuvieron ningún tipo de respuesta. Además, presentaron un hábeas corpus, pero nunca consiguieron información acerca de Eduardo Corfield."Nunca supimos nada de nada. Desapareció de ahí y nunca más supimos de él" cuenta Olga. En tanto, su hermano explica que "cuando sos padre empezás a entender lo que significa que te roben a un hijo y ni siquiera saber si está en el mar, o en qué lugar para poder llevarle un flor o hacerle un homenaje. Es como decía Videla, 'no está ni vivo, ni muerto, está desaparecido' y eso es terrible para las madres". "La sensación es de esperanza, de pensar que va a volver y que en algún lugar está", nos confiesa Olga.Un día para reflexionar, no para descansarUna de las colaboradoras de las Madres de Plaza de Mayo de Gualeguaychú Rosa Majul, asegura que "es muy importante que el 24 de marzo se haya instaurado como día para la Memoria, la Verdad y la Justicia, porque nos da un día para la reflexión, para el reclamo y el pedido de justicia".Además, explica que "la humanidad comienza cuando los primeros hombres empezaron a enterrar a sus seres queridos. Ahí comienza la humanización de las personas, y en esta dictadura nos robaron esto".La necesidad espiritual de tener un espacio donde llevar una flor o rezar una oración, hace que lo "recuerden todos los días", aunque aseguran que fue "muy importante tener la Semana de la Memoria, porque es un espacio para reflexionar".Rosa Majul agradece la lucha de las Madres: "gracias a la fuerza de todas ellas, se pudo empezar a juzgar a todos aquellos represores que hicieron atrocidades en la dictadura".Y las Madres, agradecen el acompañamiento de toda la gente, porque "nosotras quedamos poquitas, pero tenemos la esperanza que esto siga adelante, siempre".ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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