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Ciudad | Gualeguaychú

Vivió más de 13 años indocumentada y sometida a una situación de esclavitud: "Hoy me siento feliz"

Aunque parezca una historia de película, no lo es. Verónica llegó desde Brasil hace muchos años. Los últimos 13 cuidó a una señora mayor que hace poco tiempo falleció. Intentaron dejarla en la calle, pero recibió la ayuda de sus vecinos. Tras innumerables gestiones, volvió a tener DNI.

Por Luciano Peralta

Bolivianos, paraguayos, brasileños, senegaleses, chinos. Las comunidades extranjeras en Gualeguacyhú son varias y cada vez más numerosas. Algunas están más visibilizadas que otras, pero todas comparten la condición de estar lejos de la tierra donde nacieron.

El caso de Verónica es cinematográfico, tiene todos los condimentos de una ficción de Netflix, pero lejos está de serlo. Su historia es bien real y no es una de esas que solemos ver en las pantallas. Verónica es brasileña, nació en Ponta Grossa, en el Estado de Paraná, pero hace muchos años vive en Gualeguaychú, en condiciones inhumanas, en la extrema pobreza, sometida y amenazada con ser deportada por su condición de indocumentada.

Afortunadamente, se cruzó con vecinos que movieron cielo y tierra para ayudarla. Y lo hicieron. Hoy cuenta con el documento, recuperó su identidad, nada menos, y con ella sus derechos.

“A los 40 años salí de Brasil para poder trabajar, conocer otros lugares y hacer amistades, porque a mí me gustan las amistades buenas. Conocí a mucha gente maravillosa, una de ellas, una compañera, me llevó a Punta del Este, donde trabajé y pude ganar plata para comprarle una casita a mi hija, que hoy tiene donde vivir en Brasil”, relató en la charla con ElDía, a la que accedió luego de recibir el documento nacional de identidad.

"La pasé muy mal, pasé mucha hambre, llegué a pesar 25 kilos; estaba desnutrida, no podía ni caminar"

Fue a fines de los 80 que dejó su tierra natal para llegar a Uruguay, donde estuvo algo más de dos años. Vivió en Buenos Aires, “cuando era otra cosa y no te mataban por nada” y, por esos años en que se inauguraba el corsódromo de la ciudad, conoció Gualeguaychú.

“Al principio iba y venía. Pero hace 13 años estoy de manera fija aquí”, explicó. Antes, hizo de todo para sobrevivir: cuidó a personas mayores, trabajó en geriátricos, fue niñera, cocinó en rotiserías, en pizzerías y limpió casas.

En uno de sus viajes, perdió el DNI, se transformó inmediatamente en una indocumentada y todo empeoró. Es más, su único registro en Argentina está mal hecho, con un número de documento incorrecto. Lo que terminó de complejizar su situación, porque “en Brasil, después de un tiempo indocumentada te dan por muerta, y en Argentina los datos que estaban registrados estaban mal”, contó una de las personas que se movilizaron para ayudarla.

"Los propietarios de la casa la quisieron desalojar. Las amenazas de denuncia y de deportación se intensificaron"

“La pasé muy mal, pasé mucha hambre, llegué a pesar 25 kilos; estaba desnutrida, no podía ni caminar”, contó Verónica. Y, sobre sus padecimientos en Gualeguaychú dijo: “Estuve 13 años cuidando a la abuela, ella caminaba todavía cuando yo llegué, hablaba bien y se bañaba solita. Había sufrido un ACV, pero cuando sufrió el segundo ya no podía caminar bien. Los hijos nunca llamaron a un doctor para que la vea. Tenía presión, también. Yo, con mi sueldo de miseria, de 2 mil pesos, traía al doctor Jaime, que es un gran profesional y amigo, y él la veía”.

Cuando la señora que cuidaba murió, a los 92 años, todo volvió a empeorar para Verónica. Los propietarios de la casa la quisieron desalojar. Las amenazas de denuncia y de deportación se intensificaron. Pero la solidaridad de los vecinos, los mimos que la ayudaron a pagar la luz, el gas y con la comida, fue el único resguardo para esta brasileña sin identidad.

“La casa donde vivían las dos, en situación de total abandono, era grande, fría y húmeda. Era una casa de película de terror”, aseguró Walter Lezcano, uno de los vecinos que movió cielo y tierra para ayudar a Verónica. No quedaron puertas sin golpear o, mejor dicho, no quedaron autoridades sin conocer el tema. Recurrió a la Cancillería, a Migraciones, al Consulado de Brasil y al Registro Civil de Entre Ríos, entre otras instituciones. Pero, como sucede desde que empezó la pandemia, las restricciones complejizaron todo. Cuando se abría una puerta, se cerraban dos.

"La casa donde vivían las dos, en situación de total abandono, era grande, fría y húmeda. Era una casa de película de terror"

“En el registro civil del lugar donde nació no había nada. No tenía identidad, ni en Brasil ni en Argentina. Lo único que teníamos era una fotocopia borrosa de uno de sus ingresos al país”, contó Yamina Hartwig, quien, desde la Secretaría de Desarrollo Social y Salud de la ciudad, asumió el compromiso de acompañar las gestiones iniciadas por Lezcano.

Este acompañamiento fue fundamental, primero, para que Verónica no quede en la calle, y, segundo, para devolverle su identidad. Tras innumerables gestiones, avances y retrocesos, un día llegó el bendito mail del consulado brasileño con el certificado de nacionalidad. Hace dos viernes, en la Dirección de Migraciones de Concepción del Uruguay, ese lugar al que había jurado “no volver más” por el maltrato sufrido, le hicieron entrega de su documento nacional de identidad.

“Me siento feliz, nunca estuve tan feliz en mi vida como estoy ahora”, aseguró en un portuñol agreste. “Les quiero decir a las personas que no tienen documentos que no tengan vergüenza, que busquen a las chicas del servicio social, que ellas son buenas, pueden ayudarlas. Acá, en Gualeguaychú, hay muchas brasileñas que no tienen documento, y hay extranjeros de otros lugares. Busquen ayuda, pueden tener una vida diferente, como yo”, resumió Verónica.

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