Vocación y aptitud de un periodista
Hoy día existen quienes quieren o creen ser periodistas. Muchos jóvenes recién iniciados en la actividad, piensan que con el periodismo se puede ser artista.
Por Gustavo J. Carbone
De la redacción de El Día
Artista en el sentido farandulesco de estos tiempos de liviandad y pasatismo, y también de irresponsabilidad profesional, en la que se hunden algunos, para figurar con la firma en una nota de un diario.
O para recibir la palmada aduladora por alguna minúscula trayectoria radial. Ni hablar de los que se encandilan y enceguecen por las luces de la televisión hoy en día.
La meta está allí. En el tránsito por la cultura de la liviandad, la del menor esfuerzo, esa que no demanda sacrificio. Para algunos, mucho mejor lo fácil. Mucho más lo que tiene solamente un brillo exterior. La cáscara superficial.
En realidad asistimos a una manifiesta mediocridad en el ejercicio de nuestra profesión. Muchos, hacen del periodismo la carrera para “trepar”, escalar y figurar a toda costa, de cualquier manera, y aunque no se llegue a ninguna parte.
Esos caminos elegidos muestran más temprano que tarde, la falta de vocación y aptitud de periodista. Marcan una desmedida y loca carrera, no para cumplir y honrar lo que significa ser periodista, sino para obtener un lucimiento personal generalmente hueco y pasajero, sin compromiso real con toda la sociedad.
Para trascender en serio, para marcar huellas, en esta profesión como en la vida toda, se debe practicar la amistad de grupo en el trabajo, la lealtad y la honestidad intelectual, y se tiene que despreciar el egoísmo y la falta de compromiso solidario, la ausencia de franqueza, y también se debe despreciar la traición a los compañeros de todos los días.
Gabriel García Márquez, confesó alguna vez que a los diecinueve años siendo el peor estudiante de Derecho, comenzó “mi carrera como redactor de notas en el periódico, y fui subiendo poco a poco, con mucho trabajo las escaleras”, las escaleras que lo llevaron por las diversas secciones en las que se formó y aprendió, acabadamente el oficio de Periodista.
Habló el célebre escritor y periodista, que “es necesario formarse una base cultural sólida. En un buen ambiente, eso, es perfectamente concretable. Contra ello atenta la avidez y el afán por llegar cuanto antes al supuesto éxito”, con el que algunos tratan de alimentar su espíritu de artista y traicionan al periodista de alma y vocación.
Otra cosa que me preocupa, ha dicho Gabriel García Márquez de las entrevistas, “es su mala reputación (la de las entrevistas) de mujer fácil. Cualquiera cree que puede hacer una entrevista, y por lo mismo el género se ha convertido en un matadero público donde mandan a los primerizos con cuatro preguntas y una grabadora para que sean periodistas por obra y gracia de sus empresarios.
Nunca hay que descuidar la cara del entrevistado, que puede decir mucho más que su voz, y a veces, todo lo contrario”.
En estos tiempos se ha convertido -el Periodismo- en un peligro real, sobre todo cuando no se tiene el suficiente rigor en los comentarios que se insertan, sutilmente en las opiniones de los entrevistados, sin la posibilidad de un descargo pertinente por parte de ellos.
Nos extraviamos frecuentemente, al olvidarnos de las limitaciones profesionales que también tenemos. Pontificamos la verdad absoluta y traspasamos fácilmente los límites de la responsabilidad de nuestro ejercicio.
Pero existen pese a todo, a la crisis que a todo lo afecta, una cuota muy importante de esperanza por parte de la sociedad. Esa esperanza, confiada y genuina, debe ser honrada siempre y en todo momento, por los seres humanos que queremos ejercer “la mejor profesión del mundo”, como la definió el propio García Márquez.
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