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"Vos salís con las chicas, me dijo Evita"

Teresa Muñoz está a punto de cumplir 94 años y desde que se instrumentó el voto femenino en 1947, ella siempre acudió a las urnas. El domingo también lo hará, tal como lo ha hecho durante 72 años. Dueña de una memoria envidiable y de una historia que poco trascendió: fue colaboradora de Eva Duarte de Perón.

Carlos Riera

Aún recuerdo las palabras de una docente en la carrera de periodismo que dijo: “todas las personas tienen una historia que contar, sólo hay que saber buscar”. Y no hay verdad más absoluta que esta. Algunas historias pueden ser más atractivas que otras, pero es seguro que todos tenemos una experiencia que vale la pena relatar.

“Ahora estoy hablando porque nadie sabía”, dijo Teresa a ElDía, “yo soy de entrecasa, de perfil bajo”. Esta abuela, sentada en una silla plástica en su casa en el barrio Munilla, cerquita de la estufa, fue una de las homenajeadas el pasado 31 de mayo en el Encuentro de Mujeres Peronistas que se realizó en el Club de los Abuelos, cuando se recordó la figura de Eva Duarte a 100 años de su natalicio.

Teresa Muñoz vivió algo que pocos conocen: fue colaboradora directa de “la abanderada de los humildes” en la Fundación que la Primera Dama tuvo durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón.

Nació en Gualeguaychú en 1925, pero se crió en Martínez, en la zona norte de Buenos Aires, bajo la tutela de sus padrinos. Tuvo una buena educación y una vida tranquila hasta que a los 16 años quedó sola por la muerte de sus padrinos. Después de eso comenzaron las complicaciones. A los 23 años ya había enviudado y la vida la encontraba nuevamente sola, pero esta vez con un hijo.

“Conocí el trabajo que hacía Evita gracias a una vecina que vio mi situación y me dijo ‘vos que estás sola qué hacés que no te unís a nosotras, vamos a trabajar’, ‘y qué clase de trabajo’ le pregunté, me dijo que tenía orientar a la gente y preguntar lo que necesitaban y que después se distribuía lo que se necesitaba. ‘¿Y eso dónde es? le pregunté’, ‘en la caridad que hace Evita’ me dijo. ‘Yo te voy a llevar’ me dijo, y me llevó”. Lo que no sabía Teresa es que en su primer día en la Fundación iba a conocer a la “famosa” Evita.

"Vos salís con las chicas, me dijo Evita"

Obviamente la primera pregunta fue cómo era ella. Teresa la recuerda con lágrimas de emoción en sus ojos. “La vi como tres o cuatro veces, pero siempre fue ella misma. Una persona de un carácter muy bueno, muy comprensiva. No te digo humilde porque los humildes éramos nosotros, pero ella era muy bondadosa con la gente. Donde había necesidad ahí estaba. Evita era el pan y la ropa de los pobres. Donde había un pobre ahí estaba ella”.

“Vos salís con las chicas, me dijo Evita”, recordó Teresa sobre esas primeras palabras que aún resuenan en su memoria imperturbable. Claro que en ese momento esta joven mujer de apenas 23 años no tenía conciencia de lo que iba a representar para todas las mujeres y para todo el peronismo, e incluso para la historia argentina, la figura de Eva Duarte.

Para Teresa era un trabajo. Debían recorrer toda la provincia de Buenos Aires y hablar con la gente de los barrios más carenciados sobre sus necesidades. Obviamente que no siempre eran bien recibidas “por la misma necesidad horrible que pasaban”. “Éramos como 7 u 8 que salíamos en tres o cuatro camionetas. Ella estaba en la Fundación y nosotras salíamos. Antes nos hablaba y nos decía cómo teníamos que proceder con la gente, que no fuéramos desmedidas ni que habláramos con palabras fuertes, siempre con sensibilidad porque no por hablar con una persona humilde se la lleva por delante”, comentó. Después de visitar los barrios, a los dos días, se entregaban alimentos, calzados, ropa, colchones y frazadas, en los lugares que Teresa y su grupo de compañeras visitaban.

“Ella se conmovía con las cosas que le pasaba a la gente y por eso le decíamos ‘la abanderada de los humildes’, ‘la generala’ le decíamos nosotras”, recordó esta abuela de casi 94 años, mientras esboza una sonrisa por lo que rememora en su memoria.

Cuando llegó la muerte de Evita a los 33 años, en 1952, Teresa vivía en San Fernando y ya se había alejado de su trabajo en la Fundación. Luego, una gran inundación en la que perdió todas sus cosas, la obligó a ella y a su esposo (del que enviudó hace 18 años) a dejar Buenos Aires y radicarse en Islas del Ibicuy. Años más tarde regresaría a Gualeguaychú a vivir en el barrio Munilla, donde reside hace casi 50 años.

Teresa dejó un mensaje para muchos que, desilusionados, indignados e incluso enojados, dejaron de sufragar apenas la ley les quitó la obligatoriedad. Ella nunca dejó de ir a las urnas para emitir su voto y este domingo volverá a la escuela Matheu a repetir lo mismo que hizo en las PASO. “Cada uno debe decidir por uno mismo lo que quiere y ver lo que quiere, porque no hay que poner cualquier cosa, debe fijarse que la persona que va a poner (en el sobre) cumpla con los ideales de uno, para tener un pueblo limpio, que se fije en las necesidades de la gente y que se ocupe de lo social”.

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