Y la unión hizo la fuerza…
Compartir con Río Uruguay Seguros y la Escuela "República Oriental del Uruguay" la jornada del 19 de abril, día de los abuelos indios, fue una experiencia inolvidable.Paulina Lemes*Especial para El DíaTanto amor, tanto esfuerzo, tantas ganas venciendo a la adversidad, ilusionan con que un mundo mejor es posible solo con proponérnoslo.Muchos hombros se comprometieron para lograr un momento tan único: los gurises de 5° grado de la Escuela realizaron junto al museo Almeida, un paseo en lancha desde el puerto hasta la Boca del Río Gualeguaychú, pasando por arroyos, barrancas marinas y cerros indios.A veces cuesta menos de lo que uno piensa hacer felices a los demás, hacerse uno mismo más feliz. Es olvidarse apenas de nuestros apuros para mirarnos a los ojos sin tiempo, sin prisa. Fueron tantos los gestos de amor que uno sintió que el alma engordaba a medida que transcurría el día.Raúl Almeida contaba que los ríos y arroyos nacen pequeños y humildes y se engrosan con el aporte de cañadones, lagunas y vertientes hasta hacerse grandes y volcarse en cursos aún mayores, aportándoles su caudal.Así sucedió el martes. Cada uno dejó su carga de amor, su grano de arena para la construcción del milagro. Así el amor triunfó por un rato allí donde la adversidad tiene cara de rutina.Entonces sucedió aquello que nos engrandece como personas: la maravilla del hombre cuando puede donarse. Y los mil gestos, imperceptibles, hicieron un río inmenso, buscando el mar...Liliana pone mayonesa, prepara hamburguesas, canta, baila y trepa a la lancha. Parece un hada leve. Mientras reparte bananas se fija si hay alguno de los nenes que está ofendido y lo contiene, reta a otros que se han apartado demasiado, sirve gaseosa y charla con sus pares. ¡Todo a la vez! Tiene los ojos en todas partes y ama a esos gurises que la hacen flotar en el aire. Ojos en la nuca... y en el corazón.Mauro, como un príncipe de los cuentos, rescata a varias princesas niñas de su torre triste de carencias con su corcel de agua. Las lleva en el viento para que sus ilusiones no se opaquen jamás.Los ojos se le empañan a la Directora con sus sueños de computadoras para una escuela cuya "oferta educativa" y principal atractivo es el comedor. Quisiera mucho más para esos 140 hijos adoptivos que no suman la matrícula necesaria como para ser tenidos en cuenta. Los mira divertirse y aprender y le parece un sueño... Tal vez ni ella misma lo creía posible.Raúl cuenta y se asombra junto con los gurises. Su aspecto serio del principio del viaje hace acordar al gesto ceñudo de su padre. Inspira respeto igual que don Manuel, el de la voluntad de hierro, el sacrificio silencioso y la pasión científica. Apoyado en un bastón de caña Raúl recorre la barranca marina y descubre los secretos de la tierra. Con su estampa hace aparecer al duende tan querido. Siento, mientras lo veo, que don Manuel Almeida guiña sus ojos marrón-celestes escondido entre el monte y a las risas con un puñado de abuelos indios. Nos miran sacarnos los abrojos y espantarnos los mosquitos y se regocijan en nuestra poca pericia de "pueblerinos". El fantasma de don Manuel respira aliviado... no vamos a olvidarlos... no vamos a bajar los brazos...El guía de nuestra excursión se desgarra en un "qué barbaridad" cuando los trasmayos, el desmonte indiscriminado sobre el arroyo Venerato, el secado de las lagunas interiores para sembrar soja, la mortandad de peces por los pesticidas y Botnia, escupiendo humo, ponen en riesgo la maravilla de la naturaleza. Carga la lanza de sus viejos abuelos, convertida en palabras y la hunde en los corazones de su auditorio. Le duelen de nuevo las llagas de este mundo que llora su propia muerte lenta mientras nadie hace nada al respecto.Los ojos de Pedrito beben el paisaje y se asombran ante todo. Vuelve a "descubrir América" con su rostro maravillado y feliz. Come lentamente para que le "entre más". Tal vez sea la única comida del día... Por adentro uno siente una vergüenza...La sonrisa de Agustín se enmarca en sus cachetes colorados y lustrosos mientras saltamos en la lancha atravesando las olas artificiales que producen los tres motores de la excursión. El sol de la mañana, más dorado que nunca, hace brillar la estela de agua. Oro y más oro en el brillo, en los árboles de otoño, en las risas, en el alma...Carlos acarrea hamburguesas, las gaseosas, el yogurt, el agua, las facturas... Quiere que todo esté listo, quiere que cada uno se sienta protagonista y cuida a cada chico, hace las compras y sueña "como si fuera para sus propios hijos".Todas las señoritas sirven jugo, acarrean vasos, servilletas y traen dentro de varias cajas aún más amor hecho tortas de las cocineras de la Escuela. También hay pochocho, no es cuestión de pasar hambre... Cotorrean como buenas maestras de sus orgullos: el patio grande y la huerta con limón, durazno y portillo. Ayudan a la seño de gimnasia que hace correr a los gurises por todo el predio de lo "Boari" que nos ha recibido con los brazos abiertos, las brasas calientes y dorado a la parrilla. Los nenes buscan "maravillas de la naturaleza" e intentan dar con el imposible "trébol de cuatro hojas" solicitado en una lista. Hay que descargar energías después de varias horas de lancha quietitos.Cambian las caras de la Empresa Río Uruguay y continúa la misma dedicación y cuidado. Acarrean la comida que ha sobrado porque el amor ha sido demasiado.Así transcurre el día pintado de otoño en la selva en galería que describe Raúl. Para que todos escuchen al maestro, Martín, que conduce la otra lancha, se arrima. En silencio también controla el improvisado partido de fútbol de la tarde, acarrea la guitarra y prepara el mate. Pocas palabras y servicio enorme... Cada uno hizo su parte, puso su corazón.Una mano más otra mano...Fue un momento para reencontrarnos con las raíces, con la cachetada de la realidad y con la certeza de que se puede, al menos un poco, torcer el rumbo de la desgracia...Gracias a todos los que participaron en este proyecto conjunto en donde la Escuela República Oriental, la Empresa Río Uruguay Seguros y el Museo Arqueológico Manuel Almeida cocinaron un sueño que todavía saboreo en mi alma.Y prontito... ¡se viene la segunda!Esperan en la "gatera" cuarto grado y sexto.¡Esta historia aún no ha terminado! * Integrante del Museo Arqueológico Manuel AlmeidaESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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