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Y vos, ¿sabés cuál es tu Ikigai?

Qué es y para qué sirve el concepto con el que los japoneses definen su razón de ser.

Por Florencia Carbone

Los japoneses usan un concepto para guiar sus vidas: Ikigai. La etimología del término viene de “Iki”, que significa vida o vivir, y “gai” que es razón. Por eso el término se traduce como “la razón de ser o de vida” para cada persona.

Nicole Ramiro hace su propia traducción: “Son esas cosas por las cuales uno vive, el motivo por el que nos levantamos cada día, lo que nos moviliza. Eso que late fuerte adentro tuyo. Es como una brújula para tomar decisiones y también un camino para escuchar nuestra voz interior”.

Hace “dos años y nueve meses” Nicole decidió dejar la Argentina y mudarse a Barcelona –“la cuna del diseño”- para hacer un Máster en Diseño Publicitario y Comunicación.

En marzo, en plena pandemia, cuando la acababan de echar de la empresa en la que trabajaba, y casi por casualidad, descubrió el “mundo Ikigai”.

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“Estaba completamente desamparada, no sabía a qué quería dedicarme ni a qué trabajos aplicar. Cual ángel de la Guarda, Alan Ramírez, un profesor de la casa de estudios donde hice el Máster en Barcelona, compartió un video gracias al que conocí este maravilloso concepto que transformó mi vida y me orientó a definir cuál es mi propósito: ser escritora, explorar herramientas del mundo del diseño e inspirar a otros a encontrar su propio ser”, relata.

Transformación social

Nicole cree en la comunicación como una herramienta necesaria para la transformación social. Por eso, al finalizar la carrera decidió explorar todas las facetas posibles: trabajó en comunicación interna y externa, así como en la gestión de proyectos para el sector público y privado; para instituciones gubernamentales, empresas, start ups, agencia y ONGs.

“De a poco, me fui convirtiendo en un camaleón capaz de adaptarme a nuevos entornos y meterme en la piel de otras personas”, dice desde Barcelona.

-¿Qué es el Ikigai?

-Un psicólogo japonés llamado Michiko Kumano lo describe como el florecimiento humano o el “mayor bienestar” humano. Mieko Kamimya, madre de la psicología del Ikigai, habla de un estado mental, un poder necesario para vivir en este mundo, la felicidad de estar vivo.

En mi caso, me iluminó en tiempos de pandemia para trabajar por primera vez de algo que amo: redactar y crear contenidos creativos con foco en el mundo educativo, participar de producciones para clientes locales y ahora, hace poco, encontrar trabajo como asistente de postproducción para una agencia líder en creatividad: McCann.

Este concepto también me permitió a conectar con un trabajo muy profundo e interno que vengo haciendo hace tres años, a mostrar lo que aprendí y me funcionó hasta ahora, a ayudar a otras almas que están en proceso de búsqueda de su Ikigai, a compartirles mi proceso a través de las redes (en Instagram es @nickitaloop).

-¿Por qué es importante que cada uno “encuentre” su Ikigai?

-Creo que el mundo cambiará el día que todas las personas se animen a revelar, en su sentido más puro y profundo, quiénes vinieron a ser en esta vida. Y una vez que lo tengan en claro, se animen a llevarlo a cabo. Lo ideal sería que cada quien encuentre a su Ikigai porque eso, además del aspecto personal, implica contribuir al bien común.

Los 4 factores

El Ikigai se compone de 4 factores: lo que uno ama, en lo que uno naturalmente es bueno, qué de todo lo uno hace es redituable y qué es lo que realmente el mundo necesita. Este último punto me parece precioso y clave.

Siento que la pandemia nos está pidiendo a gritos atender esto, dejar de pensar de manera individual y pensarnos más como individuos siendo parte de un todo, comprendiendo que la vida no es obligación ni deber, es entrega y amor.

Igualmente, como siempre digo, por más que las personas no lo lleven a la acción, que se tomen el tiempo de pensar o hacer el ejercicio (de buscar su Ikigai) es ¡un montón!

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Vivimos en un mundo donde reina el automatismo. Está buenísimo que ahora hayan venido tiempos de mayor consciencia, y que las personas se estén animando a querer conectar con todo lo que vienen a brindar y a dar en esta vida.

Es un tiempo que nos invita -y es propicio- a poner freno a ese piloto automático en el que muchas veces vivimos para darle lugar a lo que de verdad nos importa y nos hace bien hacer.

No es fácil el ejercicio, requiere de tiempo, paciencia y perseverancia. No se completa en un día.

Es importante recordar que "no tiene que estar bien" o "no tiene que ser genial", es una invitación a una reflexión muy profunda, a conocernos y un animarnos mucho a todo lo que aparezca. Requiere de muchísimo amor y contención para con nosotros mismos.

Conexión laboral

-¿De qué modo puede ayudar esta herramienta a alguien en el mundo laboral?

-Ayuda principalmente para definir qué sí y qué no. A modo de ejemplo, cuando estás en la búsqueda laboral dedicás mucho tiempo y hay mucha entrega para aplicar a un puesto. No se deberían enviar currículum ni cartas de presentación como máquina de empaquetados de embutidos.

Hoy en día las empresas, los reclutadores o tus potenciales clientes buscan que tengas muy en claro a qué te interesa dedicarte en esta vida, cuáles son tus pasiones, qué te moviliza, qué aportes podrías brindarles y a qué estás dispuesto a dedicarle tanto tiempo y esfuerzo en tu día a día.

Soy de las que cree fervientemente que no se trata de encontrar un trabajo que te apasione para no trabajar ni un sólo día de tu vida, más bien es clave encontrar un trabajo sabiendo que le vas a dedicar muchísimas horas de tu vida a eso que te enciende.

Este es un método que también sirve a la hora de cambiar de carrera y/o de encontrar lo que realmente te apasiona, para no guiarte por idealizaciones. Y eso te sirve, porque a medida que vas construyendo tu camino y trayectoria profesional vas eligiendo a consciencia trabajos o involucrándote en proyectos en dirección a tu razón de ser en la vida.

-A pesar de que hay un consenso generalizado respecto de la importancia de las “habilidades blandas” en el mundo actual no es algo sobre lo que la educación formal ponga el foco. ¿Qué tipo de habilidades se necesitan para encontrar el Ikigai? ¿Es un proceso que se puede hacer solo o es necesaria la guía de un experto?

-El ADN de este precioso ejercicio radica en la singularidad y simplicidad de:

1) Darse prioridad a uno mismo y hacerse el tiempo

2) Crear las condiciones y el entorno necesario para el momento que uno le dedique a esta actividad.

Es clave crear nuestro espacio para conectar con nosotros mismos, desde poner el celular en modo avión hasta mimarnos con una playlist que nos inspire a completar cada una de las categorías que lo componen.

Mundo interno

Hay algo que se llama instinto básico. Cuánto más espontáneas sean nuestras respuestas, más conectados estaremos con nuestro mundo interno. Más fácil será también identificar qué es lo que nos hace únicos y ver todo lo que tenemos para dar.

Es un proceso que uno puede hacerlo solo, pero con la guía de un experto se vuelve más fácil. Así surgió la idea de los talleres.

-¿A qué edad sería ideal comenzar esta búsqueda?

-¡Uf! No creo que haya una edad ideal. Aunque cuanto antes lo conozcamos y atendamos, más felices seríamos con nuestras vidas, la realidad es que nunca es tarde para descubrir y conectar con lo que verdaderamente nos gusta y hace bien.

El alma no tiene apuro. Es clave explorar todo aquello que nos haga sonreír de tan sólo pensarlo y hacerlo, pero es importante recordar que la vida es una sola y ser conscientes de que llegará un día de “game over”. Por eso, en algún punto de nuestra vida resulta clave hacer un parate, cuestionarnos y decidir para qué lado queremos ir y profundizar.

-¿Cuál es el rol de los padres y los docentes en este proceso?

-Me emociona muchísimo la pregunta. Resulta hermoso que pueda haber padres y docentes que acompañen en esta búsqueda personal del Ikigai. Hace poco me topé con un poema que decía algo así como “hay personas que aparecen en nuestra vida para que nos ayuden a ver lo que uno no puede ver”.

Me pasó. Con mis padres, por ejemplo, desde chica. Papá me motivó para estudiar y dedicarme a lo que me apasionara sin juzgar ni intervenir en mi proceso personal, o mamá que me aconsejó estudiar la carrera que terminé finalmente cursando. También fui afortunada con todo lo que me dieron distintos profes al ver el brillo en mis ojos cuando se trataba de la escritura, de la poesía o a la hora de ejecutar algún proyecto con Adobe. Y amigos y ex parejas.

Hay que agradecer mucho a las personas que aparecen en nuestras vidas porque cada una ha sido enviada como guía del más allá. Y es importante, por sobre todo, aprender también a agradecernos a nosotros mismos por quiénes somos, por darnos el espacio para encontrar nuestra razón de ser y animarnos a ver ese ser de luz que somos todos.

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