Ya funcionan 13 huertas en el Barrio Toto Irigoyen
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Cuarenta familias del ex asentamiento de Montana viven actualmente en el nuevo Barrio Toto Irigoyen. Trece huertas están en pleno funcionamiento y ya tuvieron sus primeros frutos. Los vecinos contaron a ElDía cómo les cambió la vida. Fabián Miró Lo que era campo virgen, cubierto de espinillos, se transformó en un barrio que crece día a día. Allí viven unas 40 familias provenientes del exasentamiento del Boulevard Montana.Lucrecia Benítez es una de las vecinas. No vivía en un asentamiento, pero siempre ayudó a gente sin recursos y hoy es la cabeza visible del barrio. La que coordina todo lo que pasa en lugar "llevamos adelante un trabajo que demanda tiempo. Acompañando, ayudando a gente que no tenía nada, y ahora se encuentra en una casa con un fondo para hacer huertas y otro tipo de emprendimientos, como cría de gallinas, que ayudan en la economía familiar. La idea es que cada uno tenga su huerta familiar, que los chicos puedan consumir verdura orgánica producida en su propia casa", explicó a ElDía.Indicó que es un proceso largo. "La gente no tiene una base firme de cómo trabajar la tierra, pero contamos con las herramientas para salir adelante, como dos galpones productivos. Además, se está levantando una guardería para que las madres puedan dejar a sus hijos y trabajar tranquilas".Recordó que la mayoría de la gente que habita el lugar vivió muy malas experiencias en su niñez, "y nuestra misión es ayudarlos y acompañarlos en lo que sea, fundamentalmente a los chicos, para que forjen un futuro positivo". Sobre los padres, comentó que predomina la juventud; "son muy responsables y estoy feliz de trabajar con ellos. Hace muchos años que estoy en esto, y sé por lo que ha pasado cada familia. Hay que estar con la gente que necesita una mano, la que a veces no es escuchada, la que a veces no es atendida como corresponde, entonces voy y peleo por ellos, si es necesario", acotó. LOS TALLERES En breve comenzarán a trabajar las trabajadoras del Área de la Mujer. "En lo social siempre estamos junto a Fernando Irigoyen, además de Daniel Irigoyen, Romina Baldón, Estela Barrios, que es una docente que está trabajando acá. Muchísima gente que está aportando todos los días", contó. Adelantó que en los galpones productivos habrá "una fábrica de aberturas de aluminio, ladrillos armados, y se va a trabajar todo lo que sea conserva". Incluso, "hay cooperativas en la cual trabajan mujeres y de a poco se va armando este rompecabezas que parecía tan lejano y hoy está tan cerca", dijo y afirmó: "la gente cuida su casa, valora lo que tiene". PLAYÓN DEPORTIVOEn el barrio se está levantando además, un playón deportivo que va a contar con una cancha de fútbol para que los chicos tengan recreación, además de la práctica de artes marciales, los martes y los jueves. "Entendemos que si no tienen deporte, no se puede trabajar, porque en realidad ellos tienen que tener una ocupación", aseguró Benítez. EL INTALa agencia local se trasladó al barrio. Próximamente tendrá su edificio, pero mientras, funciona en uno de los galpones. Consultada la Ingeniera, Bettina Londra, sobre los trabajos que desarrolla el Instituto comentó que es "ayudar a la gente que vivía en un lugar muy reducido para que empiece a trabajar en huertas, lo que implica un cambio importante, aunque todo tiene su propia problemática", indicó. Al respecto, explicó que "es un campo de desmonte, un campo virgen, le falta fertilidad. Estaban haciendo un pozo y la capa negra que tienen es de 80 centímetros. Es lo mejor que he visto en la ciudad de Gualeguaychú", aseguró la profesional. Dijo también que "la parte física del suelo, la aireación está muy buena, pero le falta abono, es tierra bruta. La gente llegó en noviembre, luego hubo un diciembre caluroso y un enero tremendamente llovedor. A veces las expectativas son demasiadas pero la realidad como a todos", reflexionó.Contó que están trabajando "desde lo básico, que es dar vuelta la tierra. Están trayendo abono de cama de pollo que hay en la zona; se siembra todo natural". Aclaró en seguida: "Agroquímicos acá no tenemos, salvo los permitidos para la huerta orgánica, que son algunos productos que se pueden poner".Las huertas se preparan para el otoño. Pero ya cosecharon zapatillos. "Tuvieron algo de tomate tardío; tienen morrón, chauchas y algunos zapallitos, y una hilera de plantas de maíz, que pueden hacer las veces de cobertura para la huerta, en el caso de vientos", contó Londra. RECUADRODOS HISTORIASUna de las vecinas que proviene de un asentamiento es Sabrina. "Vivía en una casillita de madera con mis chicos en el Primero de Mayo y Montana, hasta que nos entregaron la casa. Era complicado. Mucha humedad, los chicos vivían enfermos. Convivíamos con las ratas y los chicos se enfermaban", contó a ElDía.En verano, como ahora, "sólo un ventilador", recordó. "Estábamos enganchados de la luz y así vivíamos. Acá tenemos para pagar. Gracias a Dios podemos pagar una boleta de luz. En cada lluvia nos inundábamos hasta las rodillas. Si llovía una semana... una semana con agua y enfermedades", relató con un dejo de tristeza al recordar ese pasado tan duro. Y siguió: "Cada uno se rebuscaba como podía, para trabajar o para traer algo para comer".- ¿Por qué se llega a una situación límite de vivir en un asentamiento?- Por no tener donde vivir. No somos solamente nosotros. Hay mucha gente en el asentamiento. Tuvimos la suerte de ser los primeros en recibir la casa, pero hay mucha gente que vive así todavía. Esperé tanto que me dieran la casa que lo único que hacemos es cuidarla. Y para que cuando faltemos, la casa quede para los chicos. Es una bendición de Dios. Mi marido está trabajando y terminó primero en el secundario. Ahora esperamos si sale algún trabajo. Es bastante complicado. Ya estamos anotados en una cooperativa y ahora esperamos a ver si sale algo para poder empezar a trabajar. Acá tenemos un terreno bastante grande (20x 50) para criar gallinas y trabajar la tierra. En mi caso, ya empecé la huerta. Estamos esperando que salgan los frutos de lo que hemos plantado", manifestó orgullosa.Hipólito tiene 67 años, el rostro surcado por los rigores del clima y las manos curtidas por el trabajo que desarrolló como jornalero. "Hice de todo. Pelé pinos, trabajé en la forestación, siempre en el campo", contó.Por esas cosas de la vida, el hombre nacido en Médanos, radicado en nuestra zona desde hace 42 años, terminó en un asentamiento.Sin embargo, la vida le brindó una segunda oportunidad. "Le pedí a Dios que me diera una casita y ahora llegó. Tengo problemas en un pulmón. No puedo hacer nada, pero crío patos criollos y un marrueco y tengo doce gallinas", enumeró. El hombre vive con su nieto, Esteban, de 12 años. "Es muy compañero, y me ayuda en la crianza de las aves", confió.
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