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Yanina trabaja en Entre Ríos y hace más de un año no puede cruzar a Uruguay a ver sus hijos

Yanina Tamaño vive en Uruguay pero trabaja en Entre Ríos y realiza su tratamiento médico en Buenos Aires. A causa de las resticciones no ve a sus hijos desde marzo del año pasado

Yanina Tamaño vive en Salto (Uruguay) con sus dos hijos y su esposo. Pero trabaja en Concordia (Entre Ríos) y trata su enfermedad en Buenos Aires. Al comenzar la pandemia de coronavirus, quedó de un lado del río Uruguay y su familia del otro. No están juntos desde marzo del año pasado, aunque tuvieron un breve reencuentro en diciembre. En su misma situación hay unas 200 familias de esa zona y se suman otras tantas de los pasos por Gualeguaychú y Colón.

Las decisiones sobre restricciones por la pandemia tomadas desde Buenos Aires para todo el país han tenido algunas consecuencias indeseables. Estos problemas han quedado latentes o se han ido agravando con el paso del tiempo, producto no solo de urgencias mayores sino también de la distancia que existe entre el lugar donde se produce el inconveniente y el centro de decisión que debe intervenir. Uno de ellos es el de Yanina Tamaño.

Es terapeuta y está en la primera línea de atención del COVID–19, enfermedad que el año pasado la tuvo 24 días fuera de combate. Trabaja en Concordia en su consultorio y, además, es paciente oncológica. El tratamiento y los médicos que la atienden están en Buenos Aires. Su pareja, Luis de 53 años, es uruguayo y tiene la misma profesión. Tienen dos hijos: Vito de 11 y Felipe de 9. Todos viven en Salto y, en la normalidad pre pandemia, Yanina viajaba periódicamente entre una ciudad y otra. Pero el Coronavirus cambió todo. Tras la declaración de cuarentena y el cierre de fronteras, durante todo 2020 ella quedó del lado argentino con los chicos sin que Luis pudiera verlos. Desde diciembre es al revés: los nenes quedaron del lado uruguayo con el padre y quien sufre la separación es la madre.

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Las ciudades de Concordia en Entre Ríos y Salto (ROU) están separadas por el río Uruguay y vinculadas por el puente internacional construido sobre la represa de Salto Grande desde principios de los ’80. Esta conexión física forjó una proceso de integración fuerte, que convierte a ambas localidades casi en un mismo núcleo urbano. Tal es así que el Banco Interamericano de Desarrollo financiará del lado argentino un aeropuerto binacional.

Un largo camino

A fin del año pasado, Yanina y sus hijos cruzaron a Salto para el reencuentro familiar. Pero luego ella debió volver porque tenía una consulta con el oncólogo en Buenos Aires. En el interín, Argentina impuso nuevas restricciones al tránsito fronterizo y la familia se partió de nuevo.

Para cumplir con el procedimiento que definieron las autoridades nacionales, una vez que haya pasado a Salto Yanina tendría que regresar a nuestro país viajando hasta Montevideo en ómnibus. Desde allí, pasar a la Argentina por Buquebus o vía aérea y desde Capital Federal a Concordia debería abordar otro colectivo.

Es decir: en vez de retornar en un viaje de 30 km (distancia que separa la ciudad uruguaya de la argentina), Yanina se vería obligada a hacer un periplo de 1.100 kilómetros. En el trayecto, de estar afectada por el COVID–19, estaría desparramando el virus por todo el litoral uruguayo y la principal ciudad argentina. Si no lo está, se estaría forzando a una paciente oncológica a exponerse innecesariamente al contagio. Además hay que sumar el factor económico: el costo del recorrido no baja de los $40 mil.

“Hace un año que estamos con esta problemática. Pero nadie nos escuchó. Ahora estoy padeciendo lo que sufrió él durante todo el año pasado. La última vez que estuve con mis hijos fue el 8 de diciembre”, relató.

“En mi desesperación –confesó– esta semana hicimos un intento muy tonto. Fui hasta el puente y llegué hasta la Aduana. Mis hijos y el papá fueron hasta la Aduana uruguaya, del otro lado. Fue horrible porque al verme, los chicos me querían abrazar y no podían, nos teníamos que ver y saludarnos con la mano a media cuadra. Y encima la Gendarmería los corrió porque no podíamos estar allí. Nunca más lo hago. Porque fue peor”.

Aprovechando la estrechez del río Uruguay a la altura del parque San Carlos en Concordia, Yanina va allí casi todos los días y saluda a sus hijos que están en la ribera oriental. Lo mismo hacen otros integrantes del grupo en otra zona, la playa Nebel.

“Cada vez que hablo con mis hijos, me angustio. Por eso todos los días hago 15 km en bicicleta para sacarme la bronca y que no me salte la cabeza”, confesó a Infobae.

La situación límite que afronta le hace ver a Yanina la realidad de otra manera. Cuando habla se le nota la angustia, la bronca, sin embargo mantuvo la calma durante toda la charla. Este año no pudo compartir el festejo de los 11 de Vito, su hijo mayor. La última foto familiar de un festejo de cumpleaños es cuando llegó a los 10. “La vida para mí siempre es un tiempo de descuento. No me quiero perder un amanecer más. Si los funcionarios además de cuerpo tienen corazón, esto se tendría que resolver pronto”, reflexionó Yanina.

Reclamo

“Somos unas 200 familias, todas damnificadas, de Concordia. Y en cada paso fronterizo se encuentra una situación similar. A todos nos está pasando algo que tiene que ver con los derechos humanos. Nadie quiere ir (al Uruguay) a pasear o a comprar”, relató Yanina al portal Infobae. Estos casos terminaron conformando el Grupo Puente Concordia Salto. Son personas que realizan su actividad de un lado del río (trabajan, estudian) y viven del otro.

La prohibición para poder hacer el ida y vuelta entre Concordia y Salto “es argentina”, afirmó Yanina. “Si conseguimos el permiso, el Uruguay nos deja pasar por ser ciudadana o residente uruguaya”, agregó. Asimismo, recordó que el grupo elaboró un protocolo para poder realizar el cruce diariamente, como lo hacen los camiones que llevan y traen mercadería. Una copia fue al Concejo Deliberante de Concordia y otra a la Cancillería. Nunca tuvieron respuesta. Tampoco se acercó nadie del Gobierno nacional o provincial a interesarse por la situación que atraviesan.

El pasado domingo 21, el Grupo Puente Salto Concordia se movilizó a la cabecera argentina para protestar por las restricciones al paso. Además de las manifestaciones públicas, crearon un grupo en Facebook y en Instagram para apoyarse mutuamente y compartir sus historias.

Una de ellas es la de Graciela Inés González. “¿Cómo poder estar con mi esposo con enfermedad renal crónica, en diálisis y en espera de trasplante en Uruguay y a la vez estar en Argentina por trabajo y acompañando a mi madre, quien no tiene a otro familiar, con la frontera terrestre cerrada?”, se preguntó. Luego cuestionó que el PCR, cuarentena y cuidados especiales “no son medidas para otorgar una flexibilización por el camino más corto”, los 30 km entre Concordia y Salto pero sí “por Buquebus y 1.100 km de tránsito”.

Doris Correa es uruguaya y está en pareja desde hace 10 años con un concordiense. Por razones laborales, familiares y de salud, ella vivía en Salto y él en la ciudad argentina. La imposibilidad de cruzar por el puente los mantiene separados hace un año. “¿Es tan complicado habilitar el paso por el Puente Salto Grande para las personas que tenemos vínculos familiares, laborales, estudios, en ambas ciudades? Desde los escritorios, los gobernantes ¿no pueden leer nuestras cartas y pensar un poquito?”, criticó. (Infobae)

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