Yari Casanova, de arquitecto a autodidacta del arte
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Padre de tres hijos y arquitecto, aunque se volvió de Buenos Aires sin terminar la carrera. A fin de año se cumplirá el primer año de que abrió al público La Cómoda, su propio emprendimiento. No estudié arte, pero tengo el ojo del arquitecto", dispara.Como es habitual entre buena parte de los jóvenes de la ciudad, una vez que terminó el colegio secundario -pasó por el Guadalupe, el Pio XII y la Enova-, se fue a vivir a Buenos Aires para ingresar en la universidad.En la UBA, con idas y vueltas de por medio, hizo la carrera de arquitectura, pero antes de terminarla decidió volverse a Gualeguacyhú, hace algo más de cinco años. Theo, el mayor de sus tres hijos -después llegaron Chloe y Cala-, y María Eugenia, su pareja, tuvieron que ver mucho en esa decisión."Acá es otra vida. Cuando llegué me puse a buscar un taller para pintar, para hacer maquetas y esculturas. Busqué y busqué hasta que encontré", dice Yari Casanova, sentado en medio de La Cómoda, el taller de arte que abrió al público en diciembre del año pasado que está en Bolivar 666.El lugar es amplio, con varias habitaciones, propio de la arquitectura de la primera mitad del siglo pasado. En su interior, lo rústico de las paredes se confunde con la profundidad de los cuadros, con el estilo de los muebles intervenidos y el detalle de las obras de arte con las que se tropieza en cada rincón."Es todo medio reciclado, está hecho a pulmón. Desde siempre mi idea fue abrir un espacio de diseño, de muebles, de arte. Más que nada esto de reunir a artistas y que cada uno pueda mostrar lo que hace", expresa el joven de 36 años a quien le cuesta encasillarse en algún estilo definido: "Hago de todo, me gusta lo abstracto, el realismo y los términos medios, hago lo que me sale"."Soy autodidacta, de prueba y error. No estudié arte, pero tengo el ojo del arquitecto. Me gusta de todo, aprecio el minimalismo, la historia de la arquitectura, hacer maquetas, muebles, pintar", dispara sentado entre un cuadro de un oso son traje -homenaje a su padre sastre- y una cierra circular.Si bien dibuja "desde siempre", durante tres años de la carrera fue ayudante de cátedra en una materia que terminó de formar su estilo. Hoy, más allá de que trabaja como arquitecto, Casanova se da el gusto de vivir del arte, lo que verdaderamente lo apasiona."Por suerte tengo muchos encargues que terminar y entregar, me tengo que poner con eso... No es fácil vivir de esto. Pero soy inquieto, hago un mueble, lo diseño, lo pinto. Vengo de noche al taller, me pongo a pintar un cuadro, escucho música, disfruto muchísimo de todo eso", relata."Afortunadamente, creo que la gente ya está más entrenada para distinguir lo que es un mueble de diseño, por ejemplo. Entonces te valora el laburo como lo que es, un trabajo. De a poco el arte deja de ser un hobby para ser valorado un poco más", reflexiona.Un espacio diferente En diciembre La Cómoda tuvo su primera muestra. Con diez artistas de Buenos Aires y seis de la ciudad, Casanova inauguró una serie de noches que pretende cerrar a fin de año con una exposición propia."Me interesa eso de que en un mismo momento, en un mismo sitio, se funcionen varias disciplinas. El arte con la gastronomía, el comer algo rico y la degustación de un buen vino, la música en vivo: todo eso me parece único. No son muestras convencionales, se abre después de las ocho y hasta las dos de la mañana no solo se aprecia la exposición, se come, se toma, se disfruta muchísimo", describe quien se considera un "enfermo del detalle".Con experiencias en todo tipo de creación, desde las carrozas del carnaval o los talleres de Marí Marí, hasta las creaciones artísticas para el más alto nivel de la moda nacional, como las esculturas de rinocerontes y elefantes diseñadas para una de las muestras de Benito Fernández. Así de amplio es el abanico de creación que tiene. Pero, según él mismo confiesa, uno de los momentos que más le llena el alma son las muestras que organiza en La Cómoda."Muchos amigos colaboran conmigo. Varias marcas de conocidos me acompañan económicamente o a cambio de sus productos. Entonces, cuando la gente se va de la muestra no solamente disfrutó del arte y se encontró con amigos, sino que se van súper llenos de comer y tomar toda la noche. Se disfruta de verdad, es un momento impagable".
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