Zafarrancho en el río
En razón del incremento del pasaje entre Buenos Aires y Concepción del Uruguay debido al servicio ferro-fluvial con inicio en el Paraguay y que empalmaba en La Histórica, en la década del 50, la Flota Fluvial dispuso afectar el vapor "Ciudad de Buenos Aires" con una capacidad total de 720 pasajeros. Como nave de cabotaje era de gran porte, lujoso y parecía a prueba de naufragios, pero...Por Oscar BlancEspecial para El Día Leemos en El Argentino del miércoles 28 agosto de 1957 una noticia originada en la Agencia UP"En viaje a C. Del Uruguay hundióse esta madrugada el "Ciudad de Buenos Aires"No hay que lamentar víctimas fatales".Tan escueto como erróneo. No fue a la madrugada sino una hora y cuarto antes de la medianoche del 27. Sólo una noticia tan apresurada, fragmentaria y carente de asidero podía adelantar que no había muertos en un naufragio que resulto ser uno de los mayores en la cuenca del Río de la Plata.Más detallada y con visos de veracidad la noticia del jueves 29 en el mismo diario relata:"Momentos de pánico se vivieron a bordo del paquete "Ciudad de Buenos Aires".Se hundió en 18 minutos al ser embestido por el Mormacsurf. Se habría quitado la vida el capitán. Las versiones dicen que el horario de la colisión fue a las 22:45 (...)"
Efectivamente el 27 de agosto de 1957 zarpó de Dársena Norte. A la hora 17. Destino: Concepción del Uruguay con 78 pasajeros de primera clase, 63 de segunda y 89 tripulantes. "A la noche se cerró una espesa niebla que provocó una visibilidad cero", dice la información oficial. (Más adelante veremos que la cerrazón no habría sido tal y que la navegación se desarrollaba con buen tiempo, cielo despejado y buena visibilidad).A la hora de terminada la cena y con los pasajeros recorriendo el buque o ya comenzando a descansar, el "Ciudad de Buenos Aires" se acercaba muy lentamente al canal principal. Para más precisiones entre el kilómetro 123 y la boya del km 124, desembocadura del Paraná Bravo. Frente a Carmelo, en la vecina orilla. Al mismo tiempo el carguero "Mormacsurf" que venía desde Rosario hacia Buenos Aires cuando "por la niebla existente" embistió violentamente al Ciudad de Buenos Aires y hundió su proa sobre el lado de babor (*).Los pasajeros fueron arrojados al suelo con un estrépito impresionante, casi a ciegas y en medio del pánico colectivo; la gente corría por los pasillos. Las cañerías se habían roto y el agua comenzó a inundar al buque. Muchos de los desaparecidos fueron tripulantes quienes repartieron chalecos salvavidas hasta último momento, incluso los de ellos mismos.El Capitán Silverio Brizuela trató de salvar vidas en todo momento, hasta que, según el testimonio de un tripulante "después se dirigió a su camarote y no lo vi más". Otros relatos dicen haber visto al capitán con un revolver en la mano por lo que se lo vincula a un eventual suicidio, legendario proceder de un capitán en los naufragios.Las versiones de quienes viajaban en el vapor dan cuenta que "el carguero primero lo chocó en el centro, haciéndole un rumbo importante y perforando los tanques de combustible". Luego lo embiste nuevamente "tratando de abordarlo". O de embicarlo. Ahora con tal violencia que terminó de volcarlo.Desde el carguero se arriaron sus botes salvavidas de inmediato, se hizo una planchada de maderos sobre el agua y se lanzaron bengalas para iluminar el lugar; también se pudieron lanzar al agua algunos botes del "Ciudad de Buenos Aires"; sin embargo un sobreviviente, José Martínez, declaró que junto a otros pasajeros trataron de arrojar los botes salvavidas al agua "pero no pudieron desengancharlos porque estaban en malas condiciones".Desde los puertos argentinos cercanos salieron numerosas lanchas y desde Carmelo una lancha de salvataje y una corbeta. Llegaron de inmediato también remolcadores pero "quienes primero llegaron fueron los remolcadores "Don Bartolo" y "Don Bautista", se lee. No obstante no serían remolcadores y el "Don Bartolo" no vuelve a aparecer en los relatos del salvataje. No obstante veremos en el reportaje que se hace al capitán del "Don Bautista", buque del Frigorífico Gualeguaychú, cuan dramático fue el rescate y que sólo en esta nave el número de salvados fue el doble que los 17 inicialmente anunciados por el periódico.El vapor se hundió en sólo 19 minutos después del choque; al escorarse rápidamente a babor muchos pasajeros quedaron colgando de su estructura y al soltarse caían al agua fría o sobre el casco mismo. Muchos encontraron los bancos salvavidas que se habían desprendido de la cubierta y otros quedaban flotando, arrastrados por la corriente y "perdiéndose de vista en la niebla".Los que vivieron para contarlo describen escenas de inenarrable desesperación. Los caídos o arrojados al agua trataban de mantenerse a flote sobre una espesa capa de fuel oil mientras se escuchaban los desgarradores gritos de mujeres y niños. Se dice que los pedidos de auxilio "fueron escuchados por el personal de Prefectura del Guazú Guacito y movilizaron lanchas y botes" (otras versiones dicen que sólo tenían un bote). El combustible derramado cubría los cuerpos y eso hacía que resbalaran y no pudieran ser izados. Patética es la imagen de una criatura de dos meses que había sido sostenida casi una hora en alto por su padre mientras flotaba en un salvavidas hasta que se deslizó de sus brazos acalambrados, desapareciendo en la negrura del agua y de la noche.Para colmo de males la correntada alejaba río abajo a los náufragos, dificultando su rescate.A título ilustrativo vale incorporar partes del artículo del 30/07/57 de El Argentino "Relato de los Tripulantes de un Buque que Auxilió a los Náufragos del "Ciudad de Buenos Aires""El "Don Bautista" es (era) un buque de carga que realizaba transporte de carne enfriada entre Gualeguaychú y el Puerto de Buenos Aires. En conocimiento de haber participado del episodio fueron entrevistados Domingo Ávila, capitán, el cocinero Bartolomé Barberán y el timonel Carlos Altamirano.Dicen que divisaron las luces del carguero a estribor, y que pasó a pocos metros, cobrando distancia al poco tiempo. Eran pasadas las 22:00 horas. No mencionan para nada la neblina. "Podían siempre divisar las luces del barco americano y también las un vapor de pasajeros que navegaba en demanda del río Uruguay". Poco antes de las 23 el capitán se percata "que las luces del buque de pasajeros habían desaparecido". Y "se veían luces que no eran reglamentarias en la navegación".Al acercarse una nube de humo les hizo pensar en algún incendio. Ya en el teatro mismo de los sucesos se convencieron que estaban frente a una catástrofe. Del buque hundido sólo se veía la arboladura mientras numerosos náufragos luchaban desesperadamente por mantenerse a flote... Se puso en acción a toda la tripulación. Se bajó la única canoa y además con cabos la escalerilla de emergencia, el guinche y otros elementos improvisados...A consecuencia de la envoltura de petróleo los náufragos se escapaban de las manos de quienes querían alzarlos a cubierta. Se necesitaban cuatro por cada uno. Las mujeres con graves crisis nerviosas demandaban atención especial; y motivaba la desatención de los que flotaban, semi asfixiados. A los rescatados "...había que quitarles la ropa y pasarle estopa en la cara para sacarles la capa de combustible...".Una anécdota muy emotiva la constituyó el salvataje de Arturo Bompart, quien al encontrarse con hipotermia fue introducido en la sala de máquinas. Al rato se rescata una señora que clamaba por su esposo. Al día siguiente se reencontró con él: era la esposa de Bompart. En total salvaron a treinta y seis personas. Dramática situación vivió Eduardo Gutiérrez, Prefecto Marítimo. Viajaba acompañado de su esposa y una hija de 18 meses de edad; se arrojaron al agua, se golpearon en un objeto duro y la niña se les escapó de los brazos, desapareciendo.Dos botes salvavidas de la nave hundida flotaban con sus quillas al aire, lo que permite suponer que al ser abordados por un número excesivo de personas se dieron vuelta de campana y así quedaron boyando...Termina el reportaje con la opinión del capitán Ávila: dada la hora y la rapidez del hundimiento la mayor parte de las víctimas deben haber muerto en sus camarotes...Al momento de la entrevista tanto la nave como el bote estaban cubiertos del petróleo que recubriera a los náufragos.Los sobrevivientes fueron trasladados en su mayoría a Nueva Palmira y Carmelo, otros llegaron nadando a Martín García.Buzos de la Armada trabajaron con gran esfuerzo para rescatar los cadáveres de las víctimas que quedaron atrapadas en el buque, pero muchas simplemente desaparecieron.Finalmente, hubo 95 personas muertas o desaparecidas en el siniestro. La lista oficial enumeraba 72 pasajeros y 23 tripulantes. Varios de los muertos eran de C. Del Uruguay y Colón. Entre los sobrevivientes figura el profesor Marcelo Martínez Uncal, a quien tuve el gusto de conocer como docente en el Profesorado de Historia del Sedes Sapientiae. No había pasajeros de Gualeguaychú, aparentementePor las características del estuario los "prácticos de río" eran navegantes de máxima responsabilidad. El del carguero fue sometido a proceso junto al capitán. La tradición oral cuenta que Rodolfo Scianamea, vecino de esta ciudad y que tenía esa profesión debía tripular el vapor hundido pero faltó por razones personales.El "Ciudad de Buenos Aires" quedó partido en dos y sólo asomaban a la superficie la punta de dos palos y la pantalla del radar, como una boya innumerada, muda advertencia por años y años, de que el agua es uno de los elementos esenciales de los que somos tributarios. (*) Para los que no manejamos el lenguaje marinero: visto desde atrás (la popa), babor es el costado izquierdo, el costado derecho es estribor y adelante la proa. Material consultado: Diario El ArgentinoDiario La Calle de C. Del UruguayHistarmar.com.ar ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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