A la búsqueda de un modelo político
Mientras otros países han resuelto el delicado tema de la estabilidad política, en Argentina se sigue discutiendo si es posible la gobernabilidad y en qué condiciones.Para muchos analistas la caída de 2002 se llevó puesto el bipartidismo y la crisis de representatividad -por la cual los que mandan no mandan y los que obedecen no quieren obedecer- se instaló para quedarse.El liderazgo kirchnerista, al comienzo, insinuó una reconstrucción de la autoridad y la posibilidad de darse un esquema político-institucional nuevo. El experimento, al final, se malversó en un punto.Corolario: la crisis de representación continúa vivita y coleando. Tras la derrota electoral de junio de este año, el oficialismo se lanzó a una reforma política.Sus críticos dicen que es un dispositivo electoral a medida de los K, de cara a 2011. Los aliados progresistas, que hasta acá coadyuvaron desde el Congreso a consolidar la hegemonía K, ahora despotrican contra esa hegemonía.Denuncian otro Pacto de Olivos entre el PJ y la UCR, dirigido a reinstalar el bipartidismo. Y critican acremente el "autoritarismo" del kirchnerismo, aunque no disimulan su admiración hacia el régimen chavista en Venezuela.El ex ministro político del kirchnerismo, Alberto Fernández, también se ha metido en la discusión. Ha dicho, palabras más palabras menos, que hablar de reforma política sin cambiar a los políticos y sus prácticas es una trivialidad.En tanto Eduardo Duhalde, que también fogonea el bipartidismo, está obsesionado por el sistema político. Porque cree que la Argentina navega en la "anarquía".Viejo caudillo bonaerense, de raigambre política verticalista, Duhalde está tan decepcionado de los Kirchner, que ahora se ha hecho ferviente parlamentarista, al estilo europeo.Algunos peronistas han descubierto las bondades de las instituciones republicanas. Y predican la división de los poderes, con un entusiasmo que conmovería al mismísimo barón de Montesquieu.Tal es la obsesión de Duhalde que fue a Italia a preguntarle al veterano cientista político florentino Giovanni Sartori si era posible el parlamentarismo en Argentina."En mi país hay importantes políticos y académicos que estamos hablando de cambiar el sistema presidencialista, porque cuando el presidente no funciona los países tienen que soportarlo durante cuatro años", comentó Duhalde en ese encuentro.Pero el italiano le quitó el entusiasmo. Le respondió que un sistema político debe ser reflejo de la idiosincrasia de un país. Es decir, es un problema de cultura.Sartori ilustró así su pensamiento: "El sistema inglés funciona muy bien por las costumbres de la Constitución que son respetadas: llegan al punto de que si la mayoría de gobierno tiene dos diputados más, y éstos dos se engripan, el partido de gobierno llama por teléfono a la oposición para avisarles y la oposición hace retirar a dos de sus diputados. Con estas reglas, y si uno es tan correcto, el sistema funciona perfectamente".La respuesta es interesantísima: el modo de gobernar de los ingleses no es algo arbitrario ni artificial, sino que empalma con la cultura política de la isla.El parlamentarismo, así, sería un producto sofisticado de un estado de evolución política que nuestros países, acostumbrados al presidencialismo (quizá herencia española), no tienen.Sobre este tema resulta ilustrativo lo que pasa en China y en otros países de Asia (como Vietnam). Allí la conjunción de partido único (partido comunista) con una economía abierta ha inventado el "comunismo de mercado", al decir de los académicos.
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