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A Larreta se le van a secar los helechos pero Axel consiguió agua para apagar el incendio

Esos helechos quedarán en la historia. Son los que preanunciaron lo que pasaría y el corolario de un enfrentamiento, el enésimo, que todavía no tiene final. El Presidente pasó por los peores días de su mandato, pero encontró la salida. Costosa, pero salida al fin. Al cabo ganó tiempo, pero le abrió la puerta a la campaña. Esa que estaba larvada y oculta, pero ahora quedó expuesta.

Jorge Barroetaveña

El estallido de la policía bonaerense le corrió el telón a la crisis. La economía fundida, con el poder adquisitivo de la sociedad civil destruido, fue apenas el preludio del levantamiento. Grosero error del gobernador bonaerense, delfín de Cristina, que no pudo preveer ni anticipar semejante escenario. Impresión de “SúperBerni” que se cansó de trajinar por los canales de televisión hablando de “sus” policías y ensalzando su tarea con pomposos spots publicitarios de una dudosa campaña de lanzamiento propio a la política. A Berni no se le escapó la tortuga, el zoológico entero. Igual, con Kicillof no se privaron de aplaudir el resultado final del desastre, concluido el anuncio del aumento. Fue una victoria pírrica pero imprescindible. El conflicto no se podía extender en el tiempo, porque otros fantasmas empezaban a sobrevolar. Se percibe, no obstante, cierta subestimación de la clase política sobre los verdaderos sentimientos de la mayoría de los argentinos. Salvo alguna minoría irrelevante, a nadie se le ocurre que la democracia no sea la salida para los conflictos. Eso no significa que el enojo de la gente no los roce, todo lo contrario, los hace responsables de buena parte de nuestros males a partir de su incapacidad para resolver los problemas.

En la Argentina donde todo es desconfianza y conspiración, la imagen de los policías protestando armados en la puerta de Olivos fue angustiante e incómoda. No sólo por los motivos que pudieron haberlos impulsado, sino por la situación de debilidad en la que ponían al propio Presidente. El conflicto no le correspondía, aunque finalmente fue él quien terminó solucionándolo. Quedó demostrado nuevamente el doble discurso del oficialismo en estos temas, cuando la institucionalidad se percibe en riesgo. Hace tres años, el Congreso de la Nación estuvo a punto de ser incendiado y destruído en medio de las protestas por la aprobación del índice de movilidad jubilatoria. ¿Se acuerdan el loco del mortero que se escapó y estuvo escondido dos años en Uruguay? ¿Qué actitud asumió en ese momento la oposición? Avaló las protestas y las fogoneó. La figura del helicóptero era habitual en cada marcha para protestar contra las políticas de Cambiemos. Los excesos se evalúan de forma diferente, siempre depende de dónde vengan.

El montaje para presentar la solución pergeñada por el Presidente y su equipo para el incendio bonaerense fue impecable. Convocaron a los intendentes opositores del Conurbano, los sentaron en lugares bien visibles y le dieron al evento un marco institucional con la presencia de Sergio Massa y Máximo Kirchner. Un minuto antes del anuncio, el Presidente le mandó un mensaje de wasap a su ‘ex amigo’ Horacio Rodríguez Larreta. Ese mensaje quedará en la historia como el más caro que alguna vez haya existido entre celulares de alta gama: 35.000 millones de pesos.

En rigor, y lo dijo el mismo Fernández, no hizo nada que no hubiera anunciado de todas las formas posibles en los últimos meses. Respondiendo al mandato de Cristina sobre los famosos helechos, aguados e iluminados de la 9 de Julio, la humilde plantita fue un objetivo primigenio, cargado de revancha para algunos o pragmatismo político para otros.

Con su movida, Fernández hizo una jugada a varias bandas. Primero y principal: le apagó el incendio a Kicilloff que no sabía qué hacer y quedó como el articulador y principal factor para aportar la solución dando imagen de resolución y pragmatismo. Segundo: dejó conforme al sector duro del kirchnerismo con Cristina a la cabeza que le reclamaba un gesto de fuerza para un posible pretendiente a la Presidencia en el 2023. Tercero: fortaleció su vínculo con el principal distrito electoral del peronismo, ese que les permite ganar o perder elecciones. Después de todo, la Ciudad de Buenos Aires ha sido históricamente anti-peronista.

La jugada del Presidente, tiene consecuencias políticas que podrían serle adversas. Si bien refundó su autoridad tirándole un salvavidas a Kicilloff, el camino elegido de volver a satisfacer las ideas de Cristina, sigue agigantando el fantasma de la debilidad intrínseca que nació el día que fue elegido por la vice. Larreta quedó arriba del escenario, con todo lo que eso implica. Con una diferencia. Ahora tiene bandera para enarbolar y aglutinar a la tropa díscola detrás de su ambición. Y será la Corte, en la mira de la Comisión “Beraldi”, la que le pondrá el moño al entuerto.

El final del cuentito es abierto. El Presidente salvó a Kicilloff, abrazó su suerte a Buenos Aires pero abrió la puerta al túnel que lleva directo al 2023. Su independencia política sigue hipotecada (un poco más). ¿La pandemia? Hoy las prioridades son otras. Lo dice un señor que se llama ‘encuesta’. ¿Qué nombre raro no?

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