A leña y con candil
Durante la semana recrudeció el problema del abastecimiento de gas en la provincia, afectando a los dos extremos: los grandes consumidores industriales y los hogares humildes. Mario Alarcón MuñizEspecial El viernes se confirmó que a las veinte empresas entrerrianas de mayor consumo se les ha restringido el gas en un 30 por ciento, en tanto que las garrafas -al menos en algunas ciudades, entre ellas Paraná- se entregan con cuentagotas y por lo general a mayor precio. Esta situación no es nueva. Se repite anualmente desde hace casi una década en todo el país. Faltan electricidad en verano y gas en invierno. Dos rubros sustanciales para la población. Cabe suponer que estas carencias responden a un mayor consumo, revelador de avances de la actividad económica y la calidad de vida, datos sin duda auspiciosos. Claro que de manera simultánea queda al desnudo la ausencia de programas destinados a crear la sólida estructura energética indispensable para progresar en todos los órdenes.Sin energía suficiente no hay posibilidad alguna de crecimiento. Peor aún, se dificulta la atención de la actual demanda cuando ésta presenta algunos picos de consumo superiores a los normales, como sucede desde hace casi un mes.La demanda de energía ha aumentado. No deja de ser una buena señal porque el desarrollo de un país se mide -entre otros ítems- por el consumo de energía. Pero la generación sigue siendo insuficiente. Entonces se produce un desequilibrio. Lo están padeciendo de manera directa los usuarios de gas. Administración de las carenciasEn Entre Ríos y a través de Redengas en Paraná y GasNea en el resto de la provincia, a veinte empresas de los rubros avícola, lácteo, maderero, citrícola (éste en período de alta producción) y otros, se les ha reducido la entrega del combustible en un 30 por ciento, según la orden emanada del Ministerio de Planificación de la Nación. Por lo que se observa, en lugar de planificar el crecimiento ese organismo administra las carencias. Las industrias reducen o replantean sus horarios de trabajo. Esto influye en la producción general y, de persistir la tendencia, en el futuro de las fuentes laborales. Perjuicio para las empresas, pero también para la gente.Las autoridades han decidido priorizar la demanda domiciliaria. Como medida de emergencia es aceptable, aunque reveladora de una producción insuficiente.Las peores consecuencias caen -según es habitual- sobre los que menos tienen. El consumidor de gas envasado, es decir el que no está conectado a las redes distribuidoras, padece la falta de garrafas o el encarecimiento de las mismas hasta casi el doble del precio oficial. Éste es de 16 pesos en las bocas de expendio para la unidad de 10 kilos. No pocos consumidores tienen que pagarla por estos días entre 27 y 30 pesos. Eso cuando hay existencias, porque los comerciantes del ramo denuncian que cada vez les llega menor cantidad de unidades que son poco menos que arrebatadas por el público. Sin política energética Queda claro que el centro del problema es la insuficiente producción de energía y gas. Las privatizaciones de Menem y Cavallo, en su momento celebradas como grandes conquistas de la modernidad por parte de muchos funcionarios actuales, derivaron en un retroceso notable que no se ha corregido. Las empresas hicieron enormes negocios y continúan haciéndolos según sus conveniencias. No se realizaron las inversiones pactadas y nadie controló esos compromisos ni exigió su cumplimiento. Pudo haber algún reclamo formal, pero no pasó de ahí.Ocho ex secretarios de Energía de gobiernos democráticos denunciaron el año pasado que la producción petrolera ha disminuido desde 1998 y no hay exploraciones importantes. No se han descubierto nuevos yacimientos de petróleo y gas en los últimos 15 años. La actualización de la ley de hidrocarburos espera en un cajón desde 2003. La política energética común acordada con Brasil hace tres años, duerme el mismo sueño, aunque Brasil avanza por su cuenta y descubre yacimientos marítimos. Del gasoducto continental se dijeron lindos discursos hace cinco años y ahí está como entonces, en los papeles. Por lo que se sabe, a nadie se la ha ocurrido explorar en gran escala nuestras posibilidades de energía eólica y solar, salvo algún proyecto privado.En síntesis, como lo señalaron los especialistas citados, nuestro país "no tiene política energética ni tampoco un Estado activo capaz de anticipar el futuro". Ni qué hablar de una política estructural que se sostenga a través del tiempo, aunque cambien los gobiernos. De vez en cuando aparece, como días pasados, un proyecto hidroeléctrico -en este caso uno provincial de Neuquén concesionado a compañías allegadas al gobierno nacional, una de ellas la del empresario del juego Cristóbal López- pero no modifica el panorama.A leña y con candil será imposible crecer.
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