A más bienestar más baja tasa de natalidad
En Europa los países sufren una baja fecundidad que se sitúa por debajo del nivel necesario para el mantenimiento a largo plazo de la población.Alemania, Francia, Inglaterra, España, Italia, países cuyas poblaciones han alcanzado una alta cota de bienestar material, se encuentran desde hace tiempo lidiando con la declinación de los nacimientos.Algunos estudios que analizan el fenómeno alertan sobre todo contra las graves consecuencias que el fenómeno demográfico tendría para la economía de viejo continente debido a la falta de mano de obra y a la reducción de la población activa.La contrapartida de esto es el envejecimiento poblacional. El creciente peso de la población anciana es uno de los cambios más significativos que se ha dado en las sociedades desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX.Los europeos han debido recurrir a la inmigración para suplir la falta de nacimientos de la población residente. Se trata de la llegada de muchas familias jóvenes con hijos, provenientes de países pobres o del Tercer Mundo, que se encargan de hacer trabajos duros que los nativos ya no pueden o no quieren realizar.Desde mediados del siglo XX la fecundidad de las parejas ha ido descendiendo hasta situarse por debajo del nivel de reemplazo.Esto ha coincidido con un período de fuerte expansión del Estado de Bienestar, lo que sugiere que la prosperidad material y los mayores horizontes profesionales actúan como disuasivo para procrear.Pero más allá de las cuestiones económicas, lo positivo es que el avance de la ciencia y la salud, elementos indisolubles del bienestar, llevó a un aumento de la expectativa de vida: a principio del siglo XX era de 48 años y un siglo después es de 76 años.En los países desarrollados, hace tiempo que ganan predicamento las parejas cuya realización no pasa por la conformación de una familia tradicional, y en cuya unión no está supuesto -como solía estarlo- el deseo y la voluntad de generar descendencia.El fenómeno ha sido bautizado: se habla de los DINK (Double Income, No Kids = doble sueldo, sin hijos), parejas jóvenes que priorizan su crecimiento profesional por sobre el proyecto de convertirse en padres.Esta correspondencia entre el mayor desarrollo económico-social y la baja natalidad se observa sobre todo en Corea del Sur, el país asiático que abrazó el capitalismo, en contraposición con la comunista Corea del Norte.A la cultura de trabajar duro, muchas horas y mucha dedicación, se le atribuye la transformación que vivió Corea del Sur en los últimos 50 años, en los que pasó de ser un país en desarrollo a una de las más grandes economías del mundo.En este despegue económico a la mujer coreana le cupo un papel protagónico. Ella es la que cada vez en mayor número elige no casarse, no tener hijos e incluso no tener relaciones sentimentales, para dedicarse de lleno a su trabajo.Hay un evidente deseo de independencia de las coreanas, más preocupadas por la vida profesional que por formar una familia. Con el índice de fertilidad más bajo del mundo, la población de Corea del Sur comenzará a declinar, a menos que algo cambie, advierten los demógrafos.El índice de matrimonios en Corea del Sur está en su punto más bajo desde que empezaron a llevarse registros (5,5 cada 1.000 personas, comparado con 9,2 en 1970), y nacen muy pocos niños fuera del matrimonio.Solo Singapur y Hong Kong, también de alto desarrollo económico y social, tienen un índice de fertilidad tan bajo como Corea del Sur.
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