A media luz, Sergio Massa y Daniel Scioli orejean sus estrategias de cara al 2015
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Cuando el viento sopla en contra no hay con qué darle. Las altas temperaturas llegaron para quedarse y darle marco a un fin de año complicado que pone al gobierno otra vez contra las cuerdas y a dar explicaciones de por qué miles de argentinos sufren los cortes de luz. O mejor dicho, qué pasó en esta última década que las empresas no invirtieron para evitar este desastre.El mega-operativo montado en todo el país por parte de las fuerzas de seguridad para evitar saqueos antes de fin de año parece haber dado resultado. La tranquilidad registrada en los puntos más calientes y riesgosos, trajo un bálsamo al oficialismo que monitoreaba preocupado lo que podría pasar y al cabo, no pasó. Pero la ausencia de saqueos fue apenas una gota en el desierto para una administración que, desde las elecciones, se dedica a apagar incendios.La aparición de los cortes de luz, encadenados a las insólitas temperaturas, dejó al descubierto otra vez la situación del sector energético, la falta de inversión por parte de las empresas y la complicidad sorda de los controles y las políticas oficiales. Es fácil ahora, como hacen las empresas, echarla la culpa a la tarifa retrasada. Tanto como la elusión de responsabilidad oficial, que se escuda detrás de lo que marca el termómetro. Si la Argentina creció a tasas chinas es obvio que la inversión para sostener ese avance no estuvo a su misma altura. ¿Qué hicieron los funcionarios encargados de controlar a las empresas y el cumplimiento de sus contratos?Frente al problema el fantasma de la estatización otra vez sobrevuela como solución, aunque esta vez con una vuelta de tuerca: podrían tirarle por la cabeza a la Ciudad de Buenos Aires y a la Provincia el manejo de la red específica de esas jurisdicciones. Hoy, el estado nacional, no parece estar en condiciones de emprender otra aventura como en el caso de YPF que al principio iba a salir gratis y al final habrá que pagarla contante y sonante. Encima, tanto Edenor como Edesur tienen las eternas concesiones que les dio el menemismo y que la gestión kirchnerista nunca se atrevió a renegociar por temor a juicios millonarios. La consecuencia pues es que miles de usuarios padecen la ausencia de un servicio básico, que se presta mal y poco. No parece la Argentina moderna.En el medio del conflicto por los cortes, el pobre Capitanich trata de seguir apagando otros incendios. La situación financiera de las provincias, alertada por el radical Colombi de Corrientes, ya no puede esperar. Asfixiados, los gobernadores, tiraron la toalla y pidieron una refinanciación de sus deudas con la Nación. Es que el peso de estas acreencias, sumado al rojo fiscal de muchas jurisdicciones y los aumentos a policías y estatales que se vienen, son una bolsa demasiado pesada. En el primer trimestre del año los mandatarios consiguieron evitar pagar, aunque deberán someterse si quieren seguir bajo el mismo régimen a un rígido control de sus cuentas, incluyendo los niveles de empleo público e inversiones en algunas áreas específicas. De coparticipación ni hablar porque la Argentina sigue siendo tan federal que ni vale la pena plantear esas cuestiones. Antes porque sobraba y ahora porque falta plata, la Nación siempre encuentra una forma de someter al interior: los recursos son centrales pero las deudas son bien federales. Claro, con qué autoridad puede controlar un estado nacional que también tiene sus cuentas desbordadas y necesita estar apelando a la maquinita del Banco Central para tapar los agujeros. En el fondo, la única diferencia es esa: los gobernadores no tienen la posibilidad de apelar a la maquinita, la Nación sí, marca la diferencia y se las hace sentir.En este panorama complicado la aparición de Juan Carlos Fábregas en el Central amaga con traer algo de previsibilidad para las cuentas públicas. ¿Porqué? Ya avisó que en el 2014 hay que parar con la emisión monetaria mientras deja ver sus garras en el mercado cambiario. Hoy, al menos, hay una estrategia: devaluar de a poco (aunque en las últimas semanas se aceleró el ritmo), frenar el blue y juntar las puntas lo más posible. Eso combinado con un ligero desentumecimiento de los controles sobre la comercialización del dólar. No es mucho, pero es algo ante el desconcierto del equipo económico anterior. Nuevas estrategiasEl líder del Frente Renovador Sergio Massa tiene una ventaja inestimable en la Argentina de hoy: no administra y por eso no se ve sometido a ese desgaste cotidiano que implica lidiar con miles de problemas. La contrapartida es que debe esforzarse por seguir en el candelero y no perder visibilidad ante su potencial electorado.Para eso comenzó a enhebrar su estrategia de sumar aliados del interior y darle volumen a su armado. Sabe que sin eso no tiene posibilidades en el 2015, aunque tiene la ventaja de ser un candidato instalado y saber manejar como pocos el márketing. Como cabeceras eligió a un puñado de ex gobernadores y una figura de peso fuerte como Roberto Lavagna, que le da previsibilidad en el rubro económico.Sumó a Reutemann de Santa Fe, Busti de Entre Ríos, Das Neves de Chubut, Verna de La Pampa y tiene casi todo abrochado con el ascendente petrolero Pereyra de Neuquén que en la última elección le robó el mandato al oficialismo del MPN.También pergeña la idea de lanzar al propio Lavagna en Capital para pelearle el territorio a Macri y contrarrestar el desembarco de Vidal en la provincia. Scioli en tanto, en el tiempo libre que le deja el ajetreo de la gestión, ya imagina una liga de gobernadores actuales yendo en su respaldo. El kirchnerismo en tanto, mira sin poder meter baza en la historia. Cuánto cambiaron las cosas y qué cruel es la sucesión en el peronismo.Jorge Barroetaveña
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