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Belén Biré

A seis años del primer grito "Ni Una Menos": Lo colectivo para reparar

Durante años asistimos a la construcción de un sentido común anestesiado ante la violencia por razones de género, y ante otras violencias que profundizan las desigualdades. Gracias a la oleada feminista que crece día a día ya no podemos ser indiferentes cuando sabemos que hay alguien en el barrio, en la familia o en el club que está atravesando violencia de género.

¿Cómo puedo ayudar? ¿A dónde hay que llamar? ¿Qué pasa con el después? Son preguntas que a diario recibimos quiénes estamos en la función pública ejerciendo la gobernabilidad de estas problemáticas. La indiferencia ya no es una respuesta posible, y eso es una conquista de un movimiento que viene a reparar siglos de marcas en nuestros cuerpos.

El feminismo, es una respuesta política ante la estadística fría que a diario vemos aumentar con cada femicidio o transfemicidio, el feminismo es una nueva forma de ver la vida en términos de igualdad, de vinculación, de avances y de conquistas. No deja a nadie afuera, propone un mundo más justo atendiendo a la demanda urgente de quiénes morimos a diario por ser mujeres, lesbianas, trans, gay, travestis, transexuales, intersexuales pero también propone a los varones heterosexuales con privilegios asignados por la masculinidad hegemónica, nuevas formas de habitar la masculinidad, nuevas formas de vincularse.

La reparación es un hecho sumamente sanador para quienes aún supuramos las heridas que nos deja el patriarcado. Cose despacio y con ternura lesiones que el paso del tiempo no puede curar, que solo repara el feminismo que trae consigo la organización colectiva que resopla al oído que ya no estamos más solas, que aquellos tiempos de desidia colectiva han quedado atrás. Que ya no hay margen a la indiferencia, al menos entre nosotras, y esa es medicina natural para nuestros cuerpos.

Porque cuándo parece que todo empeora, aparece la manada para demostrar que no hay pandemia que detenga las ganas de cambiar el mundo, porque si, eso queremos, cambiar el mundo. Queremos caminar tranquilas por la madrugada, dejar de sentir el miedo que nos enfría el cuello y nos arrolla el cuerpo cuando nos sentimos en peligro. Queremos decir que NO las veces que lo sintamos, queremos usar la ropa que nos venga en ganas, queremos laburar tranquilas y ganar lo que corresponde por ello. Queremos dejar de contar femicidios y transfemicidios cada 3 de junio, queremos que nos dejen de preguntar las muertas y celebrar la vida sin que nos falte ninguna. Queremos ocupar cargos públicos, porque debemos ocupar cargos públicos, porque la política nos necesita pensando, ejecutando y gobernando, no somos un cupo, somos la política. Queremos varones libres, ningún pibe nace femicida, basta de enseñarles “a hacerse hombres” a costa de nuestras vidas. Queremos varones de pelos sueltos, de juegos tiernos, de manos suaves que acaricien crianzas que también críen desde la ternura, porque la ternura es revolucionaria para quien la recibe, pero sobre todo para quién la practica como modo de vida. Queremos que la justicia se transforme y esté a la altura de nuestras demandas. Queremos reparar y sanar lo que aún cargan nuestras abuelas y no lo cuentan para poder contar en nuestras historias que hubo un tiempo que fue hermoso, un tiempo de verdes y violetas, de colores y tambores, de banderas y puentes, también de virtualidad, pero también de leyes. Un tiempo de conquistas, que lo atravesó el dolor, la perdida irremediable, pero que lo trasformó todo para dejarles a generaciones venideras la tranquilidad de salir de casa y siempre volver, vivas y libres.

En medio de un femicidio cada 30 horas, vivir para vivir es nuestra manera de interpretar la historia.

*Responsable del Área de Género y Diversidad Sexual de la Municipalidad de Gualeguaychú. Militante social y feminista. Secretaria de Género y Oportunidades CTA Gualeguaychú.

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