Aborto: cuando las opiniones se polarizan
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/051/0000051493.jpg)
Pocos temas polarizan tanto a las sociedades como el del aborto, como ocurre hoy en el país, donde se revela escasa capacidad para administrar esa controversia de alto voltaje.Se acepta que se trata de una controversia candente, encarnizada y difícil. Porque lo que está en juego son valores éticos que están más allá de cuestiones relativas a la economía o al trabajo.Los dos extremos de estas posiciones -los que no están a favor del aborto y los que postulan su despenalización- no aceptan opciones diferentes, porque eso sería abandonar principios básicos.No admiten así ninguna solución intermedia, que los pueda satisfacer a ambos. Se diría que la cuestión se dirime inevitablemente con el triunfo de un bando, lo que supone la derrota del otro.Esto fanatiza porque crea una dinámica agresiva de mutuas competencias entre los diversos grupos, donde ya no interesa escuchar al otro para tratar de, llegado el caso, flexibilizar la posición propia.No es sencillo el papel que deben desempeñar el Parlamento y el Gobierno en este caso, porque deben pronunciarse sobre un tema que divide aguas en la sociedad. En un contexto de pluralismo ético e ideológico, resulta muy difícil dejar conformes a todos.Como era esperable, la típica intolerancia argentina se viene expresando en esta controversia con singular virulencia, a través de presiones telefónicas, escraches y amenazas a legisladores, operaciones de cuño cuasi fascista.A los argentinos, en general, nos cuesta aceptar que se pueden tener diferencias importantes con una persona y, sin embargo, respetarla en su integridad, en la medida en que separamos a la persona (y su dignidad) de sus opiniones.En estas pampas el que no piensa como uno es un enemigo, al punto que ser diferente se ha vuelto un insulto. Al no tender puentes para poder conversar con el otro desde la diversidad de pensamientos, se procura demonizarlo.El precio que suelen pagar las sociedades por una fuerte polarización de las creencias es la imposibilidad de ponerse en el lugar del otro, paso previo ineludible para debatir racionalmente.Ponerse en el lugar del otro es tratarlo como persona, es reconocerlo como persona, es intentar comprenderlo desde dentro. Es tomar en cuenta sus derechos y escuchar sus razones. Es tratar de ver el mundo desde su situación.La tolerancia implica el reconocimiento del otro como un semejante, como un ser digno de respeto. La tolerancia es la condición necesaria del diálogo. En efecto, sólo el reconocimiento del otro diferente lo hace posible.La intolerancia extrema, por el contrario, es el rechazo del otro por lo que es, por lo que hace y por lo que piensa. En este clima, todo debate o diálogo es falso e inauténtico, un simulacro en el cual las personas creen que se comunican pero en realidad cada uno sólo escucha su propio discurso.En los casos de polarización, los partidarios de una y otra posición no sólo no están dispuestos a ceder, sino que acomodan las evidencias empíricas a lo que creen, haciendo inviable cualquier modificación del propio pensamiento.Este fenómeno ya ha sido observado de manera anecdótica por distintos escritores."El entendimiento humano -escribió el inglés Francis Bacon- una vez que ha adoptado una opinión (...) dibuja todo lo demás para apoyar y mostrar conformidad con ella. Y pese a haber un gran número de ejemplos, y de peso, que muestren lo contrario, los ignora o desprecia, prescinde de ellos o los rechaza".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


