¿Abstenerse de consumir para ayudar al planeta?
El crecimiento de la economía es incompatible con la salud del planeta. Si esto es así, ¿quién deja de comprar objetos de consumo, apartándose del estilo de vida occidental?La única manera de proteger al medio ambiente y frenar el calentamiento global es limitando o estancando el crecimiento económico. Esta es la conclusión a la que arribó un grupo de científicos, según informa www.ecoportal.comLos investigadores José Tapia Granados y Edgard Ionides, de la Universidad de Michigan, y Oscar Carpintero, de la Universidad de Valladolid, España, aseguran que cuando el PBI mundial aumenta más de lo esperado, se disparan los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera.Y esto después de medir los niveles de CO2 desde el año 1958 hasta 2010 y establecer una relación entre estos valores y los índices del PBI mundial, el aumento de la población y los diferentes fenómenos naturales sucedidos en cada año concreto."Si seguimos la senda que vamos, como si no hubiese problema alguno, se necesitan contracciones económicas como la Gran Recesión o aún mayores para reducir los niveles atmosféricos de CO2", dijo Tapia Granados, citado por la revista Environmental Science and Policy.En la época preindustrial las concentraciones de CO2 se estiman entre 200 y 300 partes por millón (ppm) y actualmente son cerca de 400 ppm. Ergo: si se quieren reducir las emisiones de dióxido de carbono, parecen decirnos estos investigadores, hay que crecer menos.¿Cómo conciliar este discurso ecológico con una sociedad global cuyo desvelo mayor consiste en aumentar, o al menos mantener, el nivel de bienestar económico, íntimamente asociado al consumo de objetos, piedra de toque del sistema económico?¿Cómo le llega este discurso a los "indignados" de los países ricos, que con consignas anárquicas dicen querer cambiar el mundo, no para reestablecer la armonía con la naturaleza, sino para que no los dejen fuera de la carrera del consumo?¿Quién pide hoy frenar la máquina del crecimiento económico, como única salida al desastre ecológico? ¿Es acaso un clamor del público mundial, habituado a asociar su felicidad con los niveles de bienestar material?¿Dónde están los excluidos voluntarios de la sociedad de consumo? ¿Quiénes son los que están dispuestos a vivir al margen del sistema? ¿Quiénes los que, llevados por el amor al planeta, renuncian a comprar cosas nuevas?Es factible reconocer aquí una encerrona antropológica: detener la economía, para darle respiro al planeta, supondría adoptar un estilo de vida mucho más austero, casi al límite de la pobreza (un concepto relativo según las sociedades).Abjurar del crecimiento económico, implicaría ponerle límites al apetito por el consumo, lo cual en sí mismo significaría un giro en las costumbres de dimensiones extraordinarias.Sería abandonar la lógica vital del 'homo consumens', el tipo psicológico creado por el industrialismo, según la descripción de Erich Fromm.Por lo demás, algunos ecologistas -conviene remarcarlo- viven con esquizofrenia su condición. Despotrican contra la sociedad hiperconsumista, pero no se privan de nada. Postulan una ideología que no practican, repitiendo aquel doble estándar consistente en atacar al sistema mientras se vive de sus beneficios.Algunos, por caso, rechazan la minería en general. Sin pensar que muchos de los materiales obtenidos a partir de esta actividad son componentes de los artefactos que tienen en sus casas, sobre todo de los nuevos aparatos tecnológicos.
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