Accidentes en rutas: ¿y si volviese el tren?
No son sólo la imprudencia o el alcohol. Detrás de los accidentes de tránsito en rutas y autopistas juega también la saturación de un sistema de transporte hegemonizado por el camión.No es algo de lo que se hable: desde que en la Argentina se desmanteló el ferrocarril, toda la carga de mercadería y pasajeros pasó a las rutas. Salvo 'Pino' Solanas, desde la clase política se omite este hecho.Los trenes en la Argentina desalojaron al único transporte de cargas terrestre hasta entonces: la carreta. Así fue como la red ferroviaria creció a un ritmo notable.Pero en la década del '30, el tren encontró un competidor feroz: los caminos, que se construyeron, en la mayoría de los casos, en forma paralela a las vías. El Estado, desde entonces, dedicó recursos y subsidios a la inversión vial.Las rutas, el asfalto, los automóviles, los aviones y los camiones le quitaban pasajeros de larga distancia al tren y le disputaban el transporte de carga. Sin embargo, era algo impensado que en Argentina se abandonase a los ferrocarriles.De hecho nunca lo hizo ningún país con grandes extensiones, como Canadá o Estados Unidos. Sin embargo, en los '90 se produjo un proceso de "ferricidio" en el país.Después de ser privatizado, el servicio se dividió entre pasajeros y carga. De pasajeros sólo quedaron los servicios urbanos en el área metropolitana de Buenos Aires. Todo lo demás desapareció.Aunque hoy los expertos aseguran que el tren no podría volver al modelo anterior -se ponen reparos sobre la viabilidad del tren de pasajeros de larga distancia- hay coincidencias sobre su gran potencial en el transporte de carga.En Argentina, sobre 500 millones de toneladas de producción, 375 millones se transportan en camiones, 100 millones por ductos y alrededor de 25 millones en tren. Sólo el 15% de la cosecha de granos se transporta en tren.En Estados Unidos, sólo el 7% se mueve en camión. Pero al margen de la importancia económica que tendría el desarrollo del ferrocarril de carga, su presencia descongestionaría las rutas y autopistas, haciéndolas más seguras para el tránsito.Hay razones más que plausibles para suponer que el número de accidentes en rutas sería menor si se las liberara de la presencia hegemónica del camión.En efecto, los camiones participan del 30% de los accidentes viales de mayor gravedad en las rutas del país, según un informe del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi).Por las rutas argentinas circulan 498.958 vehículos catalogados como transporte de carga. La pregunte es: la elevada incidencia de participación de los camiones en los accidentes graves, ¿no debiera impulsar una revisión del sistema de transporte?Más aún: ¿por qué no vuelve el tren, sobre todo el de carga, que además de ser una alternativa más económica y que ayudaría a integrar a un país de grandes extensiones, reduciría las víctimas por accidentes de tránsito que produce el transporte vial?Es decir, ¿quién se beneficia con el ferricidio? En su película, "La próxima estación", Pino Solanas denuncia al lobby automotor (autos, camiones y petróleo) como primer gran factor de presión contra el ferrocarril.Y esto pese a que los costos de transporte ferroviario de mercadería son largamente más baratos que el transporte automotor, según las mediciones internacionales. (Esto sin mencionar lo barato que sería reactivar el transporte fluvial).En el discurso oficial -tan afecto a despotricar contra las "corporaciones"- se soslaya la corporación automotor, cabeza de la cual es el jefe de la CGT y líder del poderoso gremio camionero, Hugo Moyano.
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