Acción y seriedad demanda la educación
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No basta con discursos y declaraciones sobre educación. Se requieren planes adecuados y hechos concretos. La actividad normal todavía no comenzó en Entre Ríos. Los estudios y estadísticas que se conocen marcan un retroceso preocupante de nuestro nivel educativo. Mario Alarcón Muñiz De manera irregular ha comenzado el período lectivo. Así sucede casi todos los años. Los planteos docentes se inician en noviembre o diciembre al finalizar las clases. Los gobiernos miran para otro lado. Llegan las fiestas, después enero y nada sucede. A principios de febrero se reiteran las demandas laborales, se ensaya alguna reunión paritaria, el gobierno no propone nada, los gremios docentes exigen, se viene encima la fecha de iniciar las actividades, se conoce una propuesta oficial amarreta como para decir "aquí estoy", es insuficiente, hay paro, las clases no comienzan, interviene la Justicia, aprieta, los maestros retornan al aula de mal talante, tira, afloje, tira, afloje, los gurises en el medio...Así todos los años.¿Es posible pensar -por lo menos pensar- dentro de ese clima en una educación superadora que apunte al siglo XXI? ¿Qué entienden por educación nuestros dirigentes? ¿Es un escalón fundamental e insustituible para el crecimiento humano, económico y social del ciudadano y del conjunto o sólo se trata de un rubro que se atiende cuando hay tiempo, pues las prioridades políticas son otras?Obsérvese lo ocurrido este año (y varios anteriores): las clases terminaron en diciembre, pero el gobierno de Entre Ríos realizó su primera oferta el 18 de febrero. ¿No pudo hacerlo antes? Las mejores intenciones Nuestro país cuenta desde 2006 con una impecable ley nacional 26206 que asigna a la educación el 6% del PBI, índice superior al del resto de los países del continente. En su artículo 3° indica con encomiable decisión: "La educación es una prioridad nacional y se constituye en política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación". (¡Bravo! Aplausos).Ahí quedamos. En las mejores intenciones.Los resultados aparecen distantes de aquellas buenas ideas. Los frecuentes conflictos constituyen una manera directa de comprobarlos. No se circunscriben sólo a la cuestión salarial, sino que en Entre Ríos se extienden a problemas de infraestructura, algunos con ocho o diez años de antigüedad; de transporte escolar en zonas rurales y de islas; de comedores comúnmente apuntalados por las respectivas comunidades y en general de carencias e insuficiencias reveladoras del desplazamiento de la educación a una cuestión de segundo o tercer orden. No alcanza con crear un ministerio, como ocurrió en nuestra provincia en 2011. La cuestión supera el ámbito burocrático. Es un asunto primordial. Signos graves de retroceso La Argentina está acusando signos graves de retroceso educativo. El Centro de Estudios de la Universidad de Belgrano ha publicado índices preocupantes. Señala que en la década 2003-2013 y por primera vez en la historia, el número de alumnos de la escuela primaria estatal descendió un 19%.En el otro extremo el estudio permite observar que en nuestro país concluye sus estudios universitarios el 27% de los ingresantes. En Brasil termina el 50% y en Chile el 59%. Ni hablar de Europa, donde Francia gradúa el 67% de los estudiantes que eligen una carrera universitaria.Comentan los expertos de Belgrano que uno de los motivos principales del abandono universitario es la diferencia académica atribuida al bajo nivel de la escuela secundaria. La mayoría de los jóvenes ingresa al ciclo superior sin la preparación adecuada, déficit que ya se insinuaba hace 20 ó 30 años, para agravarse a partir de entonces de manera notable.Lo demuestran las denominadas Pruebas Pisa, un programa internacional de evaluación de estudiantes de 15 años en lengua, matemáticas y ciencias. La medición se realiza cada tres años. La última tuvo lugar en 2012 y comprendió a 65 países. La Argentina quedó ubicada en el 59° lugar, anteúltima de América latina.Acerca de estas evaluaciones las autoridades educativas suelen plantear algunos cuestionamientos. De todos modos se trata de una prueba internacional, supuestamente realizada con seriedad, pues no se conocen objeciones de otros países. Estamos lejos Sea como fuere, es evidente el retroceso educativo en nuestro país. No se requiere ser pedagogo para comprobarlo. Cualquier persona mayor puede hacerlo comparando el nivel de educación de su tiempo con el que reciben hoy sus hijos, nietos o sobrinos. No basta con entregarles computadoras portátiles a los chicos. Es importante, no se duda, pues se trata de un elemento que empieza a ser indispensable en la vida moderna, pero resulta insuficiente si a la vez la escuela no proporciona los elementos básicos de la educación y a partir de allí aquellos que posibiliten el crecimiento real del estudiante para actuar y progresar en un mundo cada vez más complicado y exigente.Sin educación se retrocede, individualmente y en conjunto. Crecen los de mejor educación, es obvio. Así lo evidencian países líderes en esta materia, como Finlandia, Corea del Sur, China y Japón. A modo de orientación debemos saber que en Finlandia el maestro es el profesional mejor remunerado. Claro que periódicamente debe demostrar sus condiciones ante tribunales de evaluación. Allí y en otros países el título de maestro se obtiene en la universidad.Estamos lejos, es cierto. También es verdad que las condiciones sociales y económicas son distintas. Pero alguna vez hay que intentar algo en serio, fuera de los discursos de circunstancias y las declaraciones altisonantes; hablar menos de "revolución educativa" que nadie sabe muy bien de qué se trata y preocuparse un poco más del buen funcionamiento de las escuelas y el salario de los maestros.Hasta hace medio siglo -quizá un poco más- la educación argentina era modelo en América latina. La de Entre Ríos, a partir del diseño y la obra de Manuel Antequeda, era señera en nuestro país. En las últimas décadas crecieron todos. A los argentinos -también a los entrerrianos- nos envolvieron las cuestiones menores, nos perdimos en discusiones estériles, nos acusamos entre nosotros, postergamos lo esencial y así estamos: en descenso y desorientados en la polvareda.
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