Acerca de cómo valoramos la vida
Es un momento de insatisfacción generalizado. Todos quisiéramos vivir mejor, pero siempre algo nos frustra. Incluso nos agobian los temores respecto del futuro. La descripción se ajusta al diagnóstico según el cual con el siglo XXI ha llegado la sociedad depresiva. De hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS) viene diciendo que para el 2030 la depresión será la principal causa de discapacidad del mundo.Pero el cuadro anímico no se corresponde con el ciclo histórico de prosperidad y de paz que atraviesa la humanidad, más allá de las dificultades. Muchas más personas tienen vidas más cómodas, en comparación con cualquier época del pasado.El dato es que en los últimos dos siglos, al menos, el nivel de vida general ha ido en ascenso, pero al mismo tiempo la insatisfacción se extiende como una mancha inquietante por el globo.La depresión, como mal del siglo, ¿a qué se debe: al estrés, el hastío, a la falta de ideales, a la rotura de los vínculos? Una corriente psicológica postula que la insatisfacción tiene que ver más con nuestra visión de las cosas que con la marcha del mundo.No sería cuanto sucede lo que nos causa angustia y amarga la vida, sino el modo en que valoramos subjetivamente lo que nos ocurre. Eso es lo que enseña el psicólogo español Rafael Santandreu.Autor de los best-sellers "El arte de no amargarse la vida" (traducido a 15 idiomas), y "Lentes para ser feliz", Santandreu fue entrevistado hace poco por el diario La Nación."Si que hay adversidades, por supuesto, que merecen nuestra atención, pero nada es terrible", afirmó este autor, quien suscribe la visión de que las emociones dependen de los pensamientos.Por tanto, la clave de una vida plena pasaría por saber pensar la vida, ya que "no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede".En su opinión, cuando a veces decimos que una persona nos pone nerviosos, en realidad es porque nosotros "pensamos" que eso que hace o dice nos altera.No son las personas, las cosas y las circunstancias de la vida, las que nos hacen propiamente infelices, sino la creencia que nos formamos sobre ellas.No es la realidad sino la mirada personal sobre ella lo que hace la diferencia, sostiene Santandreu, quien por otra parte adhiere a una filosofía minimalista, y si se quiere budista.El español asegura que lo único que necesitamos los seres humanos es comida, agua y techo. La creación de necesidades artificiales es lo que nos provoca neurosis e infelicidad."Actualmente tenemos una enfermedad que es la 'necesititis'. Nos creemos firmemente que necesitamos muchas cosas para ser felices, cosas materiales y cosas no materiales", refiere.Nos sentimos desgraciados y amargados, por tanto, cuando no conseguimos eso que hemos considerado intelectualmente como "necesario". Pero si lo obtuviéramos, tampoco estaríamos satisfechos porque en ese caso nos atormentaría la idea de perderlo.Si pudiéramos convencernos a nosotros mimos que necesitamos pocas cosas para estar bien, sufriríamos menos y no nos amargaríamos tanto, aclara el psicólogo.Bajo este concepto sentimientos como la ira o el enojo no serían el resultado de una erupción incontrolable de las pasiones (algo involuntario) sino de un error de apreciación, de ciertas ideas sostenidas racionalmente.Para evitar dramatizar la vida ("terribilizar", dice Santadreu), lo cual nos crea tantas insatisfacciones, quizá habrá que educar a la mente, haciéndola menos pretensiosa.
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