Acerca de esa cosa que mueve al mundo
Los dichos y consejos sobre el dinero, formulados a lo largo de la historia, delatan la presencia de un elemento que, por las posibilidades que abre, adquiere las características de una divinidad.La apreciación de John Paul Getty, empresario norteamericano, es bastante significativa al respecto: "Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando el dinero se tiene, sólo se piensa en él".La supremacía que suele ejerce este objeto en la vida humana la atestigua Quinto Horacio Flaco, un poeta romano del siglo I a.C., hijo de un esclavo liberto, cuando aconsejó: "Consigue dinero ante todo, la virtud vendrá después".Thomas Fullner, un historiador y miembro de la Iglesia de Inglaterra del siglo XVII, escribió que "el dinero es el nervio del amor así como de la guerra", dando a entender que en definitiva mueve al mundo.El sociólogo Max Weber, en su célebre obra "La ética protestante y el espíritu del Capitalismo" (libro escrito entre 1904 y 1905), da cuenta de la mentalidad calculadora y dineraria del burgués, el prototipo antropológico del capitalismo en Occidente.Una figura que sintetiza, según Weber, dicha mentalidad es Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de Norteamérica, quien decía: "Piensa que el tiempo es dinero. El que puede ganar diariamente diez chelines con su trabajo y dedica su tiempo a pasear la mitad del día, o a holgazanear en su cuarto, aun cuando sólo dedique 6 peniques a sus diversiones, no debe contar esto sólo sino que en realidad ha gastado o más bien derrochado, 5 peniques".Franklin, además, capturó cómo el dinero dado en crédito puede dar jugoso rédito: "Si alguien deja seguir en mis manos el dinero que le adeudo, deja además su interés y todo cuanto puedo ganar con él durante ese tiempo (...) Piensa que el dinero es fértil y reproductivo. El dinero puede producir dinero, la descendencia puede producir todavía más y así sucesivamente".Históricamente la moneda vino a superar los problemas que tenía el trueque en el intercambio económico. El trueque estaba limitado a la feliz coincidencia de deseos entre dos personas."Usted, por ejemplo, tiene frijoles, yo tengo ovejas, y justo usted está buscando ovejas y yo estoy buscando frijoles, y da la casualidad que nos encontramos", describe esa forma primitiva de cambio Martín Hopenhayn, un filósofo argentino que escribió el libro "El mundo del dinero".Es decir, esa coincidencia de intereses es difícil que se dé de forma permanente y masiva. Esta limitación económica la vino a resolver el dinero, algo que se consideró revolucionario en la historia de la humanidad.Con el dinero se resolvió el cálculo de cuánto vale algo, de suerte que cualquier bien puede intercambiarse por otro gracias a su intermediación. Ahora bien, el dinero pronto dejó de ser un simple medio (en este caso para facilitar los intercambios) para pasar a ser un fin en sí mismo.Así lo analiza Hopenhayn, para quien el dinero se ha convertido en un lubricante de sí mismo: "Esto significa que hay una actividad económica cada vez más fuerte, que es la actividad financiera, donde el dinero no se intercambia por bienes y servicios, sino que se intercambia también por valores igualmente abstractos, por otros valores monetarios, ya sea acciones, bonos de deudas, divisas. Entonces, el dinero se autolubrica".La conclusión de este proceso de creciente abstracción financiera, según el filósofo, es que finalmente el dinero está hoy investido de algo que supera su función de utilidad."Es un fetiche, en el sentido de que hay una idolatría del dinero, un deseo de dinero", dice Hopenhayn.
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