Acerca de la declamada importancia a la educación
A juzgar por la inflación discursiva, se diría que la educación es lo que más obsesiona a la sociedad argentina. ¿Se trata de una preocupación real o sólo aparente?La tesis de Guillermo Jaim Etcheverry, formulada una década atrás, en su lúcido libro "La tragedia educativa", tiene la virtud de no ser condescendiente con nadie.Allí dice que el fracaso escolar no es totalmente imputable al sistema educativo o a la institución educativa. Antes bien, dice, es el fracaso de un modelo cultural y de un sistema de valores.Porque cabría preguntarse: ¿a cuántos les importa que la mayoría de los adolescentes argentinos no comprenda lo que lee? ¿Acaso éste es un tema que moviliza a la opinión pública?En su ensayo Etcheverry llama la atención sobre el hecho de que mientras la sociedad argentina ensalza las virtudes de la educación y del conocimiento, erige como ejemplos de vida y de conducta justamente los modelos opuestos.Con un gran olfato entrenado para detectar la hipocresía, nuestros jóvenes saben captar las señales que les envía el mundo adulto. ¿Quiénes son los que se encumbran, los que gozan de poder y riqueza? ¿Cómo han llegado hasta allí?¿Cómo funciona la estructura de recompensas de la sociedad argentina? ¿Se premia la inteligencia, el esfuerzo y la honradez, o quienes ascienden a las más altas posiciones son personajes cuyo mérito se asocia al aventurerismo?"Nuestra sociedad, que honra la ambición descontrolada, recompensa la codicia, celebra el materialismo, tolera la corrupción, cultiva la superficialidad, desprecia el intelecto y adora el poder adquisitivo, pretende luego dirigirse a los jóvenes para convencerlos, con la palabra, de la fuerza del conocimiento, de las bondades de la cultura y de la supremacía del espíritu".Casi no hay que agregar nada más a esta soberbia denuncia del autor de la Tragedia Educativa. Importa, no obstante, hacer constar la actitud doble estándar a que es tan afecta la sociedad argentina.Es la conducta, curiosamente, que le acaba de reprochar a los docentes la presidenta del Consejo General de Ecuación (CGE), Graciela Bar, a propósito del último paro de AGMER.Bar pidió a los docentes dar "el ejemplo en todos los niveles respecto a dar clases y no faltar tanto", según publicó la agencia APF. "Cuidemos la educación pública", subrayó la funcionaria provincial y remarcó que "eso significa trabajar para que los alumnos aprendan más y mejor cada día"."No solamente muchos no dan clases por los paros, sino que hay un alto índice de ausentismo docente", remarcó, al tiempo que advirtió: "eso se tiene que revertir con el correr de los años, porque si no irá decayendo permanentemente la calidad educativa que se pretende mejorar día a día".¿Qué habrá querido decir la presidenta del CGE? ¿Qué el paro es una tapadera que oculta holgazanería docente? ¿Tiene asidero esta apreciación? ¿Allí radica todo el problema educativo?Suponiendo, efectivamente, que hubiese una deserción por parte de un sector de la docencia entrerriana, como postula la funcionaria, ¿no habría nada que reprocharle al sector político, que controla los resortes del Estado provincial?O en otros términos, la llamada "crisis de ejemplaridad", a la que alude Bar, ¿es sólo imputable a uno de los actores del sistema educativo? ¿Encarnan los funcionarios, por caso, los valores que invitan a nuestros jóvenes al esfuerzo y al estudio?Los viejos pedagogos dicen que sin ejemplo no hay educación. Los chicos siguen lo que sus padres, docentes y autoridades practican, más allá de las declamaciones de ocasión.
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