Acerca de la felicidad y el destino individual
La marcha del mundo suele desmentir el programa de la ONU respecto de que los gobiernos deben lograr la felicidad humana. Pero más que eso: ¿no estamos ante una búsqueda individual?El cable de la agencia EFE, fechado en Ginebra, el 20 de julio de este año, da cuenta que la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución en la cual invita a los Estados miembro a sumarse a la búsqueda de la felicidad como "un objetivo humano fundamental".A primera vista parece desorbitada la pretensión ecuménica de esa burocracia internacional. Y esto porque la felicidad -concepto equívoco si lo hay- parece más la resultante de una ecuación individual que la de una colectiva.¿Desde cuándo a los gobiernos se les pide que hagan felices a sus ciudadanos? ¿No es caer en un mesianismo político aspirar a semejante empresa?Esto de que la felicidad sería resultado de un mundo bien gestionado es propio de las filosofías utópicas para las cuales el perfeccionamiento de la organización social conduciría a los seres humanos a un estado de plenitud y de gracia.Los totalitarismos de todas las épocas alentaron esta creencia. Por algo el escritor Albert Camus, aterrorizado por los regímenes totalitarios del siglo XX, profesó "una ideología políticamente más modesta, libre de todo mesianismo y de la nostalgia del Paraíso en la Tierra".Arthur Schopenhauer consideraba que los utopistas del siglo XIX habían instalado en la gente la falsa creencia de que el gobierno y sus funcionarios, eran un grupo de conspiradores que escondían la llave del paraíso."Siempre y en todas partes han provocado descontento los gobiernos, las leyes y las instituciones; esto se debe a que la gente se inclina a creer que son responsables del dolor que, en realidad, es inseparable de la vida", escribió el filósofo alemán.Por otra parte, aun aceptando la tesis de la ONU, ¿qué pensarán de ella los anarquistas, para los cuales los males del mundo son traídos por los gobiernos y los Estados?Si hasta Carlos Marx pregonó el fin de la política y el Estado en su sociedad sin clases. "La política quedará suprimida con la desaparición de la clase gobernante (...) porque el poder político sólo es la suma oficial de los antagonismos obtenibles en la sociedad burguesa", profetizó.A decir verdad, parece más sensato plantear que la felicidad es una búsqueda individual. En lugar de ser una función del Estado, es un objetivo que cada quien se plantea de acuerdo con su escala de valores.De hecho mientras unos buscan la felicidad acumulando riquezas, otros lo hacen llevando una vida austera. Unos se sienten felices tocando el piano, otros trabajando, y otros estudiando filosofía o jugando al fútbol.Se diría que hay tantas fórmulas de la felicidad como sujetos existen. ¿Qué institución o Estado, por tanto, puede arrogarse el derecho de decidir qué nos hace felices y qué no?Hay infinidad de razones que prueban que la felicidad -especie de plenitud humana- es un hecho subjetivo. Podría depender, por ejemplo, de cómo nos paramos frente a la realidad.Así, en lugar de quejarnos por lo que no tenemos, lo que hace penosa la privación, podría ser saludable preguntarse qué pasaría si perdiéramos lo que poseemos.Plantearnos la perspectiva de perder bienes como salud, amigos, familia, esposa, hijos, nos enseñaría su valor. Y tendría como primer resultado hacer que su posesión nos haga más felices que antes.¿No se ve aquí que un giro en la mirada podría hacernos ver que nuestro descontento es infundado, y que sobrarían los motivos para estar alegres?Hasta sería más aconsejable, además, representarnos el futuro con modestas expectativas, para que las grandes desgracias que pudieran venir, a contrapelo de nuestros deseos, no agiganten luego el desencanto.Además, contra los que viven preocupados por el porvenir, ¿no es bueno recordar que el día de hoy no se vive más que una sola vez y nunca más?
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