Acierto criollo: ahora la siesta es saludable
La antiquísima costumbre provinciana de tomarse una "siesta" podía ser vista como expresión de "quedo" premoderno, cuando no de holgazanería. Curiosamente, hoy en la Capital Federal y otras ciudades del mundo se expanden los "siestarios". En los manuales de historia, en el capítulo referido al ocio en la Buenos Aires de 1810, se suele hacer referencia a la descripción que un viajero francés hizo de la Gran Aldea."En las calles de Buenos Aires no se ven, en las horas de la siesta más que médicos y perros", decía el observador. La conclusión era que el pasatiempo preferido de los porteños era dormir la siesta.Además, a propósito de este dato de la vida cotidiana, doscientos años atrás, los historiadores coinciden en que en esa época y lugar tampoco había mucho que hacer.Al parecer, esta costumbre criolla empezó a declinar al ritmo del crecimiento de la gran urbe cosmopolita, centrada en el puerto, cuyo frenesí imponía otro estilo de vida, quedando la siesta como patrimonio provinciano.Si Buenos Aires era la modernidad, y el porteño el típico citadino, el interior del país, dominado por la actividad agrícolo-ganadera, representó a la sociedad semifeudal, más lenta y atrasada, y cuyos habitantes mataban el tiempo durmiendo la siesta.Aunque el país ha cambiado en todos estos años, y el interior ha dejado de ser ese enclave detenido en el tiempo, y sus habitantes ya no son vistos como la "barbarie", persiste en él la siesta como algo habitual.En las grandes urbes, organizadas alrededor de horarios de trabajo corridos, donde las preocupaciones financieras y laborales son intensas, no cabe sin embargo esta práctica.De ahí que los porteños la vean como un resabio premoderno, propia de una sociedad tradicional. No pocos de ellos, por otro lado, la miran burlonamente, insinuando que detrás de ella se esconde la haraganería.Pero resulta que vivimos tiempos pos-modernos, uno de cuyos rasgos es la impugnación del ritmo estresante de la jungla de la gran ciudad y una búsqueda de una vida más saludable.En este contexto, se está produciendo un curioso rescate de la siesta en el corazón mismo de esa jungla. En pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, por caso, se acaba de inaugurar un "siestario"."Es un proyecto privado que invita a relajarse después del mediodía y suma a la Argentina a la tendencia mundial que está dando más valor a la siesta", refiere una nota aparecida recientemente en Clarín, con la firma de Valeria Román.El emprendimiento "consiste en un espacio de armonía para ciudades con estrés, y que ofrece, además, tomarse una siesta breve pero reparadora", explicó Viviana Vega, directora del siestero porteño Selfishness.Y añadió: "No hay que llegar al sueño profundo. Por eso, antes de la siesta, la persona cuenta con la ayuda de un 'coach' que le sugiere ejercicios de visualización o de relajación. Muchos piensan que al tomarse una siesta breve pierden tiempo. Pero lo cierto es que al volver a trabajar la persona está reenergizada y rinde más".En tanto, hay varios estudios que identifican los beneficios de la siesta para mejorar el humor e incluso para bajar las probabilidades de morir de trastornos cardíacos.En Francia, el Ministerio de Salud decidió alentar la siesta porque el 56% de los franceses se quejaban porque dormía mal por la noche y notaba que luego no rendía en el trabajo.En suma, que hoy la ciencia y la medicina recomienden dormir por la tarde, que en Buenos Aires haya que pagar por eso, y que en el primer mundo se convierta en tendencia, es un extraño reconocimiento a la sabiduría criolla del hombre del interior.
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