Adicciones: una dolencia de época
Vivimos en una sociedad donde probablemente el rasgo patológico por excelencia sea la idolatría a determinados consumos. En este sentido, la figura del adicto no se reduce al toxicómano.De Homo Sapiens a Homo Adictus, esa parece ser la evolución (o involución) de nuestra especie, que marca el pasaje del ser racional al sujeto dominado por una compulsión enfermiza y tóxica.Se trata de un diagnóstico polémico. ¿Es que acaso el ser humano ha dejado de ser una criatura inteligente, capaz de dominarse a sí mismo, para devenir en un sujeto minusválido que se deja dominar?Lo cierto es que en la llamada "sociedad de consumo" se verifica una especie de epidemia de nuevas adicciones "sin sustancias" (drogas) que sugiere que el fenómeno es un problema más inquietante y global.En efecto, también hay adictos al juego, a la comida, al sexo, a Internet, al trabajo, a los videojuegos, a las cirugías, a las relaciones que dañan. La sociedad, todo el tiempo, nos llena de objetos, servicios y actividades, impulsando hábitos y conductas que arrastran a mucha gente a diferentes adicciones.Las "cosas", así, parecen dominar a sus creadores y poseedores, quienes abdican de su soberanía. Es una situación de alienación en la cual las personas pierden el control de sus vidas."Lo que define a una adicción es el modo de relación que se establece con una sustancia, objeto, actividad o persona", explica Marcela Panisello, Coordinadora Terapéutica de la Fundación Manantiales."Se considera adicto al que no puede resistir la necesidad constante de llevar a cabo cierto acto (consumir una sustancia, estar con una persona, poseer un objeto) y se siente impulsado a satisfacerla de inmediato, cerrando los ojos a las consecuencias de su adicción", refiere.Según la especialista, el uso adictivo se instaura cuando la voluntad de la persona deja de dominar los actos del individuo. "La adicción es el síntoma de una enfermedad", resume.Según los expertos, la adicción tiene un efecto anestésico, actúa como espejismo o atajo, gracias a lo cual las personas se distraen de dolores o pretenden escapar de frustraciones existenciales.Aunque se sabe que esa "anestesia" en algún momento pierde su efecto, y entonces uno necesita más y más de eso mismo para escapar, de forma que el vínculo se vuelve adictivo."Con el mecanismo de la adicción la persona se distancia del conflicto, logra un breve 'descanso' (se evade), y así experimenta una sensación de plenitud o bienestar. Cuando se traspasa la frontera, cuando la experiencia placentera se transforma en compulsiva y aparece la necesidad de repetirla una y otra vez como único medio de soportar la vida diaria, surge la adicción", explica Panisello.La adicción se instala allí donde el sujeto tiene una falta, una carencia ligada a lo afectivo o a la pérdida de sentido de la vida. Por tanto, los psiquiatras postulan que a la hora de la cura, hay que trascender el síntoma (la adicción) en busca de la causa.¿Existe la adicción al poder? "El logro, el poder, es una de las motivaciones básicas de la vida. Por lo que, por supuesto, se puede tener una adicción al poder", sostiene Guillermo Fource, presidente de Psicólogos sin Fronteras.Se trata de una necesidad de estar en lo más alto, de tener relevancia y de dominar a los demás. Esta adicción sin drogas es característica de aquellos líderes políticos que buscan eternizarse en el poder, que son capaces de hacer cualquier cosa para no volver al llano.
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