Adultos: recuperar la presencia perdida
Aunque las problemáticas juveniles tienen que ver con cuestiones relativas a esa edad, eso no significa que el mundo adulto se desentienda de sus responsabilidades respecto de niños y adolescentes. Hace poco, en diálogo con este diario, el sacerdote jesuita Fernando Cervera, miembro de la Pastoral de Adicciones del Episcopado Argentino, hizo foco en lo que él llamó una "deserción generacional"Al respecto llamó la atención sobre el hecho de que hoy la adultez se vive vergonzantemente, casi con complejo, producto de una cultura mercantil que manda "estar siempre joven"Un rasgo de época - algo quizá inédito en la historia de la sociedad-, es que los adultos no quieren serlo y adoptan así una actitud adolescente ante la vida.Esto tiene como efecto una capitulación que, según Cervera, se ve en la imposibilidad de muchos padres de ejercer la autoridad ante sus hijos, orientándolos en torno a valores firmes."Por ejemplo, cuando de ellos se piden afirmaciones, convicciones firmes ante problemas de la vida, dicen: 'yo opino esto'. Es decir, cuando nos enfrentamos con las cosas que no sabemos manejar, los adultos simplemente opinamos", describió el presbítero.Y añadió: "Nos paramos como adolescentes frente a cuestiones que nos exigen sostener, decidir. Pero muchas veces los "pareceres" no bastan. Las cosas funcionan con convicciones, con experiencias de vida y funcionan desde ese lugar donde hay que hacer opciones vitales trascendentes".El mensaje global cultural, según esta interpretación, es que todos tenemos que ser adolescentes, y es políticamente correcto opinar y actuar desde este lugar.Es tal la situación que tanto los padres como el resto de la sociedad adulta (docentes y quienes ocupan puestos de dirección) parecen haber renunciado a la histórica función de educar en valores a las nuevas generaciones.Pero los niños y adolescentes están en proceso de formación, y buscan en sus mayores modelos de vida que aprender. Cuando no los encuentran en la familia y la institución educativa, los hallan entonces en la televisión, en el mercado o la calle.El otro costado de la deserción -y acaso como corolario del deseo de dejar de ser adulto- es la falta de interés por los menores, la indiferencia por aquellas cosas que les ocurre.Además suele faltar la predisposición constante a la escucha atenta a los mensajes que ellos envían. Lo que no se entiende, argumentó Cervera, es que en realidad los hijos quieren un padre y una madre, no un adolescente como ellos."Los chicos piden la presencia del adulto para que los escuchen y para que les pongan límites. Estamos hablando de límites fundamentales, vinculados al cuidado del otro", razonó el sacerdote.Se trata, dijo, de límites que se basan en el interés por la otra persona, que generen en ella la idea de que alguien los ama y está preocupado por su vida. "Si no hay esto, el chico no se siente cuidado, protegido. Por otra parte, el chico no aprende a ponerse límites él mismo. Y ahí está la función del adulto", redondeó el sacerdote.Cabe consignar que desde la sociedad civil se vienen escuchando voces acerca del indelegable rol de la paternidad. Es el caso de la Fundación Padres, quien ha iniciado una campaña publicitaria con el eslogan "Vos, ¿dónde estás como padres?"De lo que se trata, en suma, es de invitar a pensar activamente sobre la importancia del rol de los adultos y de convocar a que recuperen la presencia perdida, o cuando menos diluida, en la vida de chicos y adolescentes.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

