Ahora el FMI tiene los ojos celestes
Tres años después de haberle pagado 9.530 millones de dólares para no seguir bajo su férula, y haberlo demonizado todo este tiempo, mansamente ahora el gobierno K va al pie del Fondo Monetario Internacional (FMI).¿Cómo se explica el reinicio del diálogo con el organismo? Después de mantener virtualmente cortada la relación institucional y financiera con él, ¿a qué viene este flirteo con el odiado FMI?.¿Acaso se lo quiere convencer de hacer una alianza con la revolución bolivariana de Chávez, para financiar el socialismo del siglo XXI en la región?.No, la razón parece ser más pedestre: el modelo argentino se quedó sin combustible. Bastó que la crisis global desplomara los precios de nuestras exportaciones para dejar al desnudo que aquí no hubo milagro económico.La noticia es que reapareció el problema fiscal congénito argentino, en la Nación y en las Provincias. Ya no hay más plata en las arcas, ni siquiera para hacer predica oficial anti-FMI, como se hizo hasta acá, para consumo ideológico doméstico."Es hora de volver a los mercados". Así define el ministro de Economía Amado Boudou el nuevo giro -¿hacia la derecha?- del oficialismo. En realidad, es un eufemismo para decir que se quiere pedir prestado dinero en el exterior.¡¿Cómo, y la política de des-endeudamiento iniciada en 2003?! Es que los problemas de fondo de la economía argentina, que hasta acá el yuyo (la soja) disimulaba, subsisten y ahora afloran con crudeza.Lentamente los argentinos, a los que nos gusta creer en ilusiones económicas, tomaremos nota de que seguimos debiendo 150.000 millones de dólares a acreedores del exterior.Por lo pronto, el gobierno que denostó al FMI, al que asociaba a un cuco, ahora resulta que lo ve con ojos celestes. La necesidad tiene cara de hereje, alude el dicho popular.La autarquía financiera del modelo entró en su ocaso. Una autarquía engañosa, porque si el mundo no hubiese comprado los bienes del otro malo de la película, el campo, no hubiera habido por ejemplo superávit fiscal.Justamente es este superávit el que tambalea hoy. La expropiación de los ahorros previsionales, el uso del crédito de la banca oficial, y la emisión monetaria del Banco Central, ya no alcanzan para cerrar las cuentas.Por eso el gobierno K está "descubriendo" los beneficios de la globalización. Expulsado hasta acá del mercado voluntario de capitales, busca ahora congraciarse con los banqueros e inversores extranjeros.La idea es conseguir crédito a costo razonable, por eso el acercamiento al FMI. Ocurre que la desconfianza de los inversores internacionales hacia el país es mayúscula.Esto se echa de ver en los rendimientos siderales que tiene que pagar la Argentina cada vez que coloca un bono afuera. Mientras los bonos brasileños rinden 5,5% anual, y los emitidos por Venezuela pagan 13,5%, los argentinos ofrecen 20% anual.Empalmado con este retorno algo culposo al FMI, el ministro Boudou acaba de anunciar un nuevo "canje de deuda". Esto no es des-endeudamiento, como se anuncia, porque no se paga deuda, se cambia por otra con otro tipo de ajuste y plazos de vencimiento.Todas estas maniobras de endeudamiento estarían desnudando un fallo estructural del modelo: el período 2003-2009 no ha hecho sustentable en el tiempo el frente fiscal.La ecuación ingreso-gasto-deuda sigue siendo un dolor de cabeza para la Argentina. Por otro lado: el país saldrá a mendigar los dólares que él mismo expulsa (desde 2007 se fugaron casi 50.000 millones de dólares del sistema).La vuelta al FMI en estas condiciones, en suma, revela más una debilidad que una fortaleza.
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