Ahorrar, eso sí que es difícil
Alguna vez en la Argentina el ahorro fue promovido como una virtud, ya que se lo entendía como la forma más simple de previsión social. Pero la idea de guardar dinero es una práctica que ha declinado.Hubo un tiempo en que las escuelas se encargaron de inculcar las bondades del sistema mediante las libretas de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro. También fue una práctica doméstica y artesanal en los hogares.Allí la virtud del ahorro tenía como símbolo las alcancías de lata, madera o plástico y los tradicionales "chanchitos" de yeso. También los colchones o los escondites en la pared, servían para el mismo fin.Eran tiempos en que predominaban leyendas del tipo "Infancia previsora, vejez tranquila" y "El ahorro es la base de la fortuna". Nuestros abuelos gringos, muchos de los cuales conocieron la penuria económica, tenían muy en claro la necesidad de tener un fondo de emergencia para usar en tiempos difíciles.Se diría que el ahorro fue la base económica de la cultura de la clase media argentina. La idea de postergar consumos presentes, para constituir un fondo con el cual acceder a la casa propia o comprar bienes cuya renta constituyera una ayuda en la vejez, fue la clave distintiva de esa clase social.Pero los tiempos de la alcancía han cambiado en la Argentina. Actualmente, sólo una minoría goza de la capacidad cultural y económica suficiente para ahorrar o invertir.Es un privilegio reservado a los estratos de mayores ingresos. Porque el dato económico y sociológico de las últimas décadas ha sido el empobrecimiento galopante de la clase media argentina.El chanchito de la mayoría de la población luce en todo caso famélico. Es que siete de cada diez hogares no llega a fin de mes, según el Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) de la Universidad Católica Argentina, de septiembre de este año.Según ese sondeo, el 66% de los encuestados dijo que apenas logra llegar a fin de mes con sus ingresos, el 8% afirmó que está utilizando sus ahorros para solventar los gastos del hogar y un 11% señaló que se está endeudando.Cual aves en extinción, sólo el 10% de las personas entrevistadas respondió que está ahorrando. Al parecer esta gente puede acceder con solvencia al auto, la casa o a las vacaciones. Mientras tanto, hay quienes a su ahorro y esfuerzo no lo canalizan en la Argentina, sino en el extranjero. Está claro que los que integran la gran cantidad de pobres e indigentes en el país -alrededor de 12 millones de personas- están imposibilitados de guardar dinero alguno.Aunque en términos globales la clase media argentina ha perdido capacidad de ahorro, este hábito no se ha perdido del todo. Hace poco una revista económica dio algunos consejos básicos "para ahorrar sin demasiados sacrificios".Por ejemplo, allí se propone hacer la prueba de llevar un registro de los consumos. "Mucha gente no es consciente de la cantidad de gasto superfluo que hace a lo largo del día", se advierte.No siempre es necesario dejar de comprar zapatos y olvidarse de comer afuera, se dice. De lo que se trata es de aplicar la inteligencia y la planificación en varias cosas. Por caso: controlar la tarjeta de crédito, medir el consumo de energía, manejar más eficientemente o planificar las compras para no ceder a las tentaciones (no guiarse por el impulso).En suma, lo concreto es que ya no son muchas las monedas para guardar en el "chanchito" ni los billetes que se pueden destinar a garantizar un mejor futuro.La franja social con capacidad de ahorro se ha achicado dramáticamente en la Argentina. Lo cual es un indicador de la involución en la que está metida.
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