Al cirujano no le puede temblar la mano
La economía no sólo se nutre de números, también de expectativas, positivas y negativas. Y las idas y vueltas en torno a la modificación de bienes personales, no sólo desgastaron al equipo económico sino que sembraron otra duda peor: la desorientación. Para la calle el mensaje, no es el mejor.Jorge BarroetaveñaEl rush de Jorge Capitanich en la Jefatura de Gabinete sigue tan rápido como impreciso. Su llegada y por ende, la elección presidencial, tuvo un objetivo clave que era dotar al gobierno de una mayor profundidad política y darle a la gestión un vuelco operativo. La renuncia de Moreno buscó lo mismo pero en el área económica, dándole a Kircillof las herramientas para aplicar sus ideas económicas sin las permanentes interferencias del ex secretario de comercio. Esta semana, ambos objetivos fijados por la Presidenta, sufrieron un duro revés.El Jefe de Gabinete que venía golpeado por su intervención en el conflicto de las policías provinciales, tuvo que desdecirse otra vez en menos de 24 horas cuando primero negó, luego apoyó y finalmente volvió a ultimar una reforma en el impuesto a los bienes personales.En la movida no estuvo ausente Ricardo Echegaray, otro que viene de magullones varios y tambalea desde hace tiempo al frente de la AFIP. Envuelto en la enésima polémica mediática por un viaje al exterior, los que conocen la interna oficial están convencidos que el mandamás de la Afip jamás pudo haber hablado de la reforma sin tener el visto bueno de la Presidenta.Es más, sostienen que él mismo se lo transmitió a Capitanich y por eso este anunció también que el proyecto sería enviado al Congreso. Pero en el interín de reuniones entre ambos, el Ministro de Economía Kicillof habló con Cristina y la convenció de algo obvio: una modificación de bienes personales sería otro golpe a la clase media y una nueva contribución al mal humor social.La Presidenta lo escuchó, lo entendió y le dio la razón. Le ordenó salir públicamente y desmentir la iniciativa. Dejó pues mal parados al Jefe de Gabinete y al jefe de los recaudadores. El entredicho puso en contradicción abierta todo lo que ha sido el kirchnerismo en estos años y dejó en evidencia que, al menos por ahora, la ida de Moreno, no ha servido para unificar cómo enfrentar las variables que tiemblan de la economía.Néstor Kirchner era vertical para hacer política pero eso lo combinaba con buenas dosis de horizontalidad. ¿Qué significa? Que estaba en el día a día y seguía de cerca a todos sus funcionarios. Sacaba su libretita y sabía cuántos dólares había vendido el Banco Central el día anterior o lo que había recaudado la AFIP.Cristina es distinta y siempre lo fue, lo que ha quedado aún más en evidencia en las últimas semanas. Agravado por sus problemas de salud que la alejaron durante un tiempo de la toma de decisiones, justo cuando el kirchnerismo debió enfrentar un tiempo electoral clave para los dos años que le quedan en el poder.Apenas repuesta y con el resultado electoral a cuestas, la Presidenta hundió el cuchillo, separó la paja del trigo y buscó enderezar el rumbo. Le dio las hurras a Moreno, ungió a Kicillof y lo trajo a Capitanich. Pero no se trata sólo de una cuestión de nombres: las ideas de lo que hay que hacer con la economía también deben estar claras. Y aparecieron los primeros cortocircuitos.En un gobierno acostumbrado a la decisión de una sola persona, su ausencia, convirtió a varios en libre pensadores, que empezaron a actuar en una economía que pide certezas a gritos. Entre tanta duda, el único que parece tenerla clara es el Presidente del Banco Central. Fábrega sigue con la devaluación del peso, tratando de contener la fuga del dólar paralelo y al mismo tiempo achicar la brecha con el oficial. Reducción monetariaSu objetivo, lo dijo apenas asumió, es reducir la emisión monetaria y su impacto en la inflación. Es un pensamiento ortodoxo, que no comulga con la heterodoxia kirchnerista, pero la necesidad tiene cara de hereje. Los tiempos de la negación se terminaron y los problemas hay que enfrentarlos. Y si la solución viene de la ortodoxia no importa.Ni siquiera la estúpida polémica en torno a la importación de tomates quedó al margen de las contradicciones. Que el Jefe de Gabinete cuente que la Presidenta le ordenó abrirla para parar los aumentos, pareció una broma de mal gusto. Encima, después de anunciar la apertura, volvieron a dar marcha atrás porque se dieron cuenta que no faltaban tomates en el mercado.Capítanich sintió el impacto y el viernes dio la conferencia de prensa más corta desde que llegó al gobierno nacional. Seis minutos apenas para hablar del turismo, la tragedia de Villa Gesell y una reunión con el CEO de YPF y Kicilloff. Y respondió una sola pregunta. Terminó, miró por arriba a los periodistas y se fue rápido por una puerta lateral.'Coqui' llegó hace poco menos tres meses con altas ínfulas, que hasta lo situaban como potencial candidato presidencial del kirchnerismo para el 2015. Pero la realidad se le ha vuelto ingrata a todo lo que huela a oficialismo. 'Coqui' lo está experimentando en carne propia. Tanto como las miradas de reojo de muchos de sus pares de gabinete que recelan de sus ambiciones y de su pasado.El detalle, no menor, es que todos están dentro del mismo barco cuyo puerto de amarre todavía luce distante.La economía, mientras tanto, se juega todos los días en la calle. En el día a día. En ese terreno, en el que el kirchnerismo ganó estos años por goleada, las cosas se han puesto difíciles. Y si al cirujano le tiembla la mano, el paciente se puede morir del susto. O por mala praxis.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

