Al ritmo que impone el cambio tecnológico
Vivimos en una era tecnológica y en ella domina la creencia ingenua de que las herramientas son bendiciones del cielo, o en el mejor de los casos son artefactos neutrales.Es factible rastrear, detrás de esas opiniones, una visión utópica consistente en esperar que la ciencia y la técnica juntas harán posible, finalmente, instaurar un mundo prospero y feliz.En el marco de este optimismo tecnocrático resulta difícil tomar distancia de la tecnología. Rara vez somos conscientes, por caso, de que muchas rutinas de nuestras vidas siguen caminos establecidos por ella, que se empezaron a usar mucho antes de que naciéramos.Neyl Postman (1931-2003), sociólogo y crítico cultural estadounidense, nos ha dejado al respecto un texto iluminador: "Las 5 advertencias sobre el cambio tecnológico".Allí exhorta a no ver la tecnología como mero artefacto, sino como una fuerza poderosa. Sugiere que a la larga no son las herramientas las que se adaptan al hombre, sino éste a su lógica.Postman nos anoticia que siempre vamos a "pagar un precio" por la tecnología. Es decir, hay efectos colaterales no deseados. Esta consecuencia es más negativa, cuando mayores son los prodigios de una tecnología dada."Pensad en el automóvil, que después de sus muchas ventajas, ha contaminado el aire, atascado nuestras ciudades y degradado la belleza de nuestros paisajes naturales", ejemplifica.Por tanto, el sociólogo de la cultura sugiere que cuando aparece un nuevo artefacto, la pregunta inteligente no gira sobre su ventaja, sino sobre lo que esa tecnología va a deshacer.La segunda advertencia es que siempre habrá ganadores y perdedores. Y que los primeros siempre intentarán persuadir a los segundos sobre las bondades del cambio tecnológico.La pregunta pertinente, entonces, gira en torno a qué grupos, qué tipo de personas, qué tipo de industria se verá favorecida con la nueva herramienta, y quiénes se van a perjudicar con ella.Por otro lado Postman, siguiendo a su maestro Marschall McLuhan, afirma que toda tecnología porta una ideología. Lleva inscrita en sí misma un modo de pensar y operar en el mundo, que se impone a su usuario.Así, la persona de la era del telégrafo valora la velocidad, no la introspección. La de la era televisiva prefiere la inmediatez a los hechos históricos. Y el usuario de las computadoras valora la información, pero no el conocimiento y mucho menos la sabiduría.Por otro lado, el crítico cultural sostiene que el cambio tecnológico no es aditivo, sino ecológico. "Eso significa que lo cambia todo a su paso", afirma.Y ejemplifica: "Después de la televisión, América ya no era América más la televisión. La televisión dio una nueva coloración a las campañas políticas, a las escuelas, a las iglesias, a las industrias y a todo en general".La última advertencia de Postman es que la tecnología deviene mítica. Eso significa que "se percibe como parte del orden natural de las cosas, por lo que tiende a controlar más nuestras vidas de lo que sería deseable".La gente termina aceptando, por caso, que el alfabeto está ahí desde siempre, como las nubes o los árboles. Quien vive en la gran urbe percibe que los autos, aviones, computadoras, periódicos y demás, son como regalos de la naturaleza.El problema de naturalizar la tecnología es que impide que se la cuestione. Si algo es innato y cuasi biológico, entonces no puede ser objeto de modificación.Este grado de aceptación, asociado a un entusiasmo desorbitado, puede volver a la tecnología una forma de idolatría.
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