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Alberto se avivó y sabe que a nadie le conviene revolear los bidones

En una carrera contra reloj, los principales candidatos presidenciales ya arrancaron el tramo final de la campaña que los depositará en el 27 de octubre. A los barquinazos, tratando de salvar la ropa, Macri y Fernández recorrerán el país con distintos objetivos. Uno, para trepar al 35%, ilusionado con un balotaje. El otro, para superar el piso del 47% de las PASO que lo dejó a un 'paso' de ser Presidente.

Por Jorge Barroetaveña

El mazazo electoral de las PASO hizo replantear la estrategia oficialista. El castillo de naipes sobre el que Durán Barba y Peña habían edificado la posibilidad de la reelección de Mauricio Macri se cayó en un santiamén. Se había caído mucho antes en rigor, el día que Cristina lo ungió a Alberto. Pero nunca se dieron cuenta. Las bases del castillo, que se sostenía sólo con el fantasma K, habían sido carcomidas por el fantasma voraz de la inflación.

En su recalculo, ahora llevarán a Macri a recorrer más de 30 ciudades en un mes. Lo harán un candidato de tiempo completo. Y optaron por dejar de lado aquellos distritos donde saben que la derrota es segura. Apuntarán a consolidar los votos duros de Cambiemos, que acompañaron a Macri en las PASO y extender su influencia para llegar al 35%. Ese número permitirá una mínima ilusión, con una mayor concurrencia a las urnas, de evitar que Fernández se quede con todo en primera vuelta. Raro y pequeño conformismo cuando Cambiemos pensaba quedar mano a mano con el peronismo.

De las encuestas que circulan, una de cada diez, le da al Presidente la chance de ir a una segunda vuelta. Claro, nadie quiere poner las manos en el fuego por muchos de esos trabajos. Después de la debacle estadística de las PASO la credibilidad de la mayoría de los encuestadores en la Argentina sufrió un daño de magnitud. Algo que arrastran desde hace tiempo.

Alberto sabe que no puede dejar nada librado al azar y no quiere que queden cabos sueltos. Su peregrinaje a la provincia de Córdoba habla más del futuro que del presente, tanto como sus intentos por seducir a Juan Schiaretti. El mismo baile, aunque menos movido, encara con los gobernadores, con quienes aparecieron los primeros chispazos frente a un futuro gobierno. Las famosas low coast, las aerolíneas de baja intensidad que hoy pululan por los cielos argentinos y han provocado una revolución en el mercado aéreo que impactó de lleno en las provincias son una piedra en el zapato. ¿Por qué? Algunos sectores del kirchnerismo habrían asumido su virtual eliminación si son gobierno ante los gremios aeronáuticos. Sin embargo, la intención, no coincidiría con la mayoría de los gobernadores que ven con beneplácito como se han incrementado los vuelos hacia sus provincias, con tarifas accesibles. Aerolíneas: ¿está hoy en condiciones de hacerse cargo de todo? Difícil con un estado que le tapa los agujeros y que ahora tiene más agujeros para tapar. Con esa realidad se encontrará Fernández si llega a la Rosada y deberá resolver entre los tironeos de gobernadores y kirchneristas duros. Al cabo, gobernar se trata de eso.

Otra sombra que acecha al ex Jefe de Gabinete es la reforma de la constitución. Aprovechando el programa de Morales Solá en la casa de un antiguo ‘enemigo’ como TN, mandó un mensaje raro para la externa pero contundente para la interna. “Nadie me va a poder convencer que es necesaria una reforma de la Constitución. A mis amigos kirchneristas les pregunto: ¿cómo fue el gobierno de Néstor? Muy bueno me contestan. ¿Y con qué constitución se hizo? Con esta…no hay ninguna necesidad de hacer alguna reforma”. ¿Para quién fue el mensaje? ¿Acaso para la propia Cristina? Fue evidente que quiso marcar la cancha en un tema sensible que le generará problemas, a este gobierno y al que venga, aún cuando se trate del propio Fernández.

En medio del tembladeral económico que se vive, con un gobierno que ya no sabe qué canillas cerrar para que los dólares no se escapen, meterle más incertidumbre hablando de una reforma de la constitución podría ser mortal. Más nafta para el incendio. Incendio que no se apagará el 10 de diciembre por el solo cambio de gobierno. Los problemas de hoy los deberá asumir igual o recrudecidos la futura gestión, por eso de nada sirve traer a la vida muertos que ya murieron hace rato. Y Alberto parece ser el primero que se dio cuenta de eso.

Los que transitan los despachos oficiales sostienen que lo que reina es el pesimismo. Hablando mal y pronto: están organizando la retirada. Son pocos los convencidos que Macri tiene alguna posibilidad de dar vuelta la historia. Vidal, que tiene la gobernación en coma profundo, ya piensa en el después, porque decidió que va a seguir haciendo política. Algo similar sucede con otros sectores del oficialismo, incluidos los radicales y peronistas de Cambiemos, que pergeñan el futuro mediato. Sólo un tal Horacio Rodríguez Larreta tiene para pelear lo grueso en la Ciudad de Buenos Aires. Larreta sueña con sacarse de encima a Lammens en primera vuelta para no repetir la experiencia angustiante que vivió con Lousteau. Todo indica que no está muy lejos de superar el 50% y salvar la ropa del bastión histórico del PRO. Ese que lo vio nacer.

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