Aldo y Raquel, gente de campo
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Nacieron, se criaron y viven en el campo. De los pocos que se aferran a seguir en el ámbito rural. Trabajan una pequeña extensión de tierra en la zona rural de Sarandí. Su fuerte es la lechería y la elaboración de quesos de campo. Aldo Traba nació en Ceibas en el Cerro indio, pero a los 9 años se radicó en Sarandí, donde actualmente reside. Mientras que Raquel dio sus primeros pasos en Costa Uruguay, pero luego su padre, Otavio Fiorini, un inmigrante italiano, vendió el campo y se radicó en Las Piedras, lugar donde la mujer transitó por los caminos de la adolescencia.Hace más de 30 años sus caminos se cruzaron. Formaron una familia, llegaron los chicos, pero tanto Aldo como Raquel decidieron continuar su vida en el campo."Nos levantamos temprano -contó Raquel-, tomamos unos mates dulces, conversamos un rato y nos vamos a ordeñar".La tarea es compartida por el matrimonio y Modesto, el hijo varón que también se apegó al campo. Son unas 14 lecheras que promedian unos 18 litros en los dos ordeñes diarios.Raquel capitanea, como ella misma dice, la elaboración de los quesos. Si bien todos saben hacerlo, la mujer tiene la última palabra y es la que sabe cuándo el producto está listo. La mañana se desarrolla fuera de la cocina, sin importar las condiciones climáticas imperantes: "Tenemos que juntar las vacas y ordeñarlas, luego arrearlas al lote, atender los terneros, preparar los quesos, algún trabajito en el tinglado y en tiempos en que la uva da sus frutos, preparar vino casero".Eso sí, la siesta es sagrada, y todos la respetan. Después de la misma, el segundo ordeñe, y posterior aparte del rodeo lechero en un corral pegado a la casa. Otros tiempos Raquel recordó con nostalgia y mucho cariño su niñez en Costa Uruguay. "Trabajamos de chiquitas junto a mis hermanas Catalina, Rosa y Estela, ayudábamos en las tareas diarias y estudiábamos con una lámpara a querosén, bajo la supervisión de nuestra madre, Margarita Boari, quien seguía atentamente nuestras tareas. Nos íbamos a dormir temprano, porque al otro día había que levantarse temprano".Aldo Traba vivió la mayor parte de su niñez en Sarandí: "Eran otros tiempos, muchas familias vivían y trabajaban en el campo, pero hoy mucha de esa gente vendió sus propiedades, que fueron divididos en parcelas y se transformaron en quintas. Eran años prósperos para el sector productivo", relató Aldo."Antes de la construcción del acceso sur, demorábamos 40 minutos en carro hasta la ciudad, ahora lo hacemos en diez. Cuando llegábamos, dejábamos el carro y tomábamos el Peruzzo, que siempre tenía alguna demora", agregó Don Traba. Los campeonatos rurales Todavía se recuerdan los campeonatos de fútbol campero que se jugaban en Sarandí, con la participación de "equipos del pueblo", como se decía otrora. Al respecto, Traba recordó que también se jugaban torneos en las zonas rurales de Perdices, Pehuajó y Las Mercedes. "Jugaban los Melchiori(Diego, Lalo, Pancho y El Ñato), los Arias y los Herlax, entre otros".Hoy las calles por las que transitaban aquellos muchachos están tapadas por los espinillos y algunas desaparecieron. Con ellas, muchas historias de la gente de Sarandí.
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