CAMPAÑA AGRÍCOLA
Alerta sanitaria en el maíz: la mancha blanca gana terreno y obliga a estar atentos a los productores
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Ensayos de CREA Córdoba Norte y la Universidad Católica de Córdoba hallaron una expansión del patógeno en el cultivo de maíz, con altos niveles de severidad y secado anticipado de plantas.
La mancha blanca se consolidó como una de las principales preocupaciones sanitarias para el cultivo de maíz en la actual campaña agrícola. Favorecida por las abundantes lluvias, la elevada humedad ambiental y las temperaturas moderadas registradas en los últimos meses, la enfermedad comenzó a expandirse en distintas regiones productivas y obliga a productores y técnicos a reforzar los monitoreos para evitar pérdidas de rendimiento.
Desde la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid advirtieron que las condiciones climáticas generaron un escenario especialmente favorable para el desarrollo de este problema sanitario, particularmente en los maíces tardíos, donde se observan los mayores niveles de incidencia.
La enfermedad presenta un comportamiento complejo. Históricamente fue asociada a determinados hongos, aunque investigaciones más recientes señalan que la bacteria Pantoea ananatis tendría un papel central en el proceso infeccioso, mientras que otros organismos actuarían posteriormente sobre los tejidos dañados.
Los síntomas aparecen inicialmente como pequeñas manchas claras o cloróticas sobre las hojas. Con el avance de la enfermedad, estas lesiones adquieren una tonalidad blanco-grisácea y pueden unirse, formando áreas más extensas de tejido afectado. La consecuencia directa es una reducción de la superficie fotosintética de la planta, lo que limita su capacidad para producir y llenar granos.
Los especialistas explican que el desarrollo de la mancha blanca se ve favorecido por ambientes con humedad relativa superior al 60%, frecuentes precipitaciones, temperaturas de entre 15 y 20 grados y largos períodos de humedad sobre las hojas. Además, los rastrojos y las malezas pueden funcionar como reservorios de inóculo, mientras que la lluvia y el viento contribuyen a dispersar la enfermedad dentro de los lotes.
Una de las mayores preocupaciones es que, en las últimas campañas, la enfermedad comenzó a manifestarse en etapas más tempranas del desarrollo del cultivo. Cuando esto ocurre y las condiciones ambientales siguen siendo favorables, el avance puede ser rápido y generar impactos significativos sobre el rendimiento final.
Ante este panorama, desde Aapresid recomiendan adoptar una estrategia integral de manejo. La elección de híbridos con mejor comportamiento sanitario aparece como una de las herramientas más importantes para reducir riesgos, ya que existen diferencias marcadas en los niveles de susceptibilidad entre materiales comerciales.
A esto se suma la necesidad de realizar monitoreos frecuentes para detectar los primeros síntomas y seguir la evolución de la enfermedad. También se recomienda prestar atención a las fechas de siembra, al manejo de rastrojos y a la nutrición del cultivo, evitando prácticas que puedan favorecer su desarrollo.
Respecto al uso de fungicidas, los técnicos señalan que las aplicaciones deben definirse en función de cada situación particular. La decisión depende del nivel de severidad observado, del potencial de rendimiento del lote y de las condiciones climáticas presentes y previstas. En ese sentido, remarcan que las intervenciones tempranas no siempre resultan efectivas, ya que la enfermedad suele intensificarse en etapas más avanzadas del ciclo.
Con un escenario climático favorable para los patógenos foliares, la mancha blanca volvió a ubicarse entre las principales amenazas para el maíz. Por eso, los especialistas coinciden en que la prevención, el monitoreo y el manejo adecuado serán claves para minimizar daños y preservar el potencial productivo de los cultivos.
