Alfonsín y Cobos: ¿les da el cuero para ser presidentes?
¿Puede Ricardo Alfonsín ser presidente? Esas dudas, son las más importantes que en el lanzamiento del líder radical, intentaron ser despejadas. Con un discurso medido, se lanzó de lleno a la pelea. ¿Le dará el cuero?
Jorge Barroetaveña
Columnista
Igual que hace 27 años, cuando su padre desde el estadio de Ferro daba los primeros pasos de la campaña que lo depositaría en la Presidencia de la Nación, Ricardo Alfonsín llegó temprano a la grilla de partida. O no tanto, de acuerdo a lo que dicen las encuestas.
El dirigente radical, poco conocido por virtudes propias hasta hace un par de años, supo aprovechar el momento y rodear su figura de ese hálito que suele acompañar las grandes epopeyas. La muerte de su padre lo puso en un lugar impensado. Parece haber sido el servicio póstumo que el ex presidente le rindió a la sociedad y a su partido. Su desaparición física tuvo un doble efecto: revitalizó a la alicaída UCR y depositó arriba del escenario a su propio hijo, de extraordinario parecido físico y gestual con él. De repente la UCR se encontró con una sorpresa: dos potenciales candidatos a presidentes que podían pelear la sucesión. Cobos, erigido en líder opositor dentro del propio gobierno y cobijado por el interior del país, después del conflicto con el campo, tuvo que resignarse a tener compañía en ese lugar.
Aunque parezca una comparación odiosa, Cobos y Alfonsín son bastante parecidos en su estilo. No utilizan palabras altisonantes, suelen abrevar del consenso antes que de la pelea y machacan en dos cuestiones caras al gobierno kirchnerista: la distribución de la riqueza y la salud del sistema republicano y por ende de sus instituciones. Claro, en los últimos días apareció un convidado de piedra que nadie esperaba, como Ernesto Sanz. El actual titular partidario dijo que no le disgustaría ser candidato presidencial, con lo que blanqueó definitivamente sus deseos. Su ausencia en el acto de lanzamiento de Alfonsín el viernes fue todo un síntoma de cuáles podrían ser sus próximos pasos. Pero a Sanz le falta un largo camino por recorrer. Los que conocen al dedillo los pliegues de la interna radical y a sus máximos exponentes no dudan en señalar a Sanz como el mejor cuadro que la UCR podría presentar el año que viene. Pero con eso no alcanza. Cobos y Alfonsín han recorrido ya el camino que aún le falta recorrer al mendocino y poseen altos índices de aceptación. Sus candidaturas están cantadas y no tienen que forzarlas.
El acto de lanzamiento de Alfonsín fue cuidado en cada detalle. Sobre Avenida de Mayo, de espaldas a la Casa Rosada (iluminada tenuemente), Alfonsín se presentó acompañado de ex funcionarios de su padre y algunos dirigentes más jóvenes que se le han sumado. Su parecido físico con Raúl, el lenguaje similar y esos brazos en alto, lo ponen en un sitio buscado. Sus asesores quieren recrear aquella rémora que llevó a su padre a la Presidencia, aquel sentimiento de millones de argentinos que vieron en él la luz en el fondo del túnel y a quien podía rescatar la democracia en la Argentina. El caudillo radical, en los '80, supo recrear aquellos deseos, y movilizó multitudes. Claro, después llegó la aridez de la gestión y los problemas que conlleva. Y su principal deuda fue económica. Alfonsín dejó un país sumido en la hiperinflación, con clara sensación de ingobernabilidad. De la Rúa, poco más de una década después, contribuyó a agigantar esa imagen, sumándole además una imagen emparentada con la corrupción que nunca habían tenido los radicales.
Ricardo Alfonsín sabe en su fuero íntimo que ese será el principal fantasma con el que tenga que batallar. Porque, y él mismo lo dijo en su discurso, la Argentina no es hoy el país de 1.983, ni el del 2.001. Es un país diferente, con nuevas generaciones y nuevos desafíos. Y la base desde la que parte, no es el incendio de otros tiempos. Está la inflación, la distribución de la riqueza, el desarrollo que es lo que hace progresar a los pueblos, pero no las urgencias del pasado. En sus palabras le tendió la mano a Julio Cobos. Ambos parecen ser concientes que sería muy tonto desaprovechar la oportunidad que se les presenta. Claro, el bonaerense tiene una ventaja de la que el mendocino no goza: no es vicepresidente. Cobos tiene aún para resolver ese tema. Si no lo hace rápido, lo que alguna vez fue ganancia pura se volverá pérdida irrefrenable. Pero los dos aspiran a plantarse como los referentes de la oposición, ante un peronismo federal que se diluye sin contrapeso.
Moyano en Mar del Plata
Moyano está haciendo los deberes que le pidió la Presidenta. En Mar del Plata visitó la cumbre de empresarios de iberoamérica y charló amigablemente con varios de ellos. Entre risas y bromas, sigue con su estrategia de bajarle el tono a los debates y restarle tensión a la puja salarial que se avecina el año que viene. Igual metió su 'chivito' cuando reclamó que, no en el 2.011, sino más adelante debería haber un presidente surgido de las entrañas del movimiento obrero.
Incómodo por las causas judiciales que lo acosan, optó por no hacer referencia al tema y molestarse con los periodistas que lo consultaron. Pero nadie podrá decir que el camionero no está haciendo bien los deberes. Bajó el perfil, disminuyó los niveles de confrontación y no anuncia catástrofes. Hasta sus dichos sobre la inflación están en sintonía con el discurso de la Presidenta, acusando genéricamente a los 'formadores de precios' y a los supermercadistas por las remarcaciones. El líder de la CGT sabe que no son tiempo de andar haciendo olas, esas que tanto lo hacían discutir con Néstor, pero que nunca alcanzaron para hacerlos pelear. Es otro tiempo y no le queda más remedio que adaptarse, o desaparecer.
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